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Duplicar la frecuencia de la diálisis podría ayudar a los pacientes de insuficiencia cardiaca

Investigadores señalan que seis sesiones a la semana mejoraron la función cardiaca y la salud general, aunque no se recomienda para todos

SÁBADO, 20 de noviembre (HealthDay News/HolaDoctor) — Los pacientes de insuficiencia renal que duplican el número de tratamientos de diálisis a la semana recetados normalmente experimentaron mejoras significativas en la función cardiaca, la salud general y en la calidad de vida en general, según una investigación reciente.

Los hallazgos se derivan de un análisis que comparó el impacto de la atención estándar de hace 40 años, tres tratamientos de diálisis a la semana, durante tres a cuatro horas por sesión, con un tratamiento de seis días a la semana con sesiones de 2.5 a 3 horas por sesión.

En este análisis comparativo, puesto en marcha en 2006, participaron 245 pacientes de diálisis asignados a un programa de diálisis estándar o de alta frecuencia. Todos los pacientes se sometieron a imágenes por resonancias magnéticas (IRM) para evaluar la estructura del músculo cardiaco y todos completaron encuestas sobre la calidad de vida.

Además de mejorar la salud cardiovascular y la salud general, el análisis posterior reveló que dos de las preocupaciones que tienen la mayoría de los pacientes de insuficiencia cardiaca, el control de la presión arterial y de los niveles de fosfato, también se afrontaron mejor con el programa de tratamiento más frecuente.

El Dr. Glenn Chertow, jefe de la división de nefrología de la Facultad de medicina de la Universidad de Stanford, informó sobre las observaciones de su equipo en la edición en línea del 20 de noviembre de la New England Journal of Medicine, para que coincidiera con la presentación en la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Nefrología (American Society of Nephrology) en Denver.

“Los riñones trabajan siete días a la semana, 24 horas al día”, apuntó Chertow en un comunicado de prensa de la Universidad de Stanford. “Se puede imaginar por qué la gente podría sentirse mejor si la diálisis se aproximara más a la función renal. Sin embargo, hay que tomar en cuenta la carga de las sesiones adicionales, el transporte y el costo”.

Con relación a este último punto, los autores observaron que la diálisis es costosa, y que Medicare sólo cubre en la actualidad el tratamiento convencional de tres días a la semana, que en el transcurso de un año oscila entre $75,000 y $100,000. Por tanto, duplicar la frecuencia del tratamiento estándar es una propuesta costosa para muchos pacientes.

Otro inconveniente fue la observación de que la duplicación del tratamiento de diálisis también aumentó el número de pacientes que tuvo que someterse a procedimientos para hacer frente a los efectos adversos como resultado de la inserción más frecuente de tubos en el cuerpo.

Dicho esto, el equipo del estudio sugirió que los planes de tratamiento futuros deben hacerse caso a caso.

“Desde luego, no voy a recomendar seis sesiones a la semana para todos mis pacientes”, apuntó Chertow, que también es profesor de medicina en Stanford. “No hay una solución única para todos. Para algunos pacientes con insuficiencia renal, la diálisis no es el tratamiento adecuado. Para otros, es tres veces a la semana en un centro. Para otros, es la diálisis domiciliaria. Y para otros, quizá seis veces a la semana”.

Por su parte, el Dr. Matthew Weir, director de la división de nefrología de la Facultad de medicina de la Universidad de Maryland en Baltimore, dijo que los aparentes beneficios de la diálisis de alta frecuencia “tienen mucho sentido”.

“Un riñón normal trabaja 168 horas a la semana filtrando nuestra sangre y eliminando líquidos”, explicó. “Pero con la diálisis intentamos hacer el mismo trabajo de forma intermitente sólo tres veces a la semana, durante tres o cuatro horas cada vez. Y eso es claramente un problema importante para los pacientes de diálisis, porque es una forma muy dura de eliminar los líquidos que hace que el corazón se esfuerce más y que los pacientes no se sientan muy bien”, señaló Weir.

“Así que yo diría que un mayor uso de la diálisis es un método más fácil para controlar el volumen de sangre, ya que elimina el líquido de manera más sostenida y más natural, algo que el corazón preferiría. Así que en última instancia, tiene menos presión en el corazón, menos insuficiencia cardiaca y los pacientes viven más tiempo”, apuntó Weir.

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Klip7: Cinescopio

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Relacionan dosis más altas de estatinas con menos ataques cardiacos y accidentes cerebrovasculares

Investigadores hallan que esta estrategia reduce el riesgo pero aumenta los efectos secundarios

Por Steven Reinberg
Reportero de Healthday

MARTES, 9 de noviembre (HealthDay News/HolaDoctor) — Dos estudios recientes hallan que tomar dosis altas de estatinas, un medicamento que se utiliza para reducir los niveles de colesterol, parece disminuir el riesgo de ataque cardiaco, accidente cerebrovascular o la necesidad de procedimientos cardiacos adicionales más que las dosis regulares de estatinas en personas que han sufrido un accidente cerebrovascular o que tienen alguna enfermedad cardiaca.

Este beneficio se observó incluso en aquellos cuyos niveles de colesterol ya eran bajos, señalaron los investigadores. Las estatinas incluyen medicamentos ampliamente utilizados como Crestor, Lipitor y Zocor.

“Para las personas que están en alto riesgo, las que tienen enfermedades cardiacas o [que] sufrieron un accidente cerebrovascular y toman una dosis estándar de alguna estatina, una mayor reducción del colesterol LDL podría suponer un beneficio adicional para ellas”, dijo el Dr. Colin Baigent de la Unidad de Estudios Epidemiológicos y la Unidad de Servicio de Ensayos Clínicos de la Universidad de Oxford, Reino Unido, que participó en ambos estudios. Esto fue así incluso para los pacientes que tenían bajos niveles de lipoproteína de baja densidad (colesterol LDL o “malo”), señaló.

Los informes aparecen en la edición en línea del 9 de noviembre de The Lancet.

En el primer estudio, investigadores de la Universidad de Oxford y de a Universidad de Sídney, en Australia, recopilaron datos de estudios sobre 170,000 pacientes que participaron en 26 ensayos. Este tipo de revisión, conocida también como metaanálisis, recoge datos de varios estudios para ver si surge algún patrón.

Entre estos ensayos, cinco compararon altas dosis de estatinas con dosis regulares y otros 21 estudios compararon a personas que tomaban estatinas con otras que no lo hacían.

Los investigadores encontraron que en los ensayos que comparaban las dosis de estatinas, tomar dosis altas de estatinas redujo las probabilidades de tener un accidente cerebrovascular en 15 por ciento, en comparación con las dosis habituales de estatinas.

En concreto, hubo una reducción de 13 por ciento en las muertes relacionadas con el corazón o ataque cardiaco, una reducción de 19 por ciento en la necesidad de una nueva operación del corazón y una reducción de 16 por ciento en los accidentes cerebrovasculares, según los investigadores.

Cuando hicieron un análisis actualizado de los 21 ensayos, los eventos cardiovasculares iniciales de importancia (como ataque cardiaco y accidente cerebrovascular) se redujeron en un “altamente significativo” 22 por ciento con una reducción en los niveles de colesterol LDL de 1.07 milimoles por litro (mmol/L).

Al tomar todos los 26 ensayos en conjunto, las muertes se redujeron en 10 por ciento con una reducción del colesterol LDL de 1 mmol/L, sin efectos significativos sobre las muertes por accidente cerebrovascular u otras causas vasculares.

Además, no se observaron efectos significativos de las estatinas sobre las muertes por cáncer u otras causas no vasculares, ni un riesgo excesivo de cáncer, ni siquiera a bajas concentraciones de colesterol LDL.

El segundo estudio es un ensayo aleatorio llamado Estudio de la eficacia de las reducciones adicionales en el colesterol y la homocisteína (SEARCH), dirigido por la profesora Jane Armitage, también científica de la CTSU en Oxford.

Este ensayo examinó los beneficios de la terapia de estatinas con 80 miligramos (mg) de simvastatina (Zocor) en comparación con 20 mg de simvastatina, entre 12,000 supervivientes de ataques cardiacos.

El estudio fue financiado por Merck (fabricante de simvastatina).

Durante los casi siete años de seguimiento, los que tomaron la dosis más alta de estatinas experimentaron mayores reducciones en el colesterol LDL en comparación con los que tomaron la dosis más baja.

Los investigadores hallaron que la reducción en el colesterol LDL de la dosis más alta terminó disminuyendo el riesgo de eventos cardiacos mayores en 6 por ciento, aunque las estadísticas en sí mismas no fueron clínicamente significativas.

Los investigadores observaron que la dosis más alta de Zocor (simvastatina) resultó en un riesgo de una enfermedad muscular 10 veces mayor que el asociado con la dosis más baja. La enfermedad muscular, conocida como miopatía, puede causar dolor, debilidad y, en su forma poco común pero más grave, la destrucción del tejido muscular conduce a la insuficiencia renal. Los investigadores detectaron dos casos de miopatía que tuvieron lugar en el grupo de baja dosis y 53 casos en el grupo de alta dosis.

