Salud Vascular

 

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viernes, noviembre 25, 2005

Riesgo de infarto y cáncer se triplica en fumadores light

Fumar tan sólo entre uno y cuatro cigarrillos al día casi triplica el riesgo de sufrir un infarto de miocardio o un cáncer de pulmón, según revela un amplio estudio epidemiológico publicado en el último número de Tobacco Control, perteneciente a British Medical Journal.

C.F. Nueva York


Los investigadores, procedentes del Servicio Nacional de Salud de Noruega, en Oslo, y coordinados por Kjell Bjartveit, cotejaron los datos sobre salud general y la tasa de mortalidad de casi 43.000 hombres y mujeres de entre 35 y 49 años, a los que se evaluó desde mediados de los años 70 hasta 2002. Comparados con aquéllos que nunca habían fumado, los que declararon fumar entre uno y cinco cigarrillos diarios y en ningún caso nunca se excedían de una media de nueve -catalogados como fumadores light en el estudio- tenían un riesgo tres veces mayor de desarrollar una enfermedad cardiovascular que los no fumadores.
El riesgo de padecer un tumor fue similar entre los que fumaban poco con los que lo hacían más, excepto para el cáncer de pulmón, puesto que se triplicó. En este caso, el perjuicio fue mayor para las mujeres, en las que llegó a quintuplicarse. Los investigadores también midieron el impacto de fumar una media de cuatro cigarros diarios durante cinco años y concluyeron que el riesgo de morir por patología coronaria o arterial se incrementaba en un 7 por ciento, y el de cáncer de pulmón, en un 47 por ciento en el caso de las mujeres.

Riesgo de diabetes

A estos riesgos se suma el de diabetes, puesto que otro estudio publicado en el último número de Diabetes Care, coordinado por Capri Foy, del Centro Médico Baptista de la Universidad de Wake Forest, en Carolina del Norte, Estados Unidos, concluye que el 25 por ciento de pacientes fumadores con resistencia a la insulina desarrolló diabetes a los cinco años, comparado con el 14 por ciento de no fumadores con insulinoresistencia que la presentaron. Tobacco Control 2005; 14 (4) 315-320. Diabetes Care 2005; 28 (10)


http://www.correofarmaceutico.com

 

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domingo, noviembre 20, 2005

Hormonas sexuales y suceptibilidad a aneurismas

En el momento actual no existen tratamientos farmacológicos de probada eficacia para tratar los aneurismas y la intervención quirúrgica es la única terapia

E.P.- Las hormonas sexuales masculinas circulantes en sangre, como la testosterona y la dihidrotestosterona, son las responsables de una mayor susceptibilidad de los hombres a desarrollar aneurisma aórtico abdominal, según un estudio de la Universidad de Kentucky que se ha hecho público en las jornadas científicas de la Sociedad Americana de Investigación sobre Patologías que se celebra estos días en San Diego (Estados Unidos).

Según los expertos, los hombres poseen cuatro veces más riesgo que las mujeres de padecer aneurismas aórticos abdominales, que se estiman son la causa de la muerte del 4 por ciento de las personas mayores de 65 años, aunque los mecanismos de esta alta incidencia no se han descubierto. Los investigadores informan ahora de que la respuesta se encuentra en las hormonas sexuales masculinas.

Los investigadores descubrieron que al eliminar los andrógenos circulantes de animales de experimentación machos, incluyendo la testosterona y la dihidrotestosterona, disminuyó el riesgo de aneurisma hasta coincidir con el de las hembras, mientras que proporcionar a las hembras estas mismas hormonas sexuales masculinas aumentó su riesgo hasta niveles similares a los de los machos.

Los científicos proporcionaron a los animales angiotensina II que provoca el desarrollo de aneurismas aórticos abdominales. Los animales macho tienen tres veces más susceptibilidad a desarrollar los aneurismas inducidos por la angiotensina que las hembras que reciben el mismo agente.

