Archive for March, 2010

Cómo afectan las emociones al corazón

Written by corazon on Tuesday, March 30th, 2010 in Cardiovascular, Vascular.

Tener un carácter optimista disminuye el riesgo de sufrir enfermedad cardiaca, mientras que el pesimismo provoca una salud física más frágil

La salud es el resultado del equilibrio entre cuerpo y mente. Por este motivo, cada vez se da mayor énfasis a los aspectos psicológicos, tanto en la salud como, sobre todo, en la enfermedad. Por primera vez se ha evidenciado que las personas que se sienten felices y contentas son menos vulnerables al desarrollo de enfermedad cardiaca coronaria, comparadas con quienes tienden al pesimismo, la tristeza o a sentirse desgraciadas. Además, tener una actitud positiva ante la vida la alarga y, en caso de enfermedad, ayuda a reforzar el sistema inmunitario. Incluso es un factor importante en el proceso de recuperación de determinadas patologías, como el cáncer.

* Autor: Por MONTSE ARBOIX
* Fecha de publicación: 26 de marzo de 2010

Es evidente que las emociones influyen en la salud. Por un lado, las positivas ayudan a resistir dificultades y facilitan la recuperación tras una enfermedad. Por otro, las negativas, como la hostilidad, la ira, el estrés, la depresión o la tristeza hacen a las personas más vulnerables frente al desarrollo de determinadas dolencias. Ahora, por primera vez, se ha demostrado la relación inversamente proporcional entre enfermedad cardiaca coronaria y emociones positivas.

Para llegar a este argumento, el equipo de Karina Davidson, del Centro de Salud Cardiovascular Conductual de la Universidad de Columbia, en Nueva York (EE.UU.), evaluó el riesgo de enfermedad cardiaca en 862 hombres y 877 mujeres, que siguieron durante 10 años, y analizaron los síntomas de depresión, ira, preocupación y grado de expresión positiva. Las conclusiones, publicadas en la revista “European Heart Journal”, son claras: sentirse feliz y ser entusiasta es un punto a favor contra el riesgo de desarrollar enfermedad cardiaca. Sin embargo, los expertos insisten en que para realizar recomendaciones faltan todavía más ensayos clínicos que lo corroboren.

Ser optimista, la clave para una vida larga

Tener una actitud optimista no sólo permite disfrutar mejor de la vida, sino que también la alarga en el tiempo. Ésta es una de las conclusiones que ya se extrajo en la Reunión Anual de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, en el curso “Emociones y Bienestar”. La felicidad mejora la calidad de vida de las personas, protege su sistema inmune (que identifica y elimina las células patógenas y tumorales del organismo) contra enfermedades y ayuda a recuperarse de determinadas patologías. Además, ante manifestaciones de impaciencia, irritabilidad u hostilidad se eleva la tensión arterial, uno de los factores de riesgo cardiovascular. Incluso, para algunos autores, la relevancia de los aspectos psicológicos constituye un riesgo tan significativo como el hábito tabáquico, la hipercolesterolemia o la misma hipertensión.

La evidencia científica disponible sostiene estos argumentos sobre las emociones. En el ámbito oncológico, hay investigaciones que demuestran la relación entre las expectativas positivas de los pacientes con cáncer y los resultados clínicos que se obtienen. En situaciones de riesgo de cáncer hereditario, como el de colón, tanto el paciente como la familia manifiestan altas dosis de estrés. Por este motivo, en unidades de consejo genético, la tarea de los psicooncólogos es promover la actitud positiva ante la patología.

Pacientes con cáncer

Una investigación del Hospital Universitario 12 de Octubre, realizada por el servicio de Oncología Médica y la Unidad de Psicooncología, muestra la relación entre la adaptación psicosocial del paciente con cáncer y su familia. Para su desarrollo, se utilizaron un cuestionario sociodemográfico y clínico, la escala de Ansiedad y Depresión Hospitalaria (HDA), el Cuestionario de Calidad de Vida (CCV) -que mide la satisfacción general- y el APGAR familiar que analiza el funcionamiento del grupo familiar.