Los investigadores también encontraron que la rabdomiólisis, la forma más grave de la enfermedad muscular asociada con las estatinas, se diagnóstico en siete participantes que recibieron 80 mg de Zocor (simvastatina), en comparación con ninguno de los que recibieron 20 mg de simvastatina. Dos murieron a las pocas semanas de desarrollar el trastorno, y una de las causas de muerte hizo alusión al trastorno muscular como factor contribuyente.

Los investigadores también encontraron que siete de los participantes tenían niveles de creatina quinasa que superaban en 40 veces el límite superior de lo normal, un posible indicador de daño renal. Por esta razón, destacaron que la incidencia de enfermedad muscular grave entre los que tomaron 80 mg de Zocor podría ser una “subestimación”.

Baigent señaló que este efecto secundario se asocia con Zocor, pero tomar dosis más bajas de otras estatinas más potentes podría aliviar el problema. “Existen nuevas formas de incrementar la reducción del colesterol LDL mediante el uso de nuevas estatinas más potentes como Lipitor o Crestor”, dijo. (Todas las estatinas conllevan el riesgo de miopatía, pero las dosis más bajas se asocian con un menor riesgo).

Bernard M.Y. Cheung, de la Universidad de Hong Kong y coautor de un editorial acompañante en la revista, señaló que “las personas que corren el riesgo de ataques cardiacos y accidentes cerebrovasculares deben reducir de forma intensiva su colesterol LDL”.

Sus médicos deben considerar la prescripción de una estatina, ya sea en dosis alta o una estatina más potente, apuntó.

“Si usted está en riesgo de ataque cardiaco o accidente cerebrovascular, ya sea porque ha tenido estas afecciones antes o porque tiene los factores de riesgo, se le debería considerar para un tratamiento intensivo a fin de reducir el colesterol LDL”, destacó Cheung.

“Si su colesterol en la sangre aumenta, pero no tiene otros factores de riesgo para enfermedades cardiacas y accidente cerebrovascular, entonces su médico podría decidir que usted no necesita tomar medicamentos para bajar el colesterol”, señaló. “Pero si está en riesgo de tener esas enfermedades, necesitará un tratamiento intensivo para reducir el colesterol LDL, incluso si su nivel de colesterol LDL no es muy alto”, agregó.

Al comentar sobre los estudios, el Dr. Gregg Fonarow, vocero de la American Heart Association y profesor de cardiología de la Universidad de California en Los Ángeles, dijo que “a pesar de los beneficios comprobados de las estatinas en la reducción del colesterol LDL, muchos médicos son reacios a recetarlas y los pacientes renuentes a tomar dosis más altas de las estatinas más potentes debido a preocupaciones sobre los efectos secundarios o la seguridad”.

Reducir el colesterol LDL entre 50 y 60 por ciento con estatinas potentes como la atorvastatina a 80 mg o la rosuvastatina de 20 a 40 mg disminuye el riesgo de eventos cardiovasculares mayores entre 50 y 60 por ciento, apuntó.

“La mayoría de los pacientes toleran igual de bien dosis más altas de estatinas más potentes que dosis más bajas de estatinas menos potentes”, señaló Fonarow. “Millones de pacientes que ya tienen o están en alto riesgo de enfermedades cardiovasculares que se podrían beneficiar de una protección cardiovascular adicional con dosis más altas de estatinas más potentes, no están siendo tratados en estos momentos con estos agentes. Aunque deberían”.

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Los escáneres de tórax podrían ayudar de manera casual a detectar el riesgo de enfermedad cardiaca

Los radiólogos que revisaron las TC obtenidas por problemas no cardiacos pueden evaluar la salud cardiaca con la misma imagen

MIÉRCOLES, 29 de septiembre (HealthDay News/HolaDoctor) — Una investigación reciente sugiere que los radiólogos pueden usar escáneres de tórax tomados para fines de diagnóstico rutinario, incluso los no relacionados con preocupaciones sobre enfermedad cardiovascular para evaluar señales de riesgo de enfermedad cardiovascular.

“Los radiólogos pueden predecir bastante bien la enfermedad cardiovascular usando hallazgos incidentales de calcificaciones de la pared aórtica en una TC, junto con información mínima sobre el paciente, como la edad, el sexo y la razón por la que se realizó la TC”, explicó en un comunicado de prensa de la Sociedad Radiológica de América del Norte el Dr. Martijn Gondrie del Centro de Ciencias de la Salud y Atención primaria Julius del Centro Médico de la Universidad de Utrecht (Países Bajos).