Los investigadores descubrieron que proporcionando las hormonas sexuales masculinas a los animales hembra a la vez que una inyección de angiotensina provocaba que la susceptibilidad de las hembras a la enfermedad se asimilara a la de los machos.

Los resultados mostraron que la administración de testosterona elevó la incidencia de desarrollar aneurismas un 55 por ciento en las hembras y la dihidrotestosterona elevó la incidencia en un 67 por ciento. Además, las hembras a la que se proporcionó las hormonas masculinas sexuales desarrollaron aneurismas más graves en comparación con las hembras tratadas con placebo.

El objetivo de los científicos ahora es descubrir el elemento con el que se unen las hormonas sexuales masculinas que media esta diferencia con la esperanza de desarrollar fármacos que puedan ser útiles para disminuir la incidencia de los aneurismas letales. Según los expertos, en la actualidad no existen tratamientos farmacológicos de probada eficacia para tratar los aneurismas. El único tratamiento existente es la cirugía cuando el riesgo de muerte debido a una posible rotura del aneurisma se juzga que supera el riesgo de la intervención quirúrgica.

http://www.azprensa.com/

 

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sábado, noviembre 12, 2005

Parecoxib y valdecoxib: riesgo cardiovascular

Los inhibidores selectivos de la COX 2 deprimen la actividad de Prostaciclina (PD2) pero no la del Tromboxano A2 derivado de la COX 1. Los efectos del Tromboxano A 2 podrían estar incrementados durante el tratamiento con inhibidores de la COX 2 y, potencialmente predisponer a los pacientes a los accidentes cardiacos y cerebrales.

Un estudio randomizado sobre pacientes sometidos a cirugía de revascularización coronaria asignados a recibir placebo o 40 mg de Parecoxib (prodroga de Valdecoxib de administración IV) y continuando con 40 mg de Valdecoxib dos veces al día durante dos semanas demostró relacionarse con un incremento de eventos cardiovasculares.
Otro estudio empleó Parecoxib o Placebo seguido de Valdecoxib 20 mg dos veces al día durante 10 días. En este caso, pese a la reducción de las dosis y del tiempo de uso del fármaco, volvió a registrarse un exceso de episodios cardiovasculares.

En un análisis combinado de estudios Valdecoxib mostró un incremento de 3 veces en el riesgo cardiovascular respecto del placebo.
Parecoxib es una fármaco conocido por su capacidad de aliviar el dolor debido a su rápida transformación en Valdecoxib in vivo. Este último es un inhibidor selectivo de COX 2 in vitro similar al Rofecoxib.

Pese a que Valdecoxib se contraindica en pacientes sometidos a cirugía cardiaca, sus efectos en otros grupos sobre el riesgo CV aún no han sido estudiados adecuadamente.
Ante la falta de evidencias serias disponibles parece razonable evitar su uso o limitarlo como drogas de última elección.

La reciente demostración de riesgo CV elevado con otra droga del grupo estructuralmente diferente, Celecoxib, aporta evidencia acerca de un posible efecto de género para esta clase de fármacos.

Es recomendable una advertencia hacia los médicos acerca de los riesgos del uso de estas drogas extensiva a todos los miembros del grupo.
Las circunstancias en que estos fármacos pueden ser usados en pacientes de bajo riesgo y por largos períodos aún no están suficientemente establecidas.



http://www.intramed.net

 

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viernes, noviembre 11, 2005

La proporción cintura-cadera es la mejor medida de la obesidad para evaluar el riesgo de ataque al corazón

Fuente: Medicina TV - España
04/11/2005

MADRID 3 (EUROPA PRESS)

La proporción entre la cintura y la cadera no el índice de masa corporal (IMC) es la mejor medida de la obesidad para evaluar el riesgo de una persona de sufrir un ataque al corazón según un estudio de la Universidad McMaster de Ontario (Canadá) que se publica en la revista ´The Lancet´.

