El optimismo es bueno para el corazón

Aunque muchos estudios han demostrado los efectos negativos que tienen el estrés, la ansiedad o la depresión sobre la salud cardiovascular, poco se sabe de lo que ocurre en el caso contrario. Ahora, un estudio realizado por la Escuela Pública de Salud de Harvard (EEUU) revela que las personas optimistas tienen un corazón más sano.

En una revisión de más de 200 artículos previos, los investigadores encontraron que ciertos aspectos psicológicos como el optimismo y las emociones positivas minimizan los riesgos de sufrir infartos, ictus y otros accidentes cardiovasculares. “Hemos visto que factores como la felicidad, el optimismo o la satisfacción con la propia vida reducen el riesgo de enfermedades del corazón, independientemente de otras características como la edad, el status socioeconómico o el peso”, explica Julia Bohem, una de las autoras del trabajo que se publica en la revista Psychological Bulletin.

Para entender mejor las relaciones entre la salud psicológica y la cardiovascular, los investigadores analizaron la asociación con otros factores indirectos. Los resultados mostraron que, en general, las personas que se sienten satisfechas con su vida también tienden a adoptar hábitos más saludables: practican ejercicio diariamente, siguen una dieta sana y duermen un número de horas aceptable. Además, las personas con actitudes más positivas suelen tener menor presión sanguínea, cantidades de lípidos en sangre dentro de los niveles estándar y un peso corporal normal, todo ello factores que minimizan el riesgo de accidentes cardiovasculares.

 

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Las personas con una buena forma física podrían recuperarse mejor tras un ataque cardiaco

Los supervivientes que habían hecho ejercicio con regularidad eran menos propensos a la depresión posterior, según un estudio

healthfinder.gov

Las personas con una buena condición física podrían ser menos propensas a deprimirse tras un ataque cardiaco, sugiere un estudio reciente.

Los supervivientes a ataques cardiacos son tres veces más propensos a sufrir de depresión que las personas que no han sufrido un ataque cardiaco. Pero este estudio halló que un historial de ejercicio regular puede reducir ese riesgo.

“La actividad física protege a las personas de la depresión tras un ataque cardiaco”, señaló en un comunicado de prensa de la Universidad Noruega de las Ciencias la autora del estudio, Linda Ernstsen, profesora asociada de la universidad.

Para el estudio, los investigadores observaron a 189 personas de mediana edad y mayores de Noruega que habían sufrido un ataque cardiaco. En promedio, el 11 por ciento sufrió de depresión tras el ataque cardiaco. Pero hubo diferencias significativas en el riesgo dependiendo de cuánto ejercicio hacían las personas antes del ataque cardiaco, hallaron los investigadores.

La depresión apareció en el 17 por ciento de los que nunca habían hecho ejercicio, en el 12.5 por ciento de los que habían hecho ejercicio en algún momento pero dejaron de hacerlo antes del ataque cardiaco, en el 9 por ciento de los que eran inactivos pero comenzaron a hacer ejercicio antes de su ataque cardiaco, y en el 7.5 por ciento de los que tenían una actividad física constante, mostraron los hallazgos.

Los investigadores dijeron que las personas que hacían ejercicio con regularidad durante varios años tenían menos de la mitad de probabilidades de deprimirse tras un ataque cardiaco que las que nunca habían hecho ejercicio.

Pero el estudio no pudo probar una relación causal entre el ejercicio regular y el riesgo de depresión tras un ataque cardiaco.

El estudio aparece en una edición reciente de la revista The American Journal of Medicine.

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La risa y la música podrían reducir la presión arterial, según afirma un estudio

Pero los expertos no están de acuerdo en si los hallazgos son significativos

La risa y la música no solo mejoran el estado de ánimo, podrían también reducir la presión arterial en los adultos de mediana edad, según sugiere un estudio reciente.