“Al final, esta estratificación adicional del riesgo realizada fácilmente tiene el potencial de reducir ataques cardiacos futuros u otros eventos cardiovasculares”, agregó Gondrie.

Los hallazgos del estudio fueron publicados en línea en la edición del 28 de septiembre antes de la edición impresa de octubre noviembre de Radiology.

Gondrie y sus colegas señalaron que los escáneres de tórax han mejorado la calidad y la frecuencia de uso durante la última década, lo que ha permitido un conjunto más grande de hallazgos casuales que los médicos, teóricamente, pueden evaluar el riesgo de complicaciones adicionales de la salud.

Los autores del estudio explicaron que ese tipo de hallazgos incidentales puede ser una ventaja adicional porque no expone al paciente a radiación adicional ni a costos adicionales por escáner.

Para evaluar la utilidad potencial de ese tipo de hallazgos, el equipo de Gondrie analizó datos incidentales sobre la cantidad de anormalidades aórticas distintas que se habían obtenido de cerca de 1,200 escáneres por TC de tórax realizados por razones que no tenían nada que ver con la salud cardiaca.

Los investigadores hallaron que cuando varios tipos de anormalidades citadas se tomaron en conjunto (y se agruparon junto con la edad, el sexo y la razón subyacente para el escáner por TC en primer lugar), los hallazgos incidentales relacionados con el corazón en realidad eran útiles para predecir el riesgo de enfermedad cardiaca futura.

Los autores concluyeron que su trabajo “genera ideas muy necesarias que permiten una utilización más efectiva sobre la creciente cantidad de información diagnóstica y podría cambiar potencialmente la manera como contribuyen los radiólogos a la eficiencia de la atención diaria de los pacientes”.

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La labor manual y los desplazamientos en bicicleta o a pie ayudan al corazón

Un estudio confirma que la actividad física en cualquier forma podría reducir el riesgo de insuficiencia cardiaca

Por Serena Gordon
Reportera de Healthday

LUNES, 20 de septiembre (HealthDay News/HolaDoctor) — Para tener un corazón sano, no hay que sudar durante horas cada semana en el gimnasio. Si su trabajo lo mantiene relativamente activo, está obteniendo beneficios cardiacos, sugiere una investigación reciente.

De hecho, el estudio encontró que los hombres que eran moderadamente activos en el trabajo tenían diez por ciento menos probabilidades de desarrollar insuficiencia cardiaca, mientras que las mujeres que eran moderadamente activas eran veinte por ciento menos propensas a desarrollar insuficiencia cardiaca.

No resultó sorprendente que el estudio encontrara que lo mejor de ambos mundos, o sea combinar la actividad física durante el tiempo libre y la actividad laboral, llevaba a incluso a una mejor salud cardiaca.

“Mostramos que la actividad de ocio y la actividad ocupacional, además de caminar a diario hasta y desde el lugar de trabajo, pueden reducir el riesgo de insuficiencia cardiaca”, aseguró el autor principal del estudio, el Dr. Gang Hu, profesor asistente y director del Laboratorio de Epidemiología de las Enfermedades Crónicas del Centro de Investigación Biomédica Pennington, en Baton Rouge, Luisiana.

Hu y sus colegas señalan que su estudio podría ser el primero en mostrar que la actividad física en el trabajo, y desplazarse hacia el trabajo, protege contra la insuficiencia cardiaca del mismo modo que el ejercicio durante el tiempo de ocio.

Los resultados del estudio aparecen en la edición del 28 de septiembre de la revista Journal of the American College of Cardiology.

Hu, junto al autor líder del estudio Yujie Wang y el resto del equipo, revisaron datos de dos grandes grupos de hombres y mujeres finlandeses. Poco más de 28,000 hombres y 29,874 mujeres fueron incluidos en el estudio.

Según el estudio, los voluntarios tenían entre 25 y 74 años de edad. Todos cumplimentaron encuestas sobre sus niveles de actividad física. Para la actividad laboral, una actividad “baja” se definió como trabajo de oficina o cualquier trabajo en que se pase la mayor parte del día sentado. La actividad “moderada” en el trabajo incluía trabajos que requieren estar de pie y caminar con frecuencia, como de mesero o empleado de tienda. Los niveles “altos” de actividad en el trabajo se consideraban como labor manual intensa, que incluía caminar y levantar objetos en trabajos industriales o agrícolas.

La actividad de desplazamiento al trabajo también se dividió en tres categorías: “baja” significaba ni caminar ni montar bicicleta, “moderada” se consideraba como 29 minutos de caminata o bicicleta para ir al trabajo, y “alta” como caminar o montar bicicleta durante más de treinta minutos al día para desplazarse al trabajo.

Para la actividad de ocio, el estudio definió actividad “baja” como estar completamente inactivo, por ejemplo leer o ver televisión. La actividad “moderada” incluía alguna forma de actividad física durante más de cuatro horas a la semana, como caminar, montar bicicleta o atender el jardín, pero no incluyó la actividad de desplazamiento. La actividad de ocio “alta” incluía actividad física vigorosa, como correr, trotar, nadar, trabajar intensamente en el jardín o participar en deportes competitivos, durante más de tres horas a la semana.

Tras un promedio de 18.4 años de seguimiento, los investigadores encontraron que 1,868 hombres y 1,640 mujeres desarrollaron insuficiencia cardiaca.

Tras ajustar los factores de riesgo conocidos como la edad, fumar, el índice de masa corporal, la presión arterial, el colesterol y otros, los investigadores encontraron que la actividad física protegía contra la enfermedad cardiaca.

La actividad física durante el tiempo libre tendía a proveer el mayor beneficio. En los hombres, la actividad física durante el tiempo de ocio reducía el riesgo de insuficiencia cardiaca en 17 por ciento, y los niveles altos de actividad en el tiempo libre reducían el riesgo en 35 por ciento. En las mujeres, las reducciones en el riesgo fueron de 16 y 25 por ciento, respectivamente.

La actividad física durante el trabajo también resultó protectora. En los hombres, la actividad moderada reducía el riesgo de insuficiencia cardiaca en diez por ciento, mientras que la actividad física alta durante el trabajo reducía el riesgo en 17 por ciento. En las mujeres, la actividad moderada reducía el riesgo de insuficiencia cardiaca en 20 por ciento.

Los investigadores encontraron una asociación entre la actividad de desplazamiento alta y una reducción de la insuficiencia cardiaca en las mujeres, pero no en los hombres (tras ajustar por los demás factores de riesgo).

También encontraron que la combinación de dos tipos de actividad cualquiera reducía el riesgo de insuficiencia cardiaca aún más.

Hu apuntó que era probable que la actividad en el ocio protegiera más simplemente porque las personas que participaban en actividades en su tiempo libre hacían más ejercicio.

“Este estudio confirma el mensaje de que mientras más actividad, mejor. No importa qué tipo de actividad sea”, aseguró el Dr. Michael Davidson, director de cardiología preventiva del Hospital de la Universidad de Chicago, en Illinois.

“Cuando piensan sobre aumentar la actividad física, la gente no siempre se plantea aumentar su actividad en el trabajo, pero cualquier actividad (de desplazamiento, en el trabajo o en el tiempo libre) puede reducir el riesgo de enfermedad cardiaca”, enfatizó Davidson.

Hu sugirió que las personas intenten aumentar la actividad física en el trabajo, sobre todo porque muchas personas se pasan ahora el día sentadas frente a las computadoras.

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Muchos pacientes cardiacos ponen falsas esperanzas en la angioplastia

Written by corazon on Friday, September 10th, 2010 in Vascular.


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Muchos pacientes cardiacos ponen falsas esperanzas en la angioplastia

Expertos anotan que, en escenarios que no son de emergencia, el procedimiento para abrir las arterias no evita el ataque cardiaco

Por Ellin Holohan
Reportera de Healthday

MIÉRCOLES, 8 de septiembre (HealthDay News/HolaDoctor) — Un estudio reciente señala que muchos pacientes cardiacos albergan la errada esperanza de que la angioplastia, un procedimiento común para abrir arterias obstruidas, reduzca también sus probabilidades de ataque cardiaco y muerte.

De hecho, la evidencia sugiere que la angioplastia únicamente reduce la angina (el dolor en el pecho de origen cardiaco) en pacientes cardiacos estables, aquellos cuya condición no ha cambiado recientemente y no están experimentando un ataque cardiaco. El procedimiento no reduce el riesgo de ataque cardiaco ni de muerte para estos pacientes.

Sin embargo, el nuevo estudio halla que 88 por ciento de los pacientes estables que se sometieron a angioplastia en un hospital de Massachusetts pensaban que el procedimiento reduciría el riesgo de ataque cardiaco. Además, dos terceras partes de los pacientes ni siquiera sufrieron el tipo de dolor que la angioplastia posiblemente remediaría, según anotaron los autores del estudio.

Además, la mayoría de los pacientes mantuvo su creencia incluso luego de pasar algún tiempo con un cardiólogo que les explicó los riesgos y beneficios, y les pidió firmar un formulario de consentimiento informado antes de la angioplastia.