Los resultados reflejan que la ansiedad de la familia es superior a la del paciente. Las dos partes se adaptan de forma distinta a la situación patológica, de ahí que los psicólogos deban atender sus necesidades de manera conjunta y también de forma independiente, y fomentar una buena comunicación afectiva o emocional entre las dos partes implicadas. No es fácil porque, a menudo, los temas asociados con las emociones o con la muerte dificultan la comunicación entre los miembros de una familia, por muy unidos que estén, pero si el paciente percibe tan bien como sea posible su situación, la familia también lo hace y mejora la vivencia de la enfermedad y la calidad de vida.

En la misma línea están los resultados de un estudio publicado en “Journal of Clinical Oncology” en 2003, que señalaba que una actitud optimista predice la supervivencia en un año, tras el diagnóstico en pacientes con cáncer de cuello y cabeza. Según los investigadores, los pacientes más optimistas tenían más posibilidades de vivir después del primer año del diagnóstico. Para los especialistas, las conclusiones son evidentes: el pesimismo como actitud de vida provoca una salud física más frágil, más depresión y un rango de mortalidad mayor.

CONTROLAR LA IRA

A pesar de que algunos estudios ya apuntaban que momentos álgidos de estrés podían provocar muerte súbita en personas en riesgo, un estudio reciente publicado en la revista “Journal of the American College of Cardiology” asegura que enfadarse provoca tales cambios en la actividad eléctrica del corazón, que se podrían predecir futuras arritmias ventriculares letales y, en consecuencia, paradas cardíacas repentinas, sobre todo en pacientes con alteraciones cardíacas previas, como son quienes portan un desfibrilador automático implantado.

Especialistas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale (EE.UU.) sometieron a 62 pacientes con desfibrilador automático y antecedentes de enfermedad coronaria o cardiomiopatía dilatada a un test de estrés, donde se preguntaba por alguna situación reciente en la que hubieran manifestado mucho enfado o irritabilidad. Se analizaron los registros de electrocardiograma y se siguió durante 37 meses a los pacientes para establecer cuál de ellos tenía arritmias que era necesario interrumpir con desfibrilación.

El estudio concluyó que las emociones fuertes incrementan la excitación del sistema nervioso simpático (relacionado con situaciones de emergencia y con la respuesta de lucha o huida; inhibe el tracto digestivo, dilata las pupilas, y acelera la frecuencia cardiaca y respiratoria) y que los pacientes a quienes se inducía el enfado tenían más probabilidades de experimentar arritmias. Los especialistas sugieren que los ensayos de electrografía, junto con nuevos test de estrés mental, podrían ayudar a seleccionar mejor a los pacientes con arritmias que se pueden beneficiar de la implantación de un desfibrilador y de la ayuda de un profesional que ofrezca herramientas para un mejor manejo del mal humor.

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El Club de Prensa clausura en San Isidoro las II Jornadas de Divulgación de la Investigación Biomédica, que han repasado los estudios más punteros en León

La hipertensión es la primera causa que está detrás de todos las muertes, seguida del tabaco. Hipertensión y tabaco fueron las dos palabras protagonistas que más se oyeron ayer, y no para bien, en la clausura de las II Jornadas de Investigación Biomédica en León, organizadas por el Club de Prensa del Diario de León con la colaboración de Instituto de Biomedicina y Fundación Sanitaria. El acto no contó con la presencia del director general de Salud Pública, como estaba previsto, por encontrarse en un atasco en la carretera, debido a un accidente de tráfico. En su lugar, clausuró las jornadas el gerente de Atención Primaria, Antonio Díez Astorgano, junto al rector de la ULE, José Ángel Hermida.

«Si bajamos la presión máxima diez milímetros y la mínima cinco, reducimos a la mitad los ictus y un 30% las enfermedades coronarias», explicó el médico Javier García-Norrro, que, junto a la enfermera de su consulta en el ambulatorio de la Condesa, ha realizado un estudio en el que demuestra un buen protocolo asistencial logra un grado de control de la tensión del 69%. «Los hipertensos controlados no alcanza el 45%». El estudio demuestra que el 89% de los pacientes que se toman la tensión en casa, adiestrados en las consultas y con pautas de hábitos saludables, tienen un buen control sobre su tensión.

Perimenopausia. El estudio presentado por el médico y profesor de Salud Pública, Serafín de Abajo Olea, en el que han participado 513 mujeres perimenopáusicas (entre los 45 y los 55 años) evidencian que la población de Castilla y León disfruta de una mejor salud cardiovascular que el resto de las comunidades. Destacó el papel de los estrógenos en la protección cardiovascular de las mujeres. El estudio demuestra que el 48% de las mujeres de esta edad son hipertensas y que el 12% lo desconoce. Los médicos de Cantabria, Castilla y León y Asturias, demuestran también que un abdomen de más de 88 centímetros es un riesgo de enfermedad cardiovascular. Sin embargo, no han encontrado evidencias de que aumente el riesgo de diabetes. «Hay que prestar una especial atención a la salud cardiovascular y fomentar hábitos saludables».

El médico Ángel Díaz Rodríguez, que presentó el estudio sobre la Enfermedad Pulmonar Obstructiva (Epoc) en la provincia de León, instó a las autoridades sanitarias a invertir en las campañas de deshabituación ya que el tabaco es el principal causante de esta enfermedad que afecta en León al 85% de los hombres y al 14,4% de las mujeres y avisó que «la espirometría es la asignatura pendiente, debemos formar a los médicos e invertir recursos para destapar la enfermedad».

El profesor Vicente Martín, del grupo de Salud Comunitaria, expuso las líneas de investigación abiertas sobre el cáncer de mama, colon y estómago. Destacó el incremento de la mortalidad por cáncer de estómago en León, «el 50% con respecto al resto de España» y argumentó que las causas ambientales pueden estar detrás de esta estadística.

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Un estudio podría ofrecer, finalmente, pruebas de que reemplazar las grasas saturadas conlleva beneficios cardiacos

MARTES, 23 de marzo (HealthDay News/DrTango) — Reemplazar las grasas saturadas por grasas poliinsaturadas podría reducir el riesgo de enfermedad cardiaca, según sugiere una investigación reciente.

Investigadores de la Facultad de salud pública de la Harvard revisaron ocho estudios con un total de 13,614 participantes y encontraron que los que reemplazaron las grasas saturadas por poliinsaturadas en su dieta obtuvieron una reducción de 19 por ciento en el riesgo de enfermedad de la arteria coronaria, frente a los que no hicieron dicho cambio.

Por cada aumento de cinco por ciento en el consumo de grasa poliinsaturada (que se encuentra en la mayoría de aceites vegetales), el riesgo de enfermedad cardiaca coronaria se redujo en diez por ciento, según el estudio que aparece en la edición en línea del 23 de marzo de la revista PLoS Medicine.

Durante casi seis décadas, se ha aconsejado a los estadounidenses reducir su consumo de grasas saturadas, como la mantequilla, para prevenir la enfermedad cardiaca, pero ha habido pocas pruebas científicas de que hacerlo en realidad reduce el riesgo cardiaco, según los investigadores. Dijeron que este estudio contiene evidencia concluyente a partir de ensayos clínicos aleatorios de que sí existe un beneficio de cambiarse de grasas saturadas a poliinsaturadas.

Durante las últimas décadas, las grasas saturadas de la dieta estadounidense fueron reemplazadas en general mediante un mayor consumo de carbohidratos y granos refinados.

“El nutriente específico con que se reemplaza la grasa saturada podría ser muy importante. Nuestros hallazgos sugieren que las grasas poliinsaturadas serían un reemplazo preferente para las saturadas para una mejor salud del corazón”, aseguró en un comunicado de prensa el autor principal del estudio Dariush Mozaffarian, profesor asistente del departamento de epidemiología de la Facultad de salud pública de la Harvard y del departamento de medicina de la Facultad de medicina de la misma universidad.

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Los expertos señalan que esto incrementará las probabilidades de supervivencia

MARTES, 16 de marzo (HealthDay News/DrTango) — Un estudio reciente sugiere que las mujeres que sufren un ataque cardiaco son más propensas a sobrevivir si reciben los mismos tratamientos invasivos que los hombres.

Investigadores franceses analizaron más de 3,000 pacientes ingresados en el hospital por ataque cardiaco y encontraron que las mujeres eran 57 menos propensas que los hombres a someterse a una angiografía, un procedimiento que identifica arterias obstruidas. Entre los pacientes con una forma especialmente grave de ataque cardiaco llamada infarto de miocardio con elevación del segmento ST, los hombres tenían 72 por ciento más probabilidades de recibir medicamentos diluyentes de coágulos y 24 por ciento más probabilidades de someterse a una angioplastia, un procedimiento para reabrir una arteria obstruida.

Además, los autores del estudio apuntaron que las mujeres eran más propensas que los hombres a morir durante su primera estancia en el hospital (9.7 por ciento frente a 5 por ciento) y a tener otro ataque cardiaco en un intervalo de un mes (12.4 por ciento frente a 7 por ciento).

Sin embargo, cuando los investigadores usaron un modelo estadístico especial para comparar pacientes según las características clínicas y tratamientos de referencia, las tasas de mortalidad eran similares entre hombres y mujeres.

“Esto sugiere que podríamos reducir la mortalidad en pacientes de sexo femenino si usamos más procedimientos invasivos. Cuando no existan contraindicaciones claras, las mujeres deberían ser tratadas con todas las estrategias recomendadas, incluidas las estrategias invasivas”, señaló en un comunicado de prensa del American College of Cardiology el Dr. Francois Schiele, profesor de cardiología y director de cardiología del Hospital Universitario de Besancon.

Se tenía previsto presentar el estudio el martes en la sesión científica anual del American College of Cardiology en Atlanta.

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Adolescentes con riesgo cardiovascular

Written by corazon on Tuesday, March 16th, 2010 in Cardiovascular, Vascular.


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El 40% de los jóvenes podría sufrir problemas cardiovasculares en la etapa adulta motivado por el sedentarismo

El número de jóvenes con problemas de obesidad crece de manera continua. Como consecuencia aumentan los problemas que derivan de ella: el 40% de los adolescentes tienen riesgo de enfermedad cardiovascular. Es previsible que cada vez sean más quienes estén en esta situación y sufran en la etapa adulta este tipo de problemas, a pesar de que varios programas dedicados a la promoción del deporte en la etapa infantil y en la adolescencia intentan reducir las cifras. El sedentarismo juega un papel mucho más importante del que se pensaba hasta ahora: las horas de ocio sedentario son las que más influyen en el incremento del riesgo cardiovascular, con independencia de la actividad física que se realice.

* Autor: Por NÚRIA LLAVINA RUBIO
* Fecha de publicación: 15 de marzo de 2010

Una gran parte de la población vive en un ambiente “obesogénico”. Éste se caracteriza por posibilitar un acceso fácil a alimentos de gran palatabilidad (conjunto de calidades sensoriales) y energía, así como por restringir y desincentivar la realización de actividad física. La Sociedad Española de Cardiología lanza esta advertencia. La falta de actividad física se ha reforzado a consecuencia de la cantidad de horas que los niños pasan sentados en la escuela, el uso del transporte motorizado para desplazarse y la proliferación de actividades de ocio tecnológico, que incitan al sedentarismo, entre otros.

El problema ha llegado a tal punto, que datos del Instituto Nacional de Estadística de finales de 2009 consideraban que la obesidad en los jóvenes es uno de los tres principales problemas de salud de los ciudadanos, junto con el tabaquismo y el dolor de espalda. Un informe realizado por el Centro Cochrane Iberoamericano, del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, asevera que el 40% de los adolescentes tienen ya, a estas edades tempranas, riesgo de enfermedad cardiovascular.

Sedentarismo, la clave

Aunque los jóvenes decidan practicar un deporte, el abuso del ocio sedentario aumenta el incremento del riesgo cardiovascular, con independencia del ejercicio que se realice. Según el estudio AFINOS, elaborado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en colaboración con el Departamento de Educación Física, Deporte y Motricidad Humana de la Universidad Autónoma de Madrid y el Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Complutense de la misma ciudad, no sólo es importante realizar actividad física de forma consciente. Lo fundamental es reducir el tiempo sedentario, es decir, el número de horas con bajo consumo energético. El trabajo, publicado en la “Revista Española de Cardiología”, sugiere que sólo así podrá evitarse el mayor riesgo cardiovascular global.