Investigadores japoneses dividieron a 79 adultos de entre 40 y 74 años de edad en tres grupos, y estudiaron los efectos de sesiones de una hora de música cada dos semanas en un grupo, sesiones de risa en otro grupo, y la ausencia de intervención en los demás participantes (grupo de control).

Las lecturas de la presión arterial tomadas inmediatamente después de las sesiones eran 6 mmHg más bajas en el grupo de música y 7 mmHg más bajas en el grupo de risa, en comparación con las medidas tomadas justo antes de las sesiones, dijeron los autores del estudio.

Según los resultados, se seguían observando las mejoras en la presión arterial tres meses después.

No se registró ningún cambio en la presión arterial de los participantes que no recibieron intervención.

“El nivel de cortisol [de los participantes], un marcador de estrés, se redujo justo después de las sesiones de intervención”, afirmó el autor líder Eri Eguchi, investigador en salud pública de la Facultad de postgrados en medicina de la Universidad de Osaka, en Japón. “Pensamos que es una de las explicaciones de los procesos fisiológicos”.

Los resultados del estudio de Eguchi se presentarán el viernes en una conferencia de la American Heart Association, en Atlanta. El estudio no muestra causa y efecto directos, simplemente una asociación. Además, los expertos señalan que las investigaciones presentadas en reuniones se consideran preliminares porque no han sido sujetas al riguroso escrutinio requerido para la publicación en una revista médica.

Durante tres meses, musicoterapeutas guiaron a 32 participantes que escuchaban, cantaban y hacían estiramientos con música. También les animaron a escuchar música en casa.

Las sesiones de risa fueron lideradas por yoguis de risa capacitados. Treinta participantes hicieron yoga de la risa, una combinación de ejercicios de respiración y risa estimulada mediante contacto visual juguetón, y escuchando Rakugo, un tipo de comedia japonesa en que el protagonista está sentado.

“Creemos que la respiración yoga podría tener algo que ver en la reducción de la presión arterial”, apuntó Eguchi, y anotó que su equipo examinará esa relación en una próxima investigación.

“Además, las personas con la intervención podrían estar más motivadas para modificar sus conductas de salud”, añadió Eguchi. “Los datos mostraron que la cantidad de ejercicio aumentó en el grupo de intervención, pero no en el grupo de control”.

La presión arterial alta o hipertensión se relaciona con problemas graves de salud.

Expertos en cardiología ofrecieron reseñas mixtas sobre los hallazgos del estudio.

El Dr. Franz Messerli, director del programa de hipertensión del Centro Hospitalario St. Luke’s-Roosevelt en la ciudad de Nueva York, dijo que se sentía escéptico sobre los hallazgos porque los investigadores siempre supieron quiénes estaban en los grupos de intervención y control.

“Los mecanismos involucrados [en la reducción de la presión arterial] no están claros del todo”, señaló Messerli. “El ejercicio hace lo mismo, y simplemente sentarse también reduce la presión arterial”.

Messerli dijo que Eguchi podría haber “objetivizado” los resultados al medir la presión arterial de los participantes durante periodos de 24 horas antes y después de las sesiones de intervención.

Pero el Dr. John Ciccone, cardiólogo preventivo del Centro Médico San Bernabé de West Orange, Nueva Jersey, afirmó que el estudio resalta “una fisiología interesante” sobre el rol que el estrés desempeña en la presión arterial.

En el consultorio de Ciccone, enfermeras integrales ofrecen musicoterapia para el manejo del estrés, un campo creciente que puede incorporar técnicas como la reflexología, la acupresión y otras, apuntó.

“Creo que ha habido datos interesantes que muestran que las técnicas de relajación, independientemente de cuáles sean, pueden posiblemente afectar la presión arterial al límite de la elevación”, aseguró Ciccone.

“Ya no están fuera de lo normativo”, añadió. “Creo que muchas cosas que se consideraban alternativas ya no lo son”.