El estudio “muestra la desconexión entre lo que saben los médicos y lo que entienden los pacientes. Para tener consentimiento informado real, los pacientes necesitan comprender no solo los riesgos sino los beneficios de cualquier tratamiento que se les proponga”, señaló el Dr. Michael Rothberg, autor del estudio, de la división de medicina general y geriatría del Centro Médico Baystate de Springfield, Massachusetts.

Los hallazgos fueron publicados en la edición del 7 de septiembre de Annals of Internal Medicine.

Durante una angioplastia, se introduce un tubo por la ingle que se guía hasta la arteria afectada, en donde un balón abre la obstrucción. Con frecuencia, se implanta una endoprótesis vascular o stent (un tubo de malla flexible) para ayudar a mantener la arteria abierta y permitir el flujo sanguíneo. La angioplastia conlleva algunos riesgos, pero los expertos anotan que el índice de mortalidad durante el procedimiento es inferior a uno por ciento.

En el estudio, los pacientes se sometieron a procedimientos de diagnóstico con catéter por diversas razones, como prueba de esfuerzo positiva, falta de aire, ataque cardiaco anterior u otras afecciones cardiacas.

La angioplastia con frecuencia se realiza al mismo tiempo si se encuentra una obstrucción. Se exigió el consentimiento informado del paciente para ambos procedimientos.

En el estudio participaron 153 pacientes con enfermedad cardiaca estable que tenían niveles variables de síntomas. Según los autores, menos de la tercera parte (31 por ciento) de los que aceptaron someterse a cateterización cardiaca opcional tenían el tipo de angina que limita las actividades que podría esperarse que la angioplastia alivie.

Aún así, casi las tres cuartas partes de todos los pacientes continuaban creyendo que si no se sometían a angioplastia sufrirían un ataque cardiaco durante los siguientes cinco años.

En comparación, 63 por ciento de los cardiólogos encuestados en el estudio tenían en cuenta que para los pacientes cardiacos estables, el procedimiento reduce principalmente el dolor (de la angina) y mejora la calidad de vida.

Los autores también anotaron que estos beneficios con frecuencia se pueden lograr únicamente con medicamentos.

Sólo los pacientes que en realidad tengan un ataque cardiaco o evento coronario pueden esperar una reducción del riesgo de ataques cardiacos futuros y muerte por angioplastia, según investigaciones anteriores citadas en el estudio.

La cantidad de angioplastias realizadas a pacientes cardiacos estables en realidad se ha reducido recientemente, señala Rothberg. Según la American Heart Association, AHA, cerca de 1.3 millones de esos procedimientos se realizan en los EE. UU. cada año.

El Dr. Henry H. Ting, decano asociado de calidad y profesor de medicina de la Clínica Mayo de Rochester, Minnesota, señaló que no le sorprendían los hallazgos del estudio.

Ting señaló una encuesta de la Clínica Mayo que halló que 80 por ciento de los pacientes firmaron formularios de consentimiento que no habían leído, y que no conocían ni los riesgos ni los beneficios del tratamiento al que se estaban sometiendo.

Ting, que realiza investigaciones sobre el consentimiento informado, señaló que el problema de la comprensión del paciente no se limita a la angioplastia sino que es común en muchas áreas de la medicina.

“[Como médicos] no hacemos un buen trabajo de transferencia de conocimientos de manera que pacientes y parientes puedan entender”, señaló Ting. “Los gráficos y diagramas no van a funcionar para muchos de nuestros pacientes”.

Una razón por la que los pacientes no entiende bien es la creencia común, que cita el estudio, de que si se ofrece un tratamiento, seguramente debe tener beneficios curativos.

Además, el Dr. Gregg C. Fonarow, jefe asociado de la división de cardiología de la facultad de medicina de la Universidad de California en Los Ángeles, señaló que “no resulta contraintuitivo para los pacientes concluir” que, si la angioplastia abre la arteria, esto reducirá sus riesgos de ataque cardiaco y muerte, aunque no sea cierto.

Fonarow, quien también es profesor de medicina cardiovascular y ciencia en la facultad, asegura que “la importancia de este estudio no radica en que los pacientes no deberían haberse sometido al procedimiento”. En cambio, dijo, el estudio resalta las distintas perspectivas de los médicos y de sus pacientes.

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Un estudio holandés halla que consumir pequeñas cantidades de margarina todos los días no previene los problemas cardiacos

Por Alan Mozes
Reportero de Healthday

DOMINGO, 29 de agosto (HealthDay News/HolaDoctor) — La mayoría de los pacientes cardiacos que toman suplementos de ácidos grasos omega-3 a baja dosis no parecen obtener ninguna protección adicional contra más problemas cardiacos, advierte una nueva investigación holandesa.