Los científicos calculan que si la obesidad es redefinida usando la proporción entre la cintura y la cadera en lugar de mediante el IMC entonces la proporción de personas en riesgo de ataque al corazón aumenta en unas tres veces.

Investigaciones previas han demostrado que la obesidad eleva el riesgo de enfermedad cardiaca. Sin embargo estos estudios se han realizado principalmente en poblaciones de origen europeo y norteamericano. La evidencia en el caso de otras poblaciones es por tanto escaso.

En el estudio actual los científicos querían evaluar si otros indicadores de la obesidad especialmente la proporción entre cintura y cadera eran mejores indicadores del riesgo de ataque al corazón que la medida convencional de IMC en diferentes poblaciones étnicas.

Los investigadores evaluaron el IMC la proporción entre cintura y cadera la medida de la cintura y la cadera en unas 27.000 personas de 52 países. La mitad de los participantes habían tenido previamente un ataque al corazón y la mitad eran controles que no habían padecido la afección.

El equipo se encontró con que el IMC era sólo ligeramente más alto en pacientes de ataque al corazón que en controles sin diferencia en los pacientes del oriente medio y el sur de Asia. En cambio los pacientes de ataque al corazón tuvieron una proporción sorprendentemente superior entre cintura y cadera que los controles independientemente de otros factores de riesgo cardiovasculares.

Los investigadores descubrieron que esta observación era similar en hombres y mujeres de todas las edades y en todas las regiones de mundo. Los autores afirman que en comparación con el IMC la proporción entre cintura y cadera es tres veces más fuerte que el IMC para indicar el riesgo de ataque al corazón. El mayor tamaño de la cintura (que refleja la cantidad de grasa abdominal) resultó ser un indicador de riesgo mientras que el mayor tamaño de la cadera (que podría indicar la cantidad muscular de la parte inferior del cuerpo) resultaba un indicador protector.

Salim Yusuf autor principal del estudio concluye que "estos descubrimientos sugieren que es necesaria una reconsideración de la importancia de la obesidad en lo referente a la enfermedad cardiovascular en la mayor parte de las de regiones del mundo".

http://www.buenafuente.com/salud/nota103853_103853.htm

 

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domingo, noviembre 06, 2005

Mariguana y alcohol, una bomba para el cerebro

El consumo habitual de cannabis combinado con alcohol u otras sustancias como cocaína o anfetaminas, podría potenciar el riesgo de trombosis cerebral, según un estudio del Hospital del Galdacano (Vizcaya). La investigación se centró en el caso de un hombre de 35 años con buena salud que sufrió tres episodios de infarto cerebral después de haber mezclado cannabis y alcohol.


."El paciente analizado fue un profesor de escuela primaria, de 36 años, que llevaba una vida saludable: practicaba ejercicio físico regular, cuidaba su dieta, no tenía hipertensión y no fumaba. Sin embargo, había sido consumidor esporádico de cannabis en el pasado y no conocía los riesgos de infarto cerebral asociados a esta droga", afirma doctor Juan Carlos García-Monco, del Servicio de Neurología del Hospital del Galdacano (Vizcaya) y autor de la investigación.

Según el estudio publicado en Journal of Neurology Neurosurgery and Psychiatry, el paciente sufrió hasta tres casos de trombosis cerebral en menos de tres años, bajo circunstancias de consumo elevado de cannabis. El primer incidente sucedió después de haber consumido en una fiesta una gran cantidad de cannabis en combinación con otras cuatro bebidas de alcohol. A consecuencia de la trombosis cerebral, sufrió la pérdida temporal de la capacidad del habla y graves convulsiones. Una vez en el hospital, el escáner cerebral reveló restos de hemorragia y un coágulo sanguíneo, de los cuales se recuperó sin sufrir secuelas.

El segundo incidente cerebral sucedió un año más tarde. Después de fumar cannabis, el paciente volvió a perder la capacidad del habla y la sensibilidad en uno de los dos lados de su cuerpo. En esta ocasión, la lesión se produjo en un área cerebral distinta.

