Salud Vascular

 

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domingo, junio 25, 2006

Limitar los carbohidratos mejora la salud cardiovascular

No es ningún descubrimiento el hecho de que, para reducir el riesgo cardiovascular, es necesario, entre otras cosas, restringir drásticamente el consumo de grasas saturadas y de sal para disminuir así el nivel de colesterol 'malo' (LDL) en sangre y la tensión arterial, respectivamente. Sin embargo, no termina de estar claro qué otros nutrientes juegan un papel determinante como cardioprotectores.

Un estudio publicado en el último número de la revista 'The Journal of the American Medical Association' ('JAMA') y presentado en la reunión de la American Heart Association (AHA, sus siglas en inglés), que ha tenido lugar esta misma semana en Dallas, EEUU, ha arrojado algo de luz sobre este tema. Según argumentan sus autores, la dieta convencional que se 'receta' a los pacientes en situación peligrosa (los que tienen el colesterol algo elevado, una presión sanguínea en el umbral de la hipertensión o que sufren esta patología en su grado leve) reduce el colesterol 'malo', pero también el 'bueno' (HDL) y no tiene efectos sobre los triglicéridos; dos parámetros que también sirven para intuir el riesgo coronario. El motivo de este beneficio limitado es, al parecer, un pequeño 'fallo' a la hora de distribuir la proporción entre los principales grupos de alimentos: proteínas, grasas y carbohidratos.


CAMBIOS.

Para demostrar su hipótesis, los científicos escogieron a un grupo de 164 voluntarios con hipertensión leve o cuyas cifras indicaban que estaban a punto de padecerla. Todos consumieron, alternativamente y durante seis semanas, tres tipos de dieta cardiosaludable baja en grasa saturada, colesterol y sal y rica en vegetales, frutas, fibra, potasio y otros minerales.

Lo que las diferenciaba era que una hacía énfasis en el consumo de hidratos de carbono (pan, pasta, patatas, arroz y cereales), otra en el de proteínas (la mitad de ellas vegetales) y, la tercera, en el de lípidos monosaturados (los más beneficiosos para el corazón, presentes en el aceite de oliva, colza o girasol).

Al finalizar cada régimen, se evaluaron la concentración de lípidos en sangre y se tomó la tensión. Además, se hicieron análisis de orina para detectar cualquier anomalía derivada de las variaciones dietéticas.

Si bien todos ellos lograron reducir la presión sanguínea y el nivel de LDL (y, en consecuencia, el riesgo cardiovascular), sólo los que potenciaban las proteínas y los ácidos grasos insaturados lograron resultados verdaderamente significativos, sobre todo el primero. De hecho, estas dos dietas incidieron positivamente, además, sobre el colesterol total (la proporción entre el 'bueno' y el 'malo') y los triglicéridos (lípidos perjudiciales para las coronarias). Así, según las observaciones, la alimentación eminentemente proteica logró hacer descender en un 21% la posibilidad de sufrir un evento cardiovascular; la de las grasas monosaturadas hizo lo propio en un 20% y la que potenciaba los carbohidratos se quedó en un 16%.

En definitiva, «sabemos más acerca del papel de los macronutrientes y hemos determinado que la dieta cardioprotectora convencional se puede mejorar», afirman los autores.


MATICES.

Éstos se han apresurado a aclarar que con su trabajo no quieren ensalzar las dietas hiperproteicas (tipo Atkins) que hacen furor para perder peso. «Queríamos determinar el efecto de los diferentes macronutrientes sin que el adelgazamiento alterase el resultado», explican. Así, los participantes de esta investigación tenían sobrepeso, pero las dietas no les hