Archive for September, 2010


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Los escáneres de tórax podrían ayudar de manera casual a detectar el riesgo de enfermedad cardiaca

Los radiólogos que revisaron las TC obtenidas por problemas no cardiacos pueden evaluar la salud cardiaca con la misma imagen

MIÉRCOLES, 29 de septiembre (HealthDay News/HolaDoctor) — Una investigación reciente sugiere que los radiólogos pueden usar escáneres de tórax tomados para fines de diagnóstico rutinario, incluso los no relacionados con preocupaciones sobre enfermedad cardiovascular para evaluar señales de riesgo de enfermedad cardiovascular.

“Los radiólogos pueden predecir bastante bien la enfermedad cardiovascular usando hallazgos incidentales de calcificaciones de la pared aórtica en una TC, junto con información mínima sobre el paciente, como la edad, el sexo y la razón por la que se realizó la TC”, explicó en un comunicado de prensa de la Sociedad Radiológica de América del Norte el Dr. Martijn Gondrie del Centro de Ciencias de la Salud y Atención primaria Julius del Centro Médico de la Universidad de Utrecht (Países Bajos).

“Al final, esta estratificación adicional del riesgo realizada fácilmente tiene el potencial de reducir ataques cardiacos futuros u otros eventos cardiovasculares”, agregó Gondrie.

Los hallazgos del estudio fueron publicados en línea en la edición del 28 de septiembre antes de la edición impresa de octubre noviembre de Radiology.

Gondrie y sus colegas señalaron que los escáneres de tórax han mejorado la calidad y la frecuencia de uso durante la última década, lo que ha permitido un conjunto más grande de hallazgos casuales que los médicos, teóricamente, pueden evaluar el riesgo de complicaciones adicionales de la salud.

Los autores del estudio explicaron que ese tipo de hallazgos incidentales puede ser una ventaja adicional porque no expone al paciente a radiación adicional ni a costos adicionales por escáner.

Para evaluar la utilidad potencial de ese tipo de hallazgos, el equipo de Gondrie analizó datos incidentales sobre la cantidad de anormalidades aórticas distintas que se habían obtenido de cerca de 1,200 escáneres por TC de tórax realizados por razones que no tenían nada que ver con la salud cardiaca.

Los investigadores hallaron que cuando varios tipos de anormalidades citadas se tomaron en conjunto (y se agruparon junto con la edad, el sexo y la razón subyacente para el escáner por TC en primer lugar), los hallazgos incidentales relacionados con el corazón en realidad eran útiles para predecir el riesgo de enfermedad cardiaca futura.

Los autores concluyeron que su trabajo “genera ideas muy necesarias que permiten una utilización más efectiva sobre la creciente cantidad de información diagnóstica y podría cambiar potencialmente la manera como contribuyen los radiólogos a la eficiencia de la atención diaria de los pacientes”.

healthfinder.gov

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La labor manual y los desplazamientos en bicicleta o a pie ayudan al corazón

Un estudio confirma que la actividad física en cualquier forma podría reducir el riesgo de insuficiencia cardiaca

Por Serena Gordon
Reportera de Healthday

LUNES, 20 de septiembre (HealthDay News/HolaDoctor) — Para tener un corazón sano, no hay que sudar durante horas cada semana en el gimnasio. Si su trabajo lo mantiene relativamente activo, está obteniendo beneficios cardiacos, sugiere una investigación reciente.

De hecho, el estudio encontró que los hombres que eran moderadamente activos en el trabajo tenían diez por ciento menos probabilidades de desarrollar insuficiencia cardiaca, mientras que las mujeres que eran moderadamente activas eran veinte por ciento menos propensas a desarrollar insuficiencia cardiaca.

No resultó sorprendente que el estudio encontrara que lo mejor de ambos mundos, o sea combinar la actividad física durante el tiempo libre y la actividad laboral, llevaba a incluso a una mejor salud cardiaca.

“Mostramos que la actividad de ocio y la actividad ocupacional, además de caminar a diario hasta y desde el lugar de trabajo, pueden reducir el riesgo de insuficiencia cardiaca”, aseguró el autor principal del estudio, el Dr. Gang Hu, profesor asistente y director del Laboratorio de Epidemiología de las Enfermedades Crónicas del Centro de Investigación Biomédica Pennington, en Baton Rouge, Luisiana.

Hu y sus colegas señalan que su estudio podría ser el primero en mostrar que la actividad física en el trabajo, y desplazarse hacia el trabajo, protege contra la insuficiencia cardiaca del mismo modo que el ejercicio durante el tiempo de ocio.

Los resultados del estudio aparecen en la edición del 28 de septiembre de la revista Journal of the American College of Cardiology.

Hu, junto al autor líder del estudio Yujie Wang y el resto del equipo, revisaron datos de dos grandes grupos de hombres y mujeres finlandeses. Poco más de 28,000 hombres y 29,874 mujeres fueron incluidos en el estudio.