El último episodio sucedió después de 18 meses de abstinencia, cuando el paciente volvió a combinar una gran cantidad de alcohol con altas dosis de marihuana. En esta ocasión, los efectos de la trombosis le condujeron a una incapacidad para reconocer los sonidos también conocida como agnosia auditiva. El escáner reveló una zona con hemorragia y daños cerebrales previos.

Según el doctor García-Monco, "hasta la fecha sólo hemos contabilizado 15 casos de infarto cerebral como el del paciente investigado; aunque no sabemos el alcance exacto que puede tener en un futuro próximo porque el consumo de esta sustancia se extiende". En ese sentido, para la comunidad científica, "el siguiente paso es estudiar a fondo la estrecha relación entre el cannabis y el ictus ya que consideramos que no se le presta la atención que debería", concluye el científico". Frente a esta situación, la comunidad científica recomienda no mezclar el cannabis con otras sustancias drogodependientes y, en especial, con el alcohol, un vasodilatador por sí sólo.

Por otro lado, respecto al uso del cannabis en la práctica clínica, el doctor García-Monco asegura que "debería estar abalado por evidencias científicas significativas de los beneficios y de la ausencia de riesgos de esta sustancia en los pacientes tratados".

El ictus cerebral

El infarto cerebral o ictus es un trastorno súbito de la circulación cerebral, que dificulta la llegada de sangre a las arterias cerebrales e impide que lleguen a las neuronas el oxígeno y los nutrientes que necesitan para funcionar. El resultado puede ser desde la muerte súbita hasta la recuperación, pasando por diversos grados de incapacidad, a veces severos, que afectará la calidad de vida de sus víctimas.

La hipertensión es el principal factor de riesgo del ictus cerebral, seguido del tabaquismo, la hipercolesterolemia, la diabetes y el sedentarismo. Además, según los científicos, el uso o la combinación de ciertas drogas como la cocaína y el alcohol, podrían aumentar todavía más los riesgos de tener un accidente vascular-cerebral.

Hasta la fecha, según el doctor García-Monco, no existe un estudio de los efectos perjudiciales del cannabis por sí solo en relación al ictus cerebral. "Es difícil calificar su consumo exclusivo como factor de riesgo, ya que la población está expuesta a múltiples factores de riesgo en desarrollo de enfermedades", concluye el doctor García-Monco.

http://salud.medicinatv.com

 

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Tromboflebitis

Un golpe en una pierna, permanecer tumbado y en reposo durante amplios periodos de tiempo, una inyección, una variz o la ingesta continuada de anticonceptivos por vía oral pueden ser suficientes para provocar la patología conocida como tromboflebitis. Este mal, basado en la aparición de trombos que inflaman las venas, tiene tratamiento y cura sencillos. No obstante, en los casos más extremos, si no se trata convenientemente, puede provocar incidencias importantes en la salud del paciente, hasta el punto de provocar la muerte.

Perfil tipo: Mayores de 60 años y mujeres

La circulación de la sangre requiere que los cauces por los que ésta discurre estén convenientemente despejados. Sin embargo, en ocasiones la circulación se ve dificultada por la aparición en el sistema sanguíneo de taras y patologías que perjudican el adecuado paso del plasma. Entre ellas, está la tromboflebitis, que consiste en la aparición de trombos o coágulos en las venas que degeneran en una inflamación de las mismas, o viceversa.
Tal circunstancia puede devenir en una serie de complicaciones médicas que, en casos extremos, podrían llevar al paciente a situaciones delicadas si no se acota a tiempo la sintomatología propia que acompaña a esta enfermedad, capaz de degenerar en necrosis de los tejidos afectados o embolia pulmonar. Pese a todo, esta patología tiende a ser una afección autolimitada y sin excesivos riesgos, ya que suele desaparecer tras un máximo de quince días de incidencia y tratamiento.

