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Un estudio holandés halla que consumir pequeñas cantidades de margarina todos los días no previene los problemas cardiacos

Por Alan Mozes
Reportero de Healthday

DOMINGO, 29 de agosto (HealthDay News/HolaDoctor) — La mayoría de los pacientes cardiacos que toman suplementos de ácidos grasos omega-3 a baja dosis no parecen obtener ninguna protección adicional contra más problemas cardiacos, advierte una nueva investigación holandesa.

De hecho, ni las dosis bajas de ácido docosahexaenoico (DHA) y ácido eicosapentanóico (EPA), que se encuentran en el aceite de pescado, ni de ácido alfa-linolénico (ALA), derivados de nueces y aceites vegetales varios, aporta ningún beneficio a la gran mayoría de los pacientes cardiacos, según el estudio.

Los científicos se centraron en los pacientes que ya tomaban medicamentos para controlar la presión arterial, el colesterol y coágulos potenciales. Por tanto, los investigadores plantearon la teoría de que el pobre desempeño de los suplementos podría reflejar simplemente el poder abrumador de los medicamentos.

El autor del estudio, Daan Kromhout, de la división de nutrición humana en la Universidad de Wageningen en Holanda, tenía previsto presentar los hallazgos el domingo en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología en Estocolmo, el estudio también aparecerá al mismo tiempo en la edición en línea de la New England Journal of Medicine.

En el estudio, los investigadores se centraron en un grupo de más de 4,800 pacientes de ataque cardiaco holandeses de 60 a 80 años, de los cuales un poco más de la tres cuarta parte eran hombres.

Todos habían sufrido un ataque al corazón en algún momento durante la década anterior al estudio y todos tomaban medicamentos para la presión arterial, anticoagulantes y estatinas.

Al comienzo del estudio, a los pacientes se les pidió que consumieran (en un período de poco más de tres años) uno de cuatro diferentes tipos de margarinas: una complementada con ácidos grasos omega-3, otra con ALA de origen vegetal; otra complementada con ácidos grasos omega-3 y ALA y otra sin suplementos.

La cantidad de suplemento añadido a las margarinas se consideró de “baja dosis”. Durante el estudio, los pacientes consumieron un promedio de 18.8 gramos de margarina por día, lo que equivale a la ingestión de un promedio de 226 miligramos de EPA en combinación con 150 mg de ácido graso omega-3 DHA y / o 1.9 gramos de ALA.

Al final del estudio, casi el 14 por ciento de los pacientes de ataque cardiaco habían experimentado otro “evento cardiovascular importante”, y algunos casos terminaron en la muerte.

Ninguno de los suplementos a baja dosis pareció evitar tales acontecimientos en la mayoría de los pacientes. Una excepción pareció darse entre las mujeres que consumían ALA; los investigadores observaron una reducción de 27 por ciento en el riesgo de nuevas complicaciones cardiacas, a pesar de que la reducción no alcanzó una significación estadística.

El resultado final del Ensayo Alpha Omega es que los ácidos grasos[omega 3] no redujeron el principal criterio de valoración de los eventos cardiovasculares mayores”, señaló Kromhout y apuntó que el hallazgo del ALA amerita confirmarse en otros estudios.

El doctor Murray A. Mittleman, director de la unidad de investigación de epidemiología cardiovascular en el Centro Médico Beth Israel Deaconess de la Facultad de medicina de Harvard en Boston, dijo que “estos resultados no le sorprendieron”.

“Otros estudios han demostrado que los ácidos grasos omega-3 no ofrecen ningún beneficio, que no sea específicamente la protección contra la muerte cardiaca relacionada con la arritmia en pacientes que han sobrevivido a un ataque al corazón”, señaló Mittleman. Es durante este período agudo después del ataque, explicó, cuando los pacientes son más vulnerables a un evento subsiguiente.

“Pero aquí, en algunos casos a los pacientes analizados se les dio seguimiento durante varios años desde su primer ataque al corazón cuando comenzaron a tomar estos suplementos”, enfatizó. “Así, que es una gran diferencia en cuanto al tipo de paciente examinado. Además, tampoco tomaron en cuenta enfermedades evitables, sino sólo los eventos cardiacos que ocurrieron posteriormente. Igualmente, las dosis de suplemento utilizadas son muy bajas, mucho menores que las usadas en estudios previos”.

“Por lo tanto, las grandes diferencias en el diseño del estudio podrían ser las que den cuenta de este nuevo hallazgo”, advirtió Mittleman. “En cualquier caso, creo que este asunto amerita de todos modos una mayor investigación”.

El Dr. Gregg C. Fonarow, profesor de cardiología de la Universidad de California en Los Ángeles, estuvo de acuerdo.

“Es posible que las mejoras en otros tratamientos para pacientes con ataques cardiacos hayan hecho que los suplementos de aceite de pescado sean menos importante para reducir el riesgo cardiovascular”, reconoció. “Pero también es posible que las diferentes dosis usadas en el estudio en comparación con trabajos de investigación anteriores hayan marcado la diferencia en el resultado. Las dosis aquí usadas quizá fueron demasiado bajas, mientras que las dosis más altas que se administran inmediatamente después de un ataque al corazón pueden ofrecer alguna protección”.

“Así que diría”, añadió Fonarow,” que de ninguna manera es la última palabra sobre los ácidos grasos omega-3 y la salud cardiovascular”.

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Un estudio halla que incluso las reducciones ligeras en la temperatura incrementan las probabilidades durante las semanas siguientes

Por Alan Mozes
Reportero de Healthday

MARTES, 10 de agosto (HealthDay News/HolaDoctor) — Una investigación británica reciente indica que apenas una ligera reducción en la temperatura al aire libre puede implicar mayor riesgo de ataque cardiaco durante el mes siguiente.

A partir de nuestro análisis de los registros de temperatura de más de 84,000 admisiones hospitalarias por ataque cardiaco que tuvieron lugar durante un período de tres años entre 2003 y 2006 en Inglaterra y Gales, el estudio reveló que una reducción de apenas 1 grado Celsius (1.9 grados Fahrenheit) en un día hace surgir un aumento acumulado de 2 por ciento en la cantidad de ataques cardiacos durante las semanas siguientes.

“Un dos por ciento podría parecer muy poco”, anotó Krishnan Bhaskaran, autor del estudio, estudiante de posgrado en investigación y uno de los profesores de epidemiología y salud de la población de la Escuela de Medicina Tropical e Higiene de Londres. “Sin embargo, cualquiera está expuesto a cambios en el estado del tiempo y los ataques cardiacos son de por sí comunes. Entonces, este dos por ciento implicaría cantidades sustanciales de ataques cardiacos adicionales, cerca de 200 por cada reducción de un grado en el Reino Unido, donde se realizó el estudio”.

“Los ancianos y los que ya tenían problemas cardiacos parecieron particularmente vulnerables a los efectos de las reducciones en la temperatura”, agregó Bhaskaran.

Bhaskaran y sus colegas informan sobre sus hallazgos en la edición en línea del 10 de agosto de la British Medical Journal.

Luego de tener en cuenta la contaminación del aire, los antecedentes de influenza y las tendencias a largo plazo en el estado del tiempo, los autores hallaron que otro 2 por ciento del riesgo de ataque cardiaco luego de una reducción de un grado Celsius duró unos 28 días. El mayor aumento en el riesgo tiene lugar durante las primeras dos semanas luego de la reducción en la temperatura.

Bhaskaran señaló que las investigaciones anteriores han sugerido que, a medida que la temperatura se reduce, la presión arterial aumenta, lo que hace que la sangre sea más espesa e incrementa el esfuerzo del corazón, una secuencia de eventos que podría explicar el aumento en el riesgo.

Al recalcar que la relación entre el aumento en las tasas de mortalidad y un tiempo más frío es un fenómeno global, sugirió una serie de pasos que las personas, no importa el lugar, pueden dar para minimizar ese riesgo cardiovascular.

“No podemos controlar el tiempo, pero sí nuestra respuesta a él”, dijo. “Hay algunas medidas de sentido común simples que la gente podría tomar para reducir su propio riesgo personal en tiempo frío. Pueden ponerse ropa más abrigada, calentar la casa adecuadamente si es posible y limitar la cantidad de tiempo que pasan al aire libre, sobre todo si el tiempo es muy frío”.