Los resultados de AFINOS muestran que los jóvenes que dedican más tiempo a conductas sedentarias tienen cifras más altas de presión arterial, triglicéridos y glucosa, así como mayor riesgo cardiovascular global, del mismo modo que también tienen mayor nivel de acumulación de tejido adiposo, general y abdominal. Además, se ha demostrado que los adolescentes con sobrepeso que son sedentarios, incrementan todavía más el riesgo cardiovascular.

Otras conclusiones detectaron diferencias entre sexos. Las chicas con alto nivel de sedentarismo registraron mayores tasas de colesterol “perjudicial”, mientras que los chicos destacaron por presión arterial y concentración de glucosa más alta. Respecto a los niveles de grasa, ellas destacan por una mayor adiposidad general y ellos, por más obesidad abdominal. Los especialistas creen que los resultados obtenidos animan a elaborar recomendaciones con el fin de reducir el tiempo que niños y adolescentes permanecen inactivos, así como la importancia de tener en cuenta las conductas sedentarias como parte de la estrategia en la prevención del desarrollo prematuro de riesgo cardiovascular en la infancia y en la adolescencia.

Cambiar hábitos

Según datos en población española del “Health Behaviour School Children Study”, en torno al 44% de los adolescentes ve la televisión más de tres horas al día y un 30% dedica entre tres y más horas al ordenador. Por otro lado, un trabajo de la investigadora Itziar Hoyos Cillero, profesora colaboradora de la Escuela Universitaria de Enfermería de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), analizaba en 2008 el grado de sedentarismo de los universitarios.

Las conclusiones fueron rotundas: casi la mitad de los alumnos dejan de hacer deporte en el paso entre el bachillerato y la universidad. Las razones que argumentan son la falta de tiempo y de ganas. Por último, un estudio reciente publicado en la revista “Archivos de Medicina del Deporte”, llevado a cabo entre 18.000 adolescentes españoles de 13 a 18 años, concluye que el sedentarismo afecta al 41% de los niños y al 52% de las niñas, mientras que la hipertensión es un problema para el 40% de los chicos y el 25% de las chicas.

Para hacer frente a estos hábitos sedentarios, la clave es potenciar los juegos en espacios públicos a la salida de la escuela, promover la actividad física en familia los fines de semana y dormir lo suficiente. Son datos del Programa Thao de prevención de la obesidad infantil, que se realiza en el ámbito municipal de todo el territorio español, en colaboración con la Fundación Española de la Nutrición (FEN). Estos mismos objetivos persiguen la Escuela para prevenir la obesidad infantil y la Guía de Salud y Deporte de CONSUMER EROSKI, que proporcionan, de manera on line, herramientas para aprender a alimentarse y a practicar deporte, de forma sana, equilibrada y divertida.

Más deporte, menos sedentarismo

El Programa Thao, además, destaca que durante los fines de semana, el tiempo dedicado a la actividad física se reduce de manera considerable a menos de una hora al día (hasta un 43% de los jóvenes no realizan ninguna actividad o deporte los domingos). Por el contrario, se incrementa de forma notable el tiempo dedicado a actividades sedentarias relacionadas con las nuevas tecnologías, sobre todo, el uso de consolas y ordenadores. Los datos constatan que la utilización de estos aparatos se incrementa hasta un 82,5% los sábados y domingos. Los expertos remarcan la importancia de los progenitores para potenciar la actividad física de sus hijos.

La promoción del deporte es otra de las claves para reducir los hábitos sedentarios. En España ya se han llevado a cabo varios programas, como PATH (“Physical Activity and Teenage Health”), que informa sobre temas relacionados con la salud, educar para conseguir un cambio de hábitos y fomentar el ejercicio o entrenamiento físico. Por otro lado, según Thao, hay que ayudar a los niños a descubrir los deportes que más les motiven y fomentar el desarrollo de los espacios públicos donde jugar de manera activa al salir de la escuela. Su programa se titula “3,2,1… ¡Adelante! La actividad física es diversión y salud!” y reúne múltiples propuestas para incrementar el tiempo dedicado a la actividad física y hacer frente al sedentarismo.

IMAGINACIÓN PARA PROMOVER EL DEPORTE

Es complicado luchar contra los videojuegos e Internet, una de las mayores distracciones actuales de los jóvenes. Son muchas las estrategias que se llevan a cabo en todo el mundo para promocionar el deporte y reducir las tasas de obesidad y sedentarismo. Varios estudios intentan encontrar alternativas a las campañas convencionales para conseguir que más adolescentes se adhieran a hábitos saludables.

Un estudio reciente de la Universidad de Leeds (Reino Unido), publicado en la revista “Journal of Health Psychology”, ha constatado que cuando la actividad física se estimula con el fomento de máximas como “serás más feliz”, los resultados son mejores que con motivos racionales como “estarás más sano”. Las estrategias actuales sólo se dirigen a explicitar las mejoras para la salud que representa la práctica de ejercicio físico. No obstante, los expertos aún estudian los motivos de tales resultados, aunque una de las hipótesis apunta que los beneficios emocionales son más inmediatos que los racionales.

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Un estudio de tamaño reducido sugiere que las personas de mayor edad que tienen enfermedad cardiaca son más susceptibles a problemas potenciales

Por Alan Mozes
Reportero de Healthday

JUEVES, 4 de marzo (HealthDay News/DrTango) — Un estudio reciente sugiere que los viajes en avión podrían incrementar el riesgo de arritmias cardiacas entre los adultos mayores que tienen antecedentes de enfermedad cardiaca.

El hallazgo surge de una evaluación de un grupo pequeño de personas, algunas de las cuales tenían antecedentes de enfermedad cardiaca, a las que se observó en un ambiente que simulaba condiciones de vuelo.

“La gente nunca piensa en el hecho de que subirse a un avión es básicamente como escalar desde el nivel del mar a una montaña de 2,500 m (8,000 pies)”, señaló Eileen McNeely, autora del estudio e instructora del departamento de salud ambiental de la Facultad de salud pública de la Harvard en Boston. “Desafortunadamente, eso puede resultar en un esfuerzo muy grande para el corazón, sobre todo para los adultos mayores que tienen enfermedad cardiaca subyacente”.

McNeely y su equipo tienen previsto presentar sus hallazgos el jueves en la conferencia anual Prevención y Epidemiología de la Enfermedad Cardiovascular de la American Heart Association en San Francisco.

Los autores anotaron que la causa principal de emergencias médicas durante los vuelos son los desmayos, y que sentir que se pierde el conocimiento o estar mareado se ha relacionado anteriormente con la exposición a la altitud extrema y la arritmia, incluso entre atletas de elite que por lo demás son individuos saludables.

Para evaluar cómo podrían afectar los viajes comerciales rutinarios en avión la salud cardiaca, McNeely y sus colegas reunieron a cuarenta hombres y mujeres y los pusieron en una cámara hipobárica que simulaba el ambiente atmosférico que un pasaje de un vuelo experimentaría generalmente a una altura de 2,134 metros (7,000 pies).

La edad promedio de los participantes era de 64 y a la tercera parte se le había diagnosticado anteriormente enfermedad cardiaca.

Durante dos días, se expuso a todos los participantes a dos sesiones de cinco horas en una cámara hipobárica, una que reflejaba condiciones simuladas a las de una vuelo y otra que reflejaba condiciones atmosféricas similares a las experimentadas al nivel del mar.

Durante el experimento, el equipo de investigación monitorizó los ritmos respiratorio y cardiaco, en este último para determinar específicamente si las condiciones de vuelo suscitarían latidos adicionales en alguna de las dos cámaras del corazón.

El riesgo absoluto de experimentar latidos adicionales no pareció mayor mientras los pasajeros estaban en condiciones de vuelo. Sin embargo, en situaciones en las que había ocurrido irregularidad cardiaca, los autores hallaron que el riesgo de experimentar un índice superior de dichos latidos, fue “significativamente mayor” mientras estaban en vuelo entre los pasajeros que tenían antecedentes de enfermedad cardiaca.

Un total de ocho participantes a los que se había diagnosticado enfermedad cardiaca experimentaron un ciclo de dos latidos adicionales de las cámaras inferiores mientras estaban en condiciones de vuelo simuladas, mientras que siete participantes de enfermedad cardiaca diagnosticada experimentaron un ciclo similar de tres o más latidos erráticos.