La aparición de los trombos se debe a una serie de factores que actúan sobre la sangre haciendo que ésta pierda su habitual estado líquido. Esta situación ocurre cuando el torrente sanguíneo se estanca o cuando las paredes de las venas por las que discurre han sufrido algún tipo de incidencia o lesión. Hasta el 90% de las tromboflebitis tienen lugar en las venas de las piernas

.Asimismo, los trombos pueden ser consecuencia directa de la aparición en el organismo de sustancias que favorezcan la coagulación sanguínea. Todo ello da como resultado un estadio en el que los componentes de la sangre se adhieren en las paredes de las venas, obstruyéndolas de forma progresiva y dificultando así la circulación. Esta situación –la aparición de coágulos- se da en la gran mayoría de los casos en las extremidades inferiores. De hecho, según los datos aportados por la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, hasta el 90% de las tromboflebitis tienen lugar en las venas de las piernas

En cualquier caso, entre las situaciones que pueden facilitar la aparición de tromboflebitis están aquellas que devienen de estados en los que el paciente ha permanecido postrado en reposo o de pie durante largos periodos. Aparte, pueden estar en riesgo de padecer esta patología las personas con una alteración en la composición de su sangre o las mujeres con embarazos recientes y los individuos que sufren en sus piernas episodios varicosos, tal y como indican los datos facilitados por el Ministerio de Sanidad y Consumo.


Situaciones de riesgo


Además, existe el riesgo de padecer tromboflebitis cuando se dan episodios de insuficiencia cardiaca, traumas y fracturas, recientes intervenciones quirúrgicas (en rodillas o caderas, entre otras), o con la toma por parte de mujeres de anticonceptivos orales por periodos de tiempo prolongados. También están documentados casos en los que los coágulos surgen tras el suministro a un enfermo de fármacos mediante goteo intravenoso o tras la infección de una vena próxima. Incluso, existen expedientes, englobados bajo la definición de Síndrome de la ‘clase turista’, en los que la tromboflebitis ha afectado a personas que viajaban en avión y que han permanecido muchas horas sentadas en los asientos de la aeronave, algo que también puede ocurrir . en largos desplazamientos en automóvil. Otros condicionantes que favorecen la aparición de la tromboflebitis son la obesidad, la edad y el género –es más frecuente en mayores de 60 años y en mujeres-, y las circunstancias genéticas.

Con todo lo dicho, conviene señalar que la seriedad de la tromboflebitis reside en su incidencia sobre el sistema circulatorio. De hecho, sus consecuencias más perjudiciales y extremas, de no tratarse, pueden derivar en un tromboembolismo pulmonar en el caso de que el coágulo se desprenda y alcance los pulmones. En ese caso, el trombo impediría el intercambio de oxígeno puro por aire contaminado, con lo que el organismo del paciente no se ventilaría como es debido y, por tanto, la situación podría acabar en complicaciones serias, entre ellas, la muerte. Los trombos, si se desprenden, como puede llegar a ocurrir en casi la mitad de los casos, pueden alcanzar al cerebro y al corazón, entre otros órganos vitales, produciendo daños a veces irreparables

Tromboflebitis superficial
Esta patología puede aparecer tanto en las venas del exterior del organismo como en las que se encuentran en el interior del sistema venoso. Si se dan los condicionantes de la primera de sus dos versiones, será porque se trata de una tromboflebitis superficial. La misma se da con mayor profusión en personas de edad afectadas ya por varices en su sistema circulatorio.

José Ramón Páramo, especialista del Laboratorio de Hematología de la Clínica Universitaria de Navarra, explica que esta patología provoca dolor y un aumento de la temperatura de la extremidad perjudicada, que tiende a adoptar un color entre violáceo y rojizo y a tensarse e hincharse. En los centros médicos se suele diagnosticar con exámenes que tienen en cuenta el pulso, la presión arterial, la circulación sanguínea y la temperatura, así como el aspecto y el estado de la piel de la zona afectada.