 

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Tomar cafeína diariamente no parece acelerar al corazón, según un estudio

Los amantes del café no parecen estar en riesgo de que aumente el ritmo de los latidos del corazón

healthfinder.gov

Podría haber buenas noticias para los amantes del café, del té y del chocolate: consumir cafeína regularmente quizá no cause un aumento peligroso de la velocidad del ritmo cardiaco, según un estudio reciente.

El hallazgo pone en duda lo que la medicina piensa en la actualidad, afirmaron los autores del estudio.

Pero para evaluar los riesgos para la salud de consumir mucha cafeína se requiere de más investigación, añadieron los investigadores.

“Se deberían revisar las recomendaciones clínicas que adviertan contra el consumo regular de los productos con cafeína como prevención de problemas del ritmo cardiaco, ya que quizá estemos desaconsejando de forma innecesaria que se consuman productos como el chocolate, el café y el té que podrían en realidad tener beneficios cardiovasculares”, señaló el autor principal del estudio, el Dr. Gregory Marcus, director de investigación clínica en la división de cardiología de la Universidad de California en San Francisco (UCSF).

“Dado nuestro trabajo reciente que demuestra que un aumento del ritmo cardiaco puede ser peligroso, este hallazgo es especialmente relevante”, añadió Marcus. En casos raros, el aumento del ritmo cardiaco puede llevar a problemas cardiacos y a un accidente cerebrovascular, indicaron los investigadores en un comunicado de prensa de la universidad.

El estudio de 12 meses incluyó a casi 1,400 personas sanas, en las que se evaluó el consumo de café, té y chocolate. También llevaron un dispositivo portátil que monitorizaba continuamente su ritmo cardiaco durante 24 horas.

El 61 por ciento de los participantes consumían más de uno de los productos con cafeína al día. Los que consumían cantidades más altas de estos productos no presentaron un ritmo cardiaco más elevado, según el estudio.

“Esta fue la primera muestra de la comunidad en la que se observa el impacto de la cafeína en el aumento del ritmo cardiaco, ya que estudios previos observaron a las personas con [trastornos del ritmo cardiaco] conocidos”, comentó en el comunicado de prensa la autora principal del estudio, Shalini Dixit, estudiante de medicina de cuarto curso en la UCSF.

“Se requiere más estudio sobre si el consumo elevado de estos productos con cafeína provoca el aumento del ritmo cardiaco”, añadió Dixit.

El estudio aparece en la edición de enero de la revista Journal of the American Medical Association.

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Duplicar la frecuencia de la diálisis podría ayudar a los pacientes de insuficiencia cardiaca

Investigadores señalan que seis sesiones a la semana mejoraron la función cardiaca y la salud general, aunque no se recomienda para todos

Los pacientes de insuficiencia renal que duplican el número de tratamientos de diálisis a la semana recetados normalmente experimentaron mejoras significativas en la función cardiaca, la salud general y en la calidad de vida en general, según una investigación reciente.

Los hallazgos se derivan de un análisis que comparó el impacto de la atención estándar de hace 40 años, tres tratamientos de diálisis a la semana, durante tres a cuatro horas por sesión, con un tratamiento de seis días a la semana con sesiones de 2.5 a 3 horas por sesión.

En este análisis comparativo, puesto en marcha en 2006, participaron 245 pacientes de diálisis asignados a un programa de diálisis estándar o de alta frecuencia. Todos los pacientes se sometieron a imágenes por resonancias magnéticas (IRM) para evaluar la estructura del músculo cardiaco y todos completaron encuestas sobre la calidad de vida.

Además de mejorar la salud cardiovascular y la salud general, el análisis posterior reveló que dos de las preocupaciones que tienen la mayoría de los pacientes de insuficiencia cardiaca, el control de la presión arterial y de los niveles de fosfato, también se afrontaron mejor con el programa de tratamiento más frecuente.

El Dr. Glenn Chertow, jefe de la división de nefrología de la Facultad de medicina de la Universidad de Stanford, informó sobre las observaciones de su equipo en la edición en línea del 20 de noviembre de la New England Journal of Medicine, para que coincidiera con la presentación en la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Nefrología (American Society of Nephrology) en Denver.