Según el estudio, los voluntarios tenían entre 25 y 74 años de edad. Todos cumplimentaron encuestas sobre sus niveles de actividad física. Para la actividad laboral, una actividad “baja” se definió como trabajo de oficina o cualquier trabajo en que se pase la mayor parte del día sentado. La actividad “moderada” en el trabajo incluía trabajos que requieren estar de pie y caminar con frecuencia, como de mesero o empleado de tienda. Los niveles “altos” de actividad en el trabajo se consideraban como labor manual intensa, que incluía caminar y levantar objetos en trabajos industriales o agrícolas.

La actividad de desplazamiento al trabajo también se dividió en tres categorías: “baja” significaba ni caminar ni montar bicicleta, “moderada” se consideraba como 29 minutos de caminata o bicicleta para ir al trabajo, y “alta” como caminar o montar bicicleta durante más de treinta minutos al día para desplazarse al trabajo.

Para la actividad de ocio, el estudio definió actividad “baja” como estar completamente inactivo, por ejemplo leer o ver televisión. La actividad “moderada” incluía alguna forma de actividad física durante más de cuatro horas a la semana, como caminar, montar bicicleta o atender el jardín, pero no incluyó la actividad de desplazamiento. La actividad de ocio “alta” incluía actividad física vigorosa, como correr, trotar, nadar, trabajar intensamente en el jardín o participar en deportes competitivos, durante más de tres horas a la semana.

Tras un promedio de 18.4 años de seguimiento, los investigadores encontraron que 1,868 hombres y 1,640 mujeres desarrollaron insuficiencia cardiaca.

Tras ajustar los factores de riesgo conocidos como la edad, fumar, el índice de masa corporal, la presión arterial, el colesterol y otros, los investigadores encontraron que la actividad física protegía contra la enfermedad cardiaca.

La actividad física durante el tiempo libre tendía a proveer el mayor beneficio. En los hombres, la actividad física durante el tiempo de ocio reducía el riesgo de insuficiencia cardiaca en 17 por ciento, y los niveles altos de actividad en el tiempo libre reducían el riesgo en 35 por ciento. En las mujeres, las reducciones en el riesgo fueron de 16 y 25 por ciento, respectivamente.

La actividad física durante el trabajo también resultó protectora. En los hombres, la actividad moderada reducía el riesgo de insuficiencia cardiaca en diez por ciento, mientras que la actividad física alta durante el trabajo reducía el riesgo en 17 por ciento. En las mujeres, la actividad moderada reducía el riesgo de insuficiencia cardiaca en 20 por ciento.

Los investigadores encontraron una asociación entre la actividad de desplazamiento alta y una reducción de la insuficiencia cardiaca en las mujeres, pero no en los hombres (tras ajustar por los demás factores de riesgo).

También encontraron que la combinación de dos tipos de actividad cualquiera reducía el riesgo de insuficiencia cardiaca aún más.

Hu apuntó que era probable que la actividad en el ocio protegiera más simplemente porque las personas que participaban en actividades en su tiempo libre hacían más ejercicio.

“Este estudio confirma el mensaje de que mientras más actividad, mejor. No importa qué tipo de actividad sea”, aseguró el Dr. Michael Davidson, director de cardiología preventiva del Hospital de la Universidad de Chicago, en Illinois.

“Cuando piensan sobre aumentar la actividad física, la gente no siempre se plantea aumentar su actividad en el trabajo, pero cualquier actividad (de desplazamiento, en el trabajo o en el tiempo libre) puede reducir el riesgo de enfermedad cardiaca”, enfatizó Davidson.

Hu sugirió que las personas intenten aumentar la actividad física en el trabajo, sobre todo porque muchas personas se pasan ahora el día sentadas frente a las computadoras.

healthfinder.gov

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Muchos pacientes cardiacos ponen falsas esperanzas en la angioplastia

Written by corazon on Friday, September 10th, 2010 in Vascular.


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Muchos pacientes cardiacos ponen falsas esperanzas en la angioplastia

Expertos anotan que, en escenarios que no son de emergencia, el procedimiento para abrir las arterias no evita el ataque cardiaco

Por Ellin Holohan
Reportera de Healthday

MIÉRCOLES, 8 de septiembre (HealthDay News/HolaDoctor) — Un estudio reciente señala que muchos pacientes cardiacos albergan la errada esperanza de que la angioplastia, un procedimiento común para abrir arterias obstruidas, reduzca también sus probabilidades de ataque cardiaco y muerte.

De hecho, la evidencia sugiere que la angioplastia únicamente reduce la angina (el dolor en el pecho de origen cardiaco) en pacientes cardiacos estables, aquellos cuya condición no ha cambiado recientemente y no están experimentando un ataque cardiaco. El procedimiento no reduce el riesgo de ataque cardiaco ni de muerte para estos pacientes.