De hecho, ni las dosis bajas de ácido docosahexaenoico (DHA) y ácido eicosapentanóico (EPA), que se encuentran en el aceite de pescado, ni de ácido alfa-linolénico (ALA), derivados de nueces y aceites vegetales varios, aporta ningún beneficio a la gran mayoría de los pacientes cardiacos, según el estudio.

Los científicos se centraron en los pacientes que ya tomaban medicamentos para controlar la presión arterial, el colesterol y coágulos potenciales. Por tanto, los investigadores plantearon la teoría de que el pobre desempeño de los suplementos podría reflejar simplemente el poder abrumador de los medicamentos.

El autor del estudio, Daan Kromhout, de la división de nutrición humana en la Universidad de Wageningen en Holanda, tenía previsto presentar los hallazgos el domingo en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología en Estocolmo, el estudio también aparecerá al mismo tiempo en la edición en línea de la New England Journal of Medicine.

En el estudio, los investigadores se centraron en un grupo de más de 4,800 pacientes de ataque cardiaco holandeses de 60 a 80 años, de los cuales un poco más de la tres cuarta parte eran hombres.

Todos habían sufrido un ataque al corazón en algún momento durante la década anterior al estudio y todos tomaban medicamentos para la presión arterial, anticoagulantes y estatinas.

Al comienzo del estudio, a los pacientes se les pidió que consumieran (en un período de poco más de tres años) uno de cuatro diferentes tipos de margarinas: una complementada con ácidos grasos omega-3, otra con ALA de origen vegetal; otra complementada con ácidos grasos omega-3 y ALA y otra sin suplementos.

La cantidad de suplemento añadido a las margarinas se consideró de “baja dosis”. Durante el estudio, los pacientes consumieron un promedio de 18.8 gramos de margarina por día, lo que equivale a la ingestión de un promedio de 226 miligramos de EPA en combinación con 150 mg de ácido graso omega-3 DHA y / o 1.9 gramos de ALA.

Al final del estudio, casi el 14 por ciento de los pacientes de ataque cardiaco habían experimentado otro “evento cardiovascular importante”, y algunos casos terminaron en la muerte.

Ninguno de los suplementos a baja dosis pareció evitar tales acontecimientos en la mayoría de los pacientes. Una excepción pareció darse entre las mujeres que consumían ALA; los investigadores observaron una reducción de 27 por ciento en el riesgo de nuevas complicaciones cardiacas, a pesar de que la reducción no alcanzó una significación estadística.

El resultado final del Ensayo Alpha Omega es que los ácidos grasos[omega 3] no redujeron el principal criterio de valoración de los eventos cardiovasculares mayores”, señaló Kromhout y apuntó que el hallazgo del ALA amerita confirmarse en otros estudios.

El doctor Murray A. Mittleman, director de la unidad de investigación de epidemiología cardiovascular en el Centro Médico Beth Israel Deaconess de la Facultad de medicina de Harvard en Boston, dijo que “estos resultados no le sorprendieron”.

“Otros estudios han demostrado que los ácidos grasos omega-3 no ofrecen ningún beneficio, que no sea específicamente la protección contra la muerte cardiaca relacionada con la arritmia en pacientes que han sobrevivido a un ataque al corazón”, señaló Mittleman. Es durante este período agudo después del ataque, explicó, cuando los pacientes son más vulnerables a un evento subsiguiente.

“Pero aquí, en algunos casos a los pacientes analizados se les dio seguimiento durante varios años desde su primer ataque al corazón cuando comenzaron a tomar estos suplementos”, enfatizó. “Así, que es una gran diferencia en cuanto al tipo de paciente examinado. Además, tampoco tomaron en cuenta enfermedades evitables, sino sólo los eventos cardiacos que ocurrieron posteriormente. Igualmente, las dosis de suplemento utilizadas son muy bajas, mucho menores que las usadas en estudios previos”.

“Por lo tanto, las grandes diferencias en el diseño del estudio podrían ser las que den cuenta de este nuevo hallazgo”, advirtió Mittleman. “En cualquier caso, creo que este asunto amerita de todos modos una mayor investigación”.

El Dr. Gregg C. Fonarow, profesor de cardiología de la Universidad de California en Los Ángeles, estuvo de acuerdo.

“Es posible que las mejoras en otros tratamientos para pacientes con ataques cardiacos hayan hecho que los suplementos de aceite de pescado sean menos importante para reducir el riesgo cardiovascular”, reconoció. “Pero también es posible que las diferentes dosis usadas en el estudio en comparación con trabajos de investigación anteriores hayan marcado la diferencia en el resultado. Las dosis aquí usadas quizá fueron demasiado bajas, mientras que las dosis más altas que se administran inmediatamente después de un ataque al corazón pueden ofrecer alguna protección”.