“Los riñones trabajan siete días a la semana, 24 horas al día”, apuntó Chertow en un comunicado de prensa de la Universidad de Stanford. “Se puede imaginar por qué la gente podría sentirse mejor si la diálisis se aproximara más a la función renal. Sin embargo, hay que tomar en cuenta la carga de las sesiones adicionales, el transporte y el costo”.

Con relación a este último punto, los autores observaron que la diálisis es costosa, y que Medicare sólo cubre en la actualidad el tratamiento convencional de tres días a la semana, que en el transcurso de un año oscila entre $75,000 y $100,000. Por tanto, duplicar la frecuencia del tratamiento estándar es una propuesta costosa para muchos pacientes.

Otro inconveniente fue la observación de que la duplicación del tratamiento de diálisis también aumentó el número de pacientes que tuvo que someterse a procedimientos para hacer frente a los efectos adversos como resultado de la inserción más frecuente de tubos en el cuerpo.

Dicho esto, el equipo del estudio sugirió que los planes de tratamiento futuros deben hacerse caso a caso.

“Desde luego, no voy a recomendar seis sesiones a la semana para todos mis pacientes”, apuntó Chertow, que también es profesor de medicina en Stanford. “No hay una solución única para todos. Para algunos pacientes con insuficiencia renal, la diálisis no es el tratamiento adecuado. Para otros, es tres veces a la semana en un centro. Para otros, es la diálisis domiciliaria. Y para otros, quizá seis veces a la semana”.

Por su parte, el Dr. Matthew Weir, director de la división de nefrología de la Facultad de medicina de la Universidad de Maryland en Baltimore, dijo que los aparentes beneficios de la diálisis de alta frecuencia “tienen mucho sentido”.

“Un riñón normal trabaja 168 horas a la semana filtrando nuestra sangre y eliminando líquidos”, explicó. “Pero con la diálisis intentamos hacer el mismo trabajo de forma intermitente sólo tres veces a la semana, durante tres o cuatro horas cada vez. Y eso es claramente un problema importante para los pacientes de diálisis, porque es una forma muy dura de eliminar los líquidos que hace que el corazón se esfuerce más y que los pacientes no se sientan muy bien”, señaló Weir.

“Así que yo diría que un mayor uso de la diálisis es un método más fácil para controlar el volumen de sangre, ya que elimina el líquido de manera más sostenida y más natural, algo que el corazón preferiría. Así que en última instancia, tiene menos presión en el corazón, menos insuficiencia cardiaca y los pacientes viven más tiempo”, apuntó Weir.

 

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¿Qué hacer si sufres un infarto cardíaco y estas solo?

Tome en cuenta las siguientes recomendaciones que le pueden salvar la vida a usted o sus seres queridos

lopezdoriga.com

Un infarto puede ocurrir en cualquier momento y sin avisar. Por ello hay que tomar en cuenta las siguientes por si sufre una de estas situaciones en un momento en el que se encuentre solo y no pueda contar con alguien que lo pueda ayudar.

Si llega a sentir un fuerte dolor en el pecho que le recorre el brazo y también en la mandíbula, lo que hay que hacer es toser lo más fuerte que puedas. Respire lo más hondo que pueda. Espere dos segundos y vuelva a toser, sin detenerse hasta que logre recuperar el ritmo normal del corazón.

Dicha acción provoca que el oxígeno se dirija hacia los pulmones. El hecho de toser oprime el corazón apretado, lo que mantiene en circulación la sangre.
 

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La gente que tiene enfermedad intestinal está en mayor riesgo de coágulos en los pulmones y las piernas

Un estudio halla que tienen casi dos veces más probabilidades de desarrollar una masa peligrosa que aquellos que no tienen enfermedad inflamatoria del colon

Un estudio halla que la gente que tiene enfermedad inflamatoria del colon (EIC) tienen el doble del riesgo de desarrollar un coágulo potencialmente mortal (tromboembolia venosa) en las piernas o los pulmones que la población en general.