El equipo de investigación hizo un llamado a más estudios de pasajeros, con y sin afecciones cardiacas, durante un vuelo real para determinar mejor quién podría estar en más riesgo de dichas complicaciones cardiacas.

“El hecho es que volar a 2,500 metros probablemente no sería de ninguna significación para alguien joven y sano”, anotó McNeely. “Pero la cantidad de personas mayores y con frecuencia debilitadas que vuelan es mucho mayor ahora que hace algunos años. Volar se ha hecho más accesible para todos. Además, muchos de los estándares que se establecieron para el transporte ahora se hicieron como resultado de investigaciones de los años cincuenta. Entonces, no tenemos mucha información sobre cómo afecta a ese grupo el transporte aéreo”, agregó.

“Yo diría que podríamos sentirnos más tranquilos al saber que estamos contemplando estadísticas sobre incidentes médicos a bordo de aviones que son muy, muy poco comunes”, señaló McNeely. “Además, es necesario repetir este estudio con un grupo de pacientes más grande. Aún así, podría haber algún riesgo mayor para ciertos grupos. Entonces, yo diría que para los individuos de mayor edad que tienen afecciones cardiacas o pulmonares, vale la pena hablar con el médico y quizá hasta hacerse pruebas preliminares antes de volar”.

El Dr. Samuel Goldhaber, director del grupo de investigación sobre tromboembolia venosa del Hospital Brigham and Women’s de Boston, estuvo de acuerdo en que aunque el estudio es “interesante”, es demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas.

“Debido a que éste es un estudio pequeño de exploración, me parece que debe haber mucho seguimiento”, dijo. “Sin embargo, ciertamente vale la pena explorar aún más porque no estoy seguro de que en cuanto a los vuelos comerciales haya habido un estudio como éste anteriormente”.

Goldhaber agregó que “sabemos que los pacientes sufren embolia pulmonar al volar. Entonces, podemos tener la certeza de que hay un cambio fisiológico durante un viaje aéreo. Sin embargo, aún no contamos con ningún mecanismo aceptable para explicar esto. Entonces, éste es un estudio interesante”.

McNeely señaló que aunque la investigación actual fue financiada en parte tanto por la Administración Federal de Aviación (Federal Aviation Administration, FAA) y The Boeing Co., “los hallazgos y conclusiones son los de los autores y no reflejan el aval de la FAA ni de Boeing”.

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Panel Solar

Este hallazgo podría explicar la relación entre respirar aire contaminado y los problemas cardiacos

JUEVES, 4 de marzo (HealthDay News/DrTango) — La exposición a largo plazo a partículas de la contaminación del aire causada por el tráfico se ha relacionado a un aumento en la presión arterial, informan investigadores de EE. UU.

En el nuevo informe, los investigadores analizaron los datos de 939 participantes del Estudio del envejecimiento normativo, que se sometieron a evaluaciones cada cuatro años entre 1995 y 2006. Se usó un modelo computarizado para calcular la exposición a partículas de la contaminación atmosférica del tráfico de cada participante durante todo el periodo del estudio, y para el año anterior a la evaluación de cada cuatro años.

Una mayor exposición a las partículas de la contaminación del tráfico se asoció con una mayor presión arterial, sobre todo cuando la exposición tenía lugar el año anterior a la evaluación de cuatro años (un incremento de 3.02 mm Hg en la presión arterial sistólica y de 1.96 mm Hg en la diastólica, y un incremento de 2.30 mm Hg en la presión arterial media), informaron los autores del estudio en un comunicado de prensa de la American Heart Association.

Esta relación entre la exposición a largo plazo a las partículas de contaminación del aire del tráfico y una mayor lectura de la presión arterial podría ayudar a explicar la asociación entre la contaminación del tráfico y los ataques cardiacos y las muertes cardiovasculares que han señalado otros estudios previos, señalaron el autor del estudio Joel Schwartz, de la Facultad de salud pública de Harvard en Boston, y colegas en el comunicado de prensa.

Los hallazgos se presentaron el jueves en la conferencia anual Prevención y Epidemiología de la Enfermedad Cardiovascular de la American Heart Association.

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Epilepsia



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