Sin embargo, el nuevo estudio halla que 88 por ciento de los pacientes estables que se sometieron a angioplastia en un hospital de Massachusetts pensaban que el procedimiento reduciría el riesgo de ataque cardiaco. Además, dos terceras partes de los pacientes ni siquiera sufrieron el tipo de dolor que la angioplastia posiblemente remediaría, según anotaron los autores del estudio.

Además, la mayoría de los pacientes mantuvo su creencia incluso luego de pasar algún tiempo con un cardiólogo que les explicó los riesgos y beneficios, y les pidió firmar un formulario de consentimiento informado antes de la angioplastia.

El estudio “muestra la desconexión entre lo que saben los médicos y lo que entienden los pacientes. Para tener consentimiento informado real, los pacientes necesitan comprender no solo los riesgos sino los beneficios de cualquier tratamiento que se les proponga”, señaló el Dr. Michael Rothberg, autor del estudio, de la división de medicina general y geriatría del Centro Médico Baystate de Springfield, Massachusetts.

Los hallazgos fueron publicados en la edición del 7 de septiembre de Annals of Internal Medicine.

Durante una angioplastia, se introduce un tubo por la ingle que se guía hasta la arteria afectada, en donde un balón abre la obstrucción. Con frecuencia, se implanta una endoprótesis vascular o stent (un tubo de malla flexible) para ayudar a mantener la arteria abierta y permitir el flujo sanguíneo. La angioplastia conlleva algunos riesgos, pero los expertos anotan que el índice de mortalidad durante el procedimiento es inferior a uno por ciento.

En el estudio, los pacientes se sometieron a procedimientos de diagnóstico con catéter por diversas razones, como prueba de esfuerzo positiva, falta de aire, ataque cardiaco anterior u otras afecciones cardiacas.

La angioplastia con frecuencia se realiza al mismo tiempo si se encuentra una obstrucción. Se exigió el consentimiento informado del paciente para ambos procedimientos.

En el estudio participaron 153 pacientes con enfermedad cardiaca estable que tenían niveles variables de síntomas. Según los autores, menos de la tercera parte (31 por ciento) de los que aceptaron someterse a cateterización cardiaca opcional tenían el tipo de angina que limita las actividades que podría esperarse que la angioplastia alivie.

Aún así, casi las tres cuartas partes de todos los pacientes continuaban creyendo que si no se sometían a angioplastia sufrirían un ataque cardiaco durante los siguientes cinco años.

En comparación, 63 por ciento de los cardiólogos encuestados en el estudio tenían en cuenta que para los pacientes cardiacos estables, el procedimiento reduce principalmente el dolor (de la angina) y mejora la calidad de vida.

Los autores también anotaron que estos beneficios con frecuencia se pueden lograr únicamente con medicamentos.

Sólo los pacientes que en realidad tengan un ataque cardiaco o evento coronario pueden esperar una reducción del riesgo de ataques cardiacos futuros y muerte por angioplastia, según investigaciones anteriores citadas en el estudio.

La cantidad de angioplastias realizadas a pacientes cardiacos estables en realidad se ha reducido recientemente, señala Rothberg. Según la American Heart Association, AHA, cerca de 1.3 millones de esos procedimientos se realizan en los EE. UU. cada año.

El Dr. Henry H. Ting, decano asociado de calidad y profesor de medicina de la Clínica Mayo de Rochester, Minnesota, señaló que no le sorprendían los hallazgos del estudio.

Ting señaló una encuesta de la Clínica Mayo que halló que 80 por ciento de los pacientes firmaron formularios de consentimiento que no habían leído, y que no conocían ni los riesgos ni los beneficios del tratamiento al que se estaban sometiendo.

Ting, que realiza investigaciones sobre el consentimiento informado, señaló que el problema de la comprensión del paciente no se limita a la angioplastia sino que es común en muchas áreas de la medicina.

“[Como médicos] no hacemos un buen trabajo de transferencia de conocimientos de manera que pacientes y parientes puedan entender”, señaló Ting. “Los gráficos y diagramas no van a funcionar para muchos de nuestros pacientes”.

Una razón por la que los pacientes no entiende bien es la creencia común, que cita el estudio, de que si se ofrece un tratamiento, seguramente debe tener beneficios curativos.

Además, el Dr. Gregg C. Fonarow, jefe asociado de la división de cardiología de la facultad de medicina de la Universidad de California en Los Ángeles, señaló que “no resulta contraintuitivo para los pacientes concluir” que, si la angioplastia abre la arteria, esto reducirá sus riesgos de ataque cardiaco y muerte, aunque no sea cierto.

Fonarow, quien también es profesor de medicina cardiovascular y ciencia en la facultad, asegura que “la importancia de este estudio no radica en que los pacientes no deberían haberse sometido al procedimiento”. En cambio, dijo, el estudio resalta las distintas perspectivas de los médicos y de sus pacientes.

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