La enfermedad inflamatoria del colon incluye enfermedades como la de Crohn y la colitis ulcerativa, que pueden causar dolor abdominal, vómitos diarrea, pérdida de peso y otros problemas.

La tromboembolia venosa (TEV), que incluye la trombosis venosa profunda, la embolia pulmonar y la trombosis de seno sagital superior, afecta a cerca de dos de cada mil personas al año en los EE. UU. y otros países desarrollados.

Los investigadores compararon la cantidad de casos nuevos de TEV diagnosticados entre 1980 y 2007 en cerca de 50,000 adultos y niños que tenían EIC, y más de 477,000 personas del público en general.

Luego de tener en cuenta factores de riesgo conocidos para la tromboembolia venosa, como fracturas, cáncer, cirugía y embarazo, los investigadores concluyeron que las personas que tenían EIC tenían dos veces más probabilidades de desarrollar TEV que los de la población en general.

En general, la TEV es más común en personas de mayor edad, independientemente de que tengan EIC. Sin embargo, este estudio halló que el riesgo de TEV en quienes tenían enfermedad inflamatoria del colon fue mayor a una edad más temprana, frente a la población general.

Entre quienes tenían veinte años o menos, el riesgo de embolia pulmonar fue seis veces superior para los que tenían EIC.

Incluso tras tomar en cuenta la enfermedad cardiovascular, diabetes, enfermedad cardiaca congestiva, terapia de reemplazo hormonal o medicamentos antipsicóticos, que se sabe que elevan la probabilidad de VET, el riesgo seguía siendo hasta ochenta por ciento superior.

Según los investigadores, los hallazgos, publicados en línea el 21 de febrero en la revista Gut, sugieren que la EIC podría ser un factor de riesgo independiente de formación de coágulos.

 

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Los antiácidos aumentan el riesgo de infarto

muyinteresante.es

Las posibilidades de sufrir un ataque al corazón si tomamos antiácidos o inhibidores de la bomba de protones (IBP), son entre un 16% y un 21% mayores que aquellas que no los toman, según el último estudio llevado a cabo por un equipo de científicos de la Universidad de Stanford (EE.UU.).

Los IBP (los más conocidos son omeprazol o lansoprazol) suelen recetarse para tratar una amplia gama de problemas de salud: infección por la bacteria Helicobacter pylori que causa úlceras, la enfermedad de reflujo gastroesofágico o el síndrome de Zollinger-Ellison. Y también pueden adquirirse sin receta médica.

Los científicos analizaron 16 millones de documentos clínicos con cerca de 3 millones de pacientes incluidos, descubriendo una asociación entre la exposición a los IBP y los sucesos de ataques cardiacos que no dio lugar a dudas.

“Nuestro trabajo anterior identificó que los IBP pueden afectar negativamente el endotelio, el revestimiento como de teflón de los vasos sanguíneos. Esta observación nos llevó a la hipótesis de que cualquier persona que tome IBP puede estar en mayor riesgo de ataque al corazón. En consecuencia, en dos grandes poblaciones de pacientes, nos preguntamos qué pasó con las personas que tomaban IBP frente otros medicamentos para el estómago”, explica John Cooke, coautor del estudio.

Así, los resultados mostraron cómo los antiácidos podían provocar enfermedades cardiovasculares a largo plazo de forma general y aumentar también el riesgo de infarto.

“Al observar los datos de las personas a las que se les dio medicamentos IBP principalmente para el reflujo ácido y no tenían antecedentes de enfermedad cardiaca, vimos una asociación con una mayor tasa de ataques al corazón”, aclara Nigam H. Shah, líder del estudio.