“Por supuesto, la gente a la que se han recetado medicamentos regulares como aspirina para controlar su riesgo de problemas cardiacos, también debe recordar tomarlos”, recomendó Bhaskaran.

El Dr. Gregg C. Fonarow, profesor de cardiología de la Universidad de California, en Los Ángeles, anotó que los hallazgos se deben poner en contexto.

Este estudio complementa hallazgos anteriores que relacionan la reducción en la temperatura con el aumento en la mortalidad “cuantificando la magnitud del riesgo con cada cambio de un grado en la temperatura exterior promedio y el exceso en el riesgo de [ataques cardiacos]“, dijo, y agregó que examina qué individuos parecen ser los más susceptibles.

Sin embargo”, agregó Fonarow, “es importante mantener en perspectiva que el riesgo de ataque cardiaco relacionado con la temperatura exterior es relativamente pequeño”. Las consecuencias para la salud pública e individual son muy reducidas en comparación con los riesgos relacionados con el tabaquismo, la obesidad, la inactividad física, la hipercolesterolemia, la hipertensión arterial y otros factores de riesgo bien establecidos”.

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Pero los investigadores advierten que faltan años para cualquier posible aplicación clínica

Por Melissa Lee Phillips
Reportero de Healthday

MIÉRCOLES, 4 de agosto (HealthDay News/HolaDoctor) — Investigadores han identificado casi cien genes del genoma humano que podrían regular los niveles de colesterol y el riesgo de enfermedad de la arteria coronaria, según un nuevo estudio.

En un informe que aparece en la edición del 5 de agosto de la revista Nature, los autores sugieren que estudiar estas regiones podría arrojar luz sobre la base genética de los niveles de colesterol en los humanos, pero advierten que las aplicaciones clínicas potenciales están a años de distancia.

“Hay evidencia convincente de que al menos algunos de éstos serán útiles en la clínica”, aseguró el Dr. Sekar Kathiresan, coautor del estudio, de la Facultad de medicina de la Harvard. Pero la forma exacta en que la mayoría de ellos podrían regular el metabolismo del colesterol sigue siendo una pregunta abierta, planteó.

Los niveles de dos tipos de lípidos, el colesterol y los triglicéridos, son factores de riesgo conocidos de la enfermedad cardiaca, y se cree que alrededor de la mitad de la variabilidad en dichos niveles resulta de factores genéticos, apuntó Kathiresan.

Él y sus colegas midieron los niveles de lípidos de más de 100,000 personas, y luego escanearon sus genomas para las diferencias genéticas. Encontraron 95 lugares en que minúsculas diferencias en la secuencia genética parecían correlacionarse de forma constante con diferencias en los niveles de lípidos. En conjunto, la conformación genética de un individuo en estos 95 sitios parecía explicar alrededor de una cuarta parte del componente genético de los niveles de lípidos en sangre, señaló Kathiresan.

Aunque el análisis inicial se hizo en personas de ascendencia europea, los investigadores también realizaron sus análisis en personas de otras procedencias étnicas, y encontraron que la mayoría de las 95 regiones parecen también ser importantes en individuos de origen africano y asiático.

Ya se sabía o sospechaba que alrededor de un tercio de dichos lugares son importantes para el metabolismo lípido. Los demás dos tercios no se habían relacionado con dichos niveles, ni con la enfermedad de la arteria coronaria.

“Ahora tenemos una larga lista de genes relevantes en las personas, y creemos que es el momento de comenzar a intentar comprender cada uno”, enfatizó Kathiresan. “Creemos que algunos resultarán útiles como objetivos farmacológicos, eventualmente”.

Como primer paso en la comprensión del mecanismo biológico a través del cual uno de estos genes regula los niveles de lípidos, los autores llevaron a cabo un análisis profundo de uno de los 95 sitios. Encontraron que el gen que tenía la relación más firme con los niveles de lípidos en realidad no era parte del genoma que codifica las proteínas. En su lugar, este gen “no codificador” tiene que ver con la regulación de la expresión de un gen distinto que influye sobre los niveles de lípidos de forma directa.

Anteriormente, se ignoraba por completo que este mecanismo era parte importante del metabolismo del colesterol, comentó Kathiresan. Se trata de “un participante completamente nuevo en el campo de los lípidos”.

Kathiresan planteó que un análisis profundo similar de los demás 94 sitios podría descubrir otros reguladores novedosos de los lípidos. “Creo que podremos aprender mucho sobre lo que es importante para los lípidos en las personas con ese tipo de esfuerzo”, dijo.

El Dr. John LaRosa, del Centro Médico Downstate de la Universidad Estatal de Nueva York en Brooklyn, advirtió que determinar cómo estos genes influencian los niveles de lípidos o el riesgo de enfermedad de la arteria coronaria podría no ser fácil. Aunque algunos tal vez regulen el metabolismo lípido de forma sencilla, es probable que muchos interactúen de formas muy complejas, que tal vez incluso computadoras potentes tengan problemas para resolver, especuló.

Algunos podrían ser importantes sólo cuando son activados por un factor ambiental, y otros podrían sencillamente ser falsos positivos que en realidad no contribuyen al metabolismo lípido, añadió LaRosa.

Aún así, este trabajo es “ciencia magnífica”, aseguró LaRosa, y forma una base importante para el futuro.

¿Qué significa esto para la persona promedio?

“Es probable que no mucho”, dijo, “pero es importante hacer estos estudios. Acrecientan la base de datos que necesitamos para poder determinar cómo el genoma influencia algo tan remoto como tener colesterol alto desde las ubicaciones de genes individuales”.

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Los investigadores calculan que esto podría salvar el doble de vidas y sería más económico que expandir el tratamiento especializado

MARTES, 27 de julio (HealthDay News/HolaDoctor) — Una nueva investigación podría arrojar algo de luz en torno al constante debate de salud pública sobre cómo reducir al mínimo la tasa de mortalidad de los tipos más graves de ataques cardiacos y al mismo tiempo limitar los costos de la atención médica.

Una opción en estudio es aumentar el número de hospitales equipados para realizar procedimientos de angioplastia coronaria que puedan salvar vidas, conocidos como intervenciones coronarias percutáneas (o ICP), una técnica que ofrece a estos pacientes de ataque cardiaco una mejor oportunidad de supervivencia y menos complicaciones que el tratamiento estándar de medicamentos anticoagulantes.

Pero la nueva investigación sugiere que en lugar de acondicionar más hospitales para ofrecer la intervención, los pacientes de ataque cardiaco tendrían una mejor oportunidad de sobrevivir si fueran trasladados por los servicios de emergencia médica (SEM) al centro más cercano disponible que esté equipado para ofrecer el tratamiento ICP.

Los hallazgos, que sugieren que esta última opción es también la mejor para mantener los costos a raya, aparecen en la edición en línea de Circulation: Cardiovascular Quality and Outcomes.

Una investigación anterior encontró que el ICP es la mejor manera de tratar el tipo de ataque cardiaco más mortal, conocido como infarto con elevación del segmento ST, o IESST, causado por el bloqueo casi completo de una arteria coronaria.

Por esa razón, los investigadores utilizaron una simulación por computadora para evaluar las estrategias para que más pacientes tuvieran acceso a las intervenciones ICP, ya que sólo uno de cada cuatro hospitales de EE. UU. están actualmente equipados con los laboratorios especiales necesarios para realizar el procedimiento.

La simulación por computadora analizó 2,000 casos hipotéticos de pacientes de IESST que fueron transportados a un centro hospitalario por varias rutas en Dallas.

Los investigadores encontraron que el traslado de pacientes por ambulancia a centros de atención de ICP más cercanos fue dos veces más efectivo y 20 veces más económico que ampliar la disponibilidad de instalaciones de ICP en centros que actualmente no ofrecen la intervención.

“Ampliar el acceso de los pacientes a servicios de ICP es fundamental para mejorar los resultados después de un ataque cardiaco, y hay una serie de enfoques para lograrlo”, apuntó el autor principal del estudio Thomas W. Concannon, profesor asistente del Instituto de Investigaciones Clínicas y Estudios de Políticas de Salud del Centro Médico Tufts de Boston, en un comunicado de prensa de la American Heart Association.

“Nuestro estudio es el primero que compara una estrategia de SME de desvío de ambulancias con una serie de estrategias de expansión de servicios de ICP en los hospitales”, añadió.

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Las lecturas diarias y los cambios preacordados de medicamentos producen mejores resultados que la atención estándar en un estudio

Por Steven Reinberg
Reportero de Healthday

MIÉRCOLES, 7 de julio (HealthDay News/HolaDoctor) — Con la capacitación apropiada, las personas que tienen presión arterial alta podrían controlar esta afección de manera más eficaz por sí mismas en su casa que a través de métodos convencionales, plantean investigadores británicos.

Mediante la telemonitorización de la presión arterial y el ajuste de medicamentos conforme a directrices acordadas de antemano, los pacientes asignados a un régimen de cuidados gestionado por ellos mismos experimentaron una mayor reducción de la presión arterial después de 6 y 12 meses que los pacientes que recibieron la atención estándar a través de profesionales de la salud, encontró el estudio.

“El cuidado autogestionado es una intervención importante y novedosa para personas con hipertensión arterial que son tratadas en atención primaria”, aseguró el Dr. Richard J. McManus, profesor de investigación de atención cardiovascular primaria y consultor honorario de la Universidad de Birmingham en Inglaterra.

Este enfoque se debería considerar para las personas que tienen hipertensión, especialmente si su presión arterial no se controla con la atención estándar, agregó McManus.

Pero el enfoque de autogestión no está exento de inconvenientes, señaló McManus.

“Entre las advertencias se encuentran que no todo el mundo optará por la autogestión y que los médicos de familia deben participar en la creación de los calendarios de ajustes que los individuos deben seguir”, dijo.

La hipertensión arterial es un importante factor de riesgo de ataque cardiaco, insuficiencia cardiaca, accidente cerebrovascular e insuficiencia renal (riñón), pero apenas la mitad de las personas tratadas tienen su presión arterial bajo control, según la información de respaldo del estudio.

Para el estudio, publicado en la edición en línea del 8 de julio de The Lancet, el equipo de McManus asignó de manera aleatoria a 527 pacientes de presión arterial alta, también conocida como hipertensión, a cuidado autogestionado o a la atención estándar.

Mediante lecturas diarias de la presión arterial durante más de seis meses, los pacientes que gestionaban su propio cuidado observaron un descenso de la presión arterial sistólica (el número superior en una lectura de 120/80) de 12.9 mm Hg, mientras que los pacientes que recibieron la terapia estándar sólo experimentaron una reducción de 9.2 mm Hg en la presión sistólica, hallaron los investigadores.

Luego de un año, la presión sistólica en el grupo que gestionaba su propio cuidado se redujo en 17.6 mm Hg, en comparación con 12.2 mm Hg en el grupo de atención estándar.

A los pacientes que no eran diabéticos se les animó a llevar su presión arterial a 130/85 mm Hg, y los diabéticos tenían como objetivo alcanzar el nivel de 130/75 mm Hg, según el estudio.

Los efectos secundarios fueron generalmente los mismos en ambos grupos, salvo que la inflamación de las piernas se produjo con más frecuencia en el grupo de autogestión (32 por ciento frente a 22 por ciento), destacaron los autores.

Los pacientes que gestionaban su propio cuidado asistieron a dos sesiones de entrenamiento para aprender a utilizar los esfigmomanómetros automáticos (monitores de presión arterial), y se les enseñó también cómo transmitir sus lecturas de presión arterial al médico a través de un dispositivo de módem automatizado.

Los horarios de ajustes de medicamentos se acordaron entre los pacientes y su médico de familia.

McManus piensa que trabajar activamente para controlar la presión arterial es la razón por la que el enfoque de autocuidado tuvo tanto éxito.

“El efecto parece deberse a un aumento del tratamiento antihipertensivo en personas que gestionan su propio cuidado”, apuntó. Por ejemplo, los pacientes que no lograron sus objetivos en dos meses consecutivos introdujeron cambios en la medicación.

El Dr. Gregg C. Fonarow, profesor de medicina y director del Centro de cardiomiopatía Ahmanson-UCLA en la Universidad de California en Los Ángeles, dijo que se ha demostrado que la autogestión del cuidado mejora el control de factores de riesgo o los resultados en pacientes que tienen otras afecciones, tales como diabetes e insuficiencia cardiaca.

“Este nuevo estudio demuestra que la combinación de la telemonitorización de las lecturas de la presión arterial que se toman en casa junto con la autogestión de la hipertensión después de un sencillo algoritmo era más eficaz que la atención habitual en el ámbito de la atención primaria”, aseguró Fonarow.

“Esto representa un enfoque muy práctico, de aplicación general y rentable para lograr un mejor control de la presión arterial”, apuntó.

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Un estudio encuentra una relación entre la falta de higiene oral y la enfermedad cardiovascular

Por Amanda Gardner
Reportero de Healthday

JUEVES, 27 de mayo (HealthDay News/DrTango) — Hay otro motivo para cepillarse los dientes a diario. La gente que no realiza este sencillo acto de higiene oral parecen tener un mayor riesgo de enfermedad cardiaca, en comparación con sus pares más concienzudos.

“Nos sorprendió encontrar una relación entre la frecuencia del cepillado dental y tanto el riesgo de enfermedad cardiovascular como los marcadores de inflamación en la sangre”, señaló Richard Watt, coautor de un estudio que aparece en la edición de esta semana de la revista BMJ.

“Sin embargo, no hemos establecido una relación causal. Se necesita más información para evaluar si mejorar la higiene oral de los pacientes para reducir la inflamación de las encías tiene un efecto sobre el riesgo de enfermedad cardiovascular”, añadió Watt, quien trabaja en el departamento de epidemiología y salud pública del Colegio Universitario de Londres.

Sin embargo, los hallazgos tienen sentido a la luz de estudios previos que han encontrado una relación entre la enfermedad de las encías y la cardiaca. La enfermedad periodontal se ha relacionado con un aumento de 19 por ciento en el riesgo de enfermedad cardiaca. Esa cifra se eleva a 44 por ciento en las personas menores de 65 años, según el estudio.

El culpable más probable es la inflamación asociada con la enfermedad de las encías, que puede generalizarse por todo el sistema y contribuir a la acumulación de placa en las arterias.

Los autores del estudio entrevistaron a casi 12,000 personas que vivían en Escocia, que informaron la frecuencia con que se cepillaban los dientes.

Durante un promedio de ocho años de seguimiento, las personas que “cepillaban sus dientes raras veces o nunca” tenían un aumento de 70 por ciento en el riesgo de ataque cardiaco, accidente cerebrovascular u otro evento, en comparación con los que lo hacían dos veces al día.

Los que se cepillaban raras veces o nunca también tenían niveles más altos de proteína reactiva C, un marcador de inflamación.

Pero en general, los participantes tenían una buena higiene oral, y casi dos tercios afirmaban ir al dentista cada seis meses y casi tres cuartas partes refirieron cepillarse dos veces al día.

“Con frecuencia, hablamos de conductas del estilo de vida como fumar, el ejercicio y la dieta, y una de las cosas que no podemos olvidar cuando se trata del cuidado personal es la higiene oral”, enfatizó la Dra. Suzanne Steinbaum, cardióloga preventiva del Hospital Lenox Hill en la ciudad de Nueva York, y vocera de la American Heart Association. “Es algo nuevo. No fume, coma bien y cepíllese los dientes”.

“Es bueno tener un motivo más para cepillarse los dientes”, añadió la Dra. Harmony R. Reynolds, directora asociada del Centro de Investigación Clínica Cardiovascular del Centro Médico Langone de la NYU, y profesora asistente de la Facultad de medicina de la Universidad de Nueva York. “Con el tiempo, reduce la inflamación”.

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Hipertensión arterial

Written by post on May 24th, 2010 in Hipertension, Vascular.

La presión arterial alta es considerada una de las principales enfermedades crónico degenerativas de la actualidad; casi el IO % de la población adulta sufre de esta enfermedad. La mayoría de los pacientes cursan sin ningún síntoma durante años, esta es la razón que convierte a la hipertensión arterial en una enfermedad peligrosa. Los factores que predisponen a la elevación de la presión arterial son ya conocidos: Sedentarismo, tabaquismo, obesidad, diabetes mellitus, y familiares con presión alta. Casi la mitad de los pacientes con Diabetes padecen tarde o temprano de presión arterial elevada.

En un grupo de pacientes la enfermedad aparece de una manera insidiosa y confusa, con dolores de cabeza esporádicos, mareos súbitos, palpitaciones y sensación de “ falta de aire” al respirar, esto ocasiona que el paciente se auto-recete o acuda con varios médicos como neurólogos, otorrinolaringólogos, oculistas u oftalmólogos durante meses o años, retrasando el diagnóstico de hipertensión arterial. En general el diagnóstico de presión alta es sencillo, por eso se ha recomendado a cualquier tipo de médico, independientemente de su especialidad, medir la presión arterial de manera sistemática independientemente del motivo de consulta y, si resulta elevada, canalizar con el médico Internista o Cardiólogo para su corroboración o descarte.

La mejor manera de medir la presión arterial es con un aparato llamado esfigmomanómetro o baumanómetro, el mejor es el clásico de “mercurio”, sin embargo por cuestiones de estética o mercadotecnia ha sido sustituido por otros de tipo digital o electrónicos que aparentan ser más seguros pero no lo son; sin embargo sí son más fáciles de usar por los pacientes y médicos. La presión arterial se debe de medir en reposo y la cifra normal es de 120/80 mmHg- milímetros de mercurio- una vez que se detecta una presión mayor de 130/90mmhg en varias ocasiones días o semanas: se diagnostica Hipertensión Arterial Sistémica y se debe de iniciar el tratamiento de por vida. Esto último es importantísimo porque la presión arterial alta no se cura, sólo se controla, y en ocasiones el paciente toma los medicamentos sólo por una semana, se “alivia” o se siente mejor y suspende el tratamiento para posteriormente tener una recaída o subida de la presión arterial.

En otros pacientes la presión alta se manifiesta de manera más aparatosa: con vómitos, nausea, dolor de cabeza intenso, mareos, inflamación de la cara, pies y manos; el mareo puede ser tan intenso que impide al paciente moverse del lugar donde se encuentra, todos estos síntomas son una manifestación de falta de flujo sanguíneo cerebral y pueden vaticinar la aparición de una embolia o hemorragia cerebral; si esto llega a suceder aparecen los datos clásicos de desviación de la boca, parálisis de un párpado, dificultad para hablar, parálisis de un brazo o de la mitad del cuerpo. Todo lo anterior representa una complicación de la Hipertensión Arterial. La otra gran complicación dela presión arterial alta es el sufrimiento cardiaco agudo traducido como un infarto o el sufrimiento crónico que da lugar a la falla cardiaca.

En los últimos años, debido al fenómeno de obesidad infantil se ha descubierto un mayor número de casos de hipertensión en los niños y adolescentes alrededor de los 10 a 18 años, esta situación resulta rara para los pediatras e internistas acostumbrados a ubicar a la presión arterial como una enfermedad clásica del adulto-viejo. En este sentido se puede decir que los médicos empezamos a tratar a niños con “vejez prematura” desde el punto de vista de patología.

Existen muchos fármacos para controlar la enfermedad: los clásicos como el enalapril o captopril son efectivos, siempre y cuando no produzcan la tos como efecto colateral. Otro grupo son los calcio antagonistas como la nifedipina, y los más modernos son los de la familia de “sartanes” por ejemplo telmisartan que generalmente se combinan con diuréticos. En todo paciente también se debe controlar el peso, ejercicio, colesterol y triglicéridos, reducir la ingesta de sal. Algunas asociaciones médicas han puesto en duda la relación del estrés y la presión alta. Sin embargo, en la práctica diaria es común que los pacientes refieran la asociación de estrés con la subida de la presión arterial. Lo importante es prevenir y detectar a tiempo la enfermedad; si el paciente es bien tratado y sigue las indicaciones difícilmente se complica

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