En la mayoría de las ocasiones, para remediar la sintomatología descrita basta con un tratamiento conservador a base de antiinflamatorios, anticoagulantes o antibióticos, dependiendo del origen de la tromboflebitis. En ocasiones, los trombos también desaparecen con remedios comunes: evitando la presión sobre el área afectada con paños calientes y húmedos sobre la zona afectada, descanso y reposo, o con la elevación de los miembros afectados por encima del corazón. En cualquier caso, este tipo de tromboflebitis acostumbra a tener una curación poco problemática, desapareciendo la inflamación en 15 días aproximadamente. En este sentido, desde la referida institución académica se apunta a que es difícil de cuantificar el porcentaje de población que sufre de este tipo de patología, circunstancia que responde, entre otras consideraciones, a la ausencia de cuadros y manifestaciones médicas que acompaña a esta enfermedad.

Pese a lo dicho, hay autores que consideran que la gran mayoría de los casos de tromboflebitis superficial deberían ser tratados, ya que su presencia se relaciona en varios estudios con el surgimiento posterior de la tromboflebitis profunda.

La tromboflefitis superficial también puede surgir como reflejo de otras enfermedades: de varios tipos de cánceres o de la denominada enfermedad de Buerger, padecimiento que inflama los vasos sanguíneos y que afecta sobremanera a los píes y manos de los perjudicados.

Tromboflebitis profunda en una de cada 100 personas
Aparte de la tromboflebitis superficial, también se pueden dar casos de su versión profunda y su incidencia puede provocar situaciones comprometidas, aunque éstas tienden a ser poco frecuentes. Además, este tipo de patología puede tener, a su vez, varias interpretaciones. De hecho se puede dar de forma difusa, situación denominada por la clase médica como ‘flegmasia alba dolens’. Sus síntomas se traducen en dolor en los músculos afectados, incremento de la temperatura de la zona afectada e inflamación del área dañada. Si esta situación se produce, como suele ser habitual, en las extremidades inferiores, puede degenerar, incluso, en dificultades para caminar. Tampoco son extraños episodios de fiebre y malestar general, que pueden llegar acompañados de cansancio.

Ahora bien, si la tromboflebitis profunda es masiva (‘flegmasia cerúlea dolens’), el miembro afectado se reconoce porque se queda frío y porque adopta matices violetas, además de generar un malestar agudo y general.


Internamiento del paciente


Debido a su complejidad, en caso de tromboflebitis profunda suele ser necesario el internamiento del paciente para poder acotar su incidencia. Su tratamiento en estos casos requiere del uso de anticoagulantes por periodos no inferiores a medio año. De esa forma se previene la posibilidad de la aparición de un tromboembolismo pulmonar. En casos de tromboflebitis profunda aguda, incluso, podría ser necesaria una intervención quirúrgica si es que se da en venas de importancia vital. Este tipo de trombosis se da con mayor frecuencia en personas mayores de 60 años. Al respecto, las estimaciones médicas calculan que el número de personas que desarrollan esta enfermedad anualmente en España podría alcanzar a una de cada 100.


Cómo prevenir la enfermedad


En muchas ocasiones la tromboflebitis puede presentarse sin avisos patentes. Entonces, el diagnóstico dependerá de la ejecución de una serie de pruebas basadas en ultrasonidos o estudios sobre la composición de la sangre del individuo aquejado para intentar descifrar posibles taras y disfunciones en los sistemas de coagulación de la sangre.

En cualquier caso, la tromboflebitis se puede prevenir. Por ejemplo, en aquellos casos en los que el individuo está inmovilizado, como en los viajes largos aéreos es conveniente mover las piernas y levantarse del asiento para estirar las extremidades. Asimismo, si la causa es la administración de fármacos vía intravenosa, una posible solución es ir alternando el lugar donde se pone la inyección.

 

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