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Relacionan dosis más altas de estatinas con menos ataques cardiacos y accidentes cerebrovasculares

Investigadores hallan que esta estrategia reduce el riesgo pero aumenta los efectos secundarios

Dos estudios recientes hallan que tomar dosis altas de estatinas, un medicamento que se utiliza para reducir los niveles de colesterol, parece disminuir el riesgo de ataque cardiaco, accidente cerebrovascular o la necesidad de procedimientos cardiacos adicionales más que las dosis regulares de estatinas en personas que han sufrido un accidente cerebrovascular o que tienen alguna enfermedad cardiaca.

Este beneficio se observó incluso en aquellos cuyos niveles de colesterol ya eran bajos, señalaron los investigadores. Las estatinas incluyen medicamentos ampliamente utilizados como Crestor, Lipitor y Zocor.

“Para las personas que están en alto riesgo, las que tienen enfermedades cardiacas o [que] sufrieron un accidente cerebrovascular y toman una dosis estándar de alguna estatina, una mayor reducción del colesterol LDL podría suponer un beneficio adicional para ellas”, dijo el Dr. Colin Baigent de la Unidad de Estudios Epidemiológicos y la Unidad de Servicio de Ensayos Clínicos de la Universidad de Oxford, Reino Unido, que participó en ambos estudios. Esto fue así incluso para los pacientes que tenían bajos niveles de lipoproteína de baja densidad (colesterol LDL o “malo”), señaló.

Los informes aparecen en la edición en línea del 9 de noviembre de The Lancet.

En el primer estudio, investigadores de la Universidad de Oxford y de a Universidad de Sídney, en Australia, recopilaron datos de estudios sobre 170,000 pacientes que participaron en 26 ensayos. Este tipo de revisión, conocida también como metaanálisis, recoge datos de varios estudios para ver si surge algún patrón.

Entre estos ensayos, cinco compararon altas dosis de estatinas con dosis regulares y otros 21 estudios compararon a personas que tomaban estatinas con otras que no lo hacían.

Los investigadores encontraron que en los ensayos que comparaban las dosis de estatinas, tomar dosis altas de estatinas redujo las probabilidades de tener un accidente cerebrovascular en 15 por ciento, en comparación con las dosis habituales de estatinas.

En concreto, hubo una reducción de 13 por ciento en las muertes relacionadas con el corazón o ataque cardiaco, una reducción de 19 por ciento en la necesidad de una nueva operación del corazón y una reducción de 16 por ciento en los accidentes cerebrovasculares, según los investigadores.

Cuando hicieron un análisis actualizado de los 21 ensayos, los eventos cardiovasculares iniciales de importancia (como ataque cardiaco y accidente cerebrovascular) se redujeron en un “altamente significativo” 22 por ciento con una reducción en los niveles de colesterol LDL de 1.07 milimoles por litro (mmol/L).

Al tomar todos los 26 ensayos en conjunto, las muertes se redujeron en 10 por ciento con una reducción del colesterol LDL de 1 mmol/L, sin efectos significativos sobre las muertes por accidente cerebrovascular u otras causas vasculares.

Además, no se observaron efectos significativos de las estatinas sobre las muertes por cáncer u otras causas no vasculares, ni un riesgo excesivo de cáncer, ni siquiera a bajas concentraciones de colesterol LDL.

El segundo estudio es un ensayo aleatorio llamado Estudio de la eficacia de las reducciones adicionales en el colesterol y la homocisteína (SEARCH), dirigido por la profesora Jane Armitage, también científica de la CTSU en Oxford.

Este ensayo examinó los beneficios de la terapia de estatinas con 80 miligramos (mg) de simvastatina (Zocor) en comparación con 20 mg de simvastatina, entre 12,000 supervivientes de ataques cardiacos.

El estudio fue financiado por Merck (fabricante de simvastatina).

Durante los casi siete años de seguimiento, los que tomaron la dosis más alta de estatinas experimentaron mayores reducciones en el colesterol LDL en comparación con los que tomaron la dosis más baja.

Los investigadores hallaron que la reducción en el colesterol LDL de la dosis más alta terminó disminuyendo el riesgo de eventos cardiacos mayores en 6 por ciento, aunque las estadísticas en sí mismas no fueron clínicamente significativas.