“Así que diría”, añadió Fonarow,” que de ninguna manera es la última palabra sobre los ácidos grasos omega-3 y la salud cardiovascular”.

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El tiempo más frío incrementa el riesgo de ataque cardiaco

Written by corazon on Saturday, August 14th, 2010 in Cardiovascular, Vascular.

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Un estudio halla que incluso las reducciones ligeras en la temperatura incrementan las probabilidades durante las semanas siguientes

Por Alan Mozes
Reportero de Healthday

MARTES, 10 de agosto (HealthDay News/HolaDoctor) — Una investigación británica reciente indica que apenas una ligera reducción en la temperatura al aire libre puede implicar mayor riesgo de ataque cardiaco durante el mes siguiente.

A partir de nuestro análisis de los registros de temperatura de más de 84,000 admisiones hospitalarias por ataque cardiaco que tuvieron lugar durante un período de tres años entre 2003 y 2006 en Inglaterra y Gales, el estudio reveló que una reducción de apenas 1 grado Celsius (1.9 grados Fahrenheit) en un día hace surgir un aumento acumulado de 2 por ciento en la cantidad de ataques cardiacos durante las semanas siguientes.

“Un dos por ciento podría parecer muy poco”, anotó Krishnan Bhaskaran, autor del estudio, estudiante de posgrado en investigación y uno de los profesores de epidemiología y salud de la población de la Escuela de Medicina Tropical e Higiene de Londres. “Sin embargo, cualquiera está expuesto a cambios en el estado del tiempo y los ataques cardiacos son de por sí comunes. Entonces, este dos por ciento implicaría cantidades sustanciales de ataques cardiacos adicionales, cerca de 200 por cada reducción de un grado en el Reino Unido, donde se realizó el estudio”.

“Los ancianos y los que ya tenían problemas cardiacos parecieron particularmente vulnerables a los efectos de las reducciones en la temperatura”, agregó Bhaskaran.

Bhaskaran y sus colegas informan sobre sus hallazgos en la edición en línea del 10 de agosto de la British Medical Journal.

Luego de tener en cuenta la contaminación del aire, los antecedentes de influenza y las tendencias a largo plazo en el estado del tiempo, los autores hallaron que otro 2 por ciento del riesgo de ataque cardiaco luego de una reducción de un grado Celsius duró unos 28 días. El mayor aumento en el riesgo tiene lugar durante las primeras dos semanas luego de la reducción en la temperatura.

Bhaskaran señaló que las investigaciones anteriores han sugerido que, a medida que la temperatura se reduce, la presión arterial aumenta, lo que hace que la sangre sea más espesa e incrementa el esfuerzo del corazón, una secuencia de eventos que podría explicar el aumento en el riesgo.

Al recalcar que la relación entre el aumento en las tasas de mortalidad y un tiempo más frío es un fenómeno global, sugirió una serie de pasos que las personas, no importa el lugar, pueden dar para minimizar ese riesgo cardiovascular.

“No podemos controlar el tiempo, pero sí nuestra respuesta a él”, dijo. “Hay algunas medidas de sentido común simples que la gente podría tomar para reducir su propio riesgo personal en tiempo frío. Pueden ponerse ropa más abrigada, calentar la casa adecuadamente si es posible y limitar la cantidad de tiempo que pasan al aire libre, sobre todo si el tiempo es muy frío”.

“Por supuesto, la gente a la que se han recetado medicamentos regulares como aspirina para controlar su riesgo de problemas cardiacos, también debe recordar tomarlos”, recomendó Bhaskaran.

El Dr. Gregg C. Fonarow, profesor de cardiología de la Universidad de California, en Los Ángeles, anotó que los hallazgos se deben poner en contexto.

Este estudio complementa hallazgos anteriores que relacionan la reducción en la temperatura con el aumento en la mortalidad “cuantificando la magnitud del riesgo con cada cambio de un grado en la temperatura exterior promedio y el exceso en el riesgo de [ataques cardiacos]“, dijo, y agregó que examina qué individuos parecen ser los más susceptibles.

Sin embargo”, agregó Fonarow, “es importante mantener en perspectiva que el riesgo de ataque cardiaco relacionado con la temperatura exterior es relativamente pequeño”. Las consecuencias para la salud pública e individual son muy reducidas en comparación con los riesgos relacionados con el tabaquismo, la obesidad, la inactividad física, la hipercolesterolemia, la hipertensión arterial y otros factores de riesgo bien establecidos”.

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