Los investigadores observaron que la dosis más alta de Zocor (simvastatina) resultó en un riesgo de una enfermedad muscular 10 veces mayor que el asociado con la dosis más baja. La enfermedad muscular, conocida como miopatía, puede causar dolor, debilidad y, en su forma poco común pero más grave, la destrucción del tejido muscular conduce a la insuficiencia renal. Los investigadores detectaron dos casos de miopatía que tuvieron lugar en el grupo de baja dosis y 53 casos en el grupo de alta dosis.

Los investigadores también encontraron que la rabdomiólisis, la forma más grave de la enfermedad muscular asociada con las estatinas, se diagnóstico en siete participantes que recibieron 80 mg de Zocor (simvastatina), en comparación con ninguno de los que recibieron 20 mg de simvastatina. Dos murieron a las pocas semanas de desarrollar el trastorno, y una de las causas de muerte hizo alusión al trastorno muscular como factor contribuyente.

Los investigadores también encontraron que siete de los participantes tenían niveles de creatina quinasa que superaban en 40 veces el límite superior de lo normal, un posible indicador de daño renal. Por esta razón, destacaron que la incidencia de enfermedad muscular grave entre los que tomaron 80 mg de Zocor podría ser una “subestimación”.

Baigent señaló que este efecto secundario se asocia con Zocor, pero tomar dosis más bajas de otras estatinas más potentes podría aliviar el problema. “Existen nuevas formas de incrementar la reducción del colesterol LDL mediante el uso de nuevas estatinas más potentes como Lipitor o Crestor”, dijo. (Todas las estatinas conllevan el riesgo de miopatía, pero las dosis más bajas se asocian con un menor riesgo).

Bernard M.Y. Cheung, de la Universidad de Hong Kong y coautor de un editorial acompañante en la revista, señaló que “las personas que corren el riesgo de ataques cardiacos y accidentes cerebrovasculares deben reducir de forma intensiva su colesterol LDL”.

Sus médicos deben considerar la prescripción de una estatina, ya sea en dosis alta o una estatina más potente, apuntó.

“Si usted está en riesgo de ataque cardiaco o accidente cerebrovascular, ya sea porque ha tenido estas afecciones antes o porque tiene los factores de riesgo, se le debería considerar para un tratamiento intensivo a fin de reducir el colesterol LDL”, destacó Cheung.

“Si su colesterol en la sangre aumenta, pero no tiene otros factores de riesgo para enfermedades cardiacas y accidente cerebrovascular, entonces su médico podría decidir que usted no necesita tomar medicamentos para bajar el colesterol”, señaló. “Pero si está en riesgo de tener esas enfermedades, necesitará un tratamiento intensivo para reducir el colesterol LDL, incluso si su nivel de colesterol LDL no es muy alto”, agregó.

Al comentar sobre los estudios, el Dr. Gregg Fonarow, vocero de la American Heart Association y profesor de cardiología de la Universidad de California en Los Ángeles, dijo que “a pesar de los beneficios comprobados de las estatinas en la reducción del colesterol LDL, muchos médicos son reacios a recetarlas y los pacientes renuentes a tomar dosis más altas de las estatinas más potentes debido a preocupaciones sobre los efectos secundarios o la seguridad”.

Reducir el colesterol LDL entre 50 y 60 por ciento con estatinas potentes como la atorvastatina a 80 mg o la rosuvastatina de 20 a 40 mg disminuye el riesgo de eventos cardiovasculares mayores entre 50 y 60 por ciento, apuntó.

“La mayoría de los pacientes toleran igual de bien dosis más altas de estatinas más potentes que dosis más bajas de estatinas menos potentes”, señaló Fonarow. “Millones de pacientes que ya tienen o están en alto riesgo de enfermedades cardiovasculares que se podrían beneficiar de una protección cardiovascular adicional con dosis más altas de estatinas más potentes, no están siendo tratados en estos momentos con estos agentes. Aunque deberían”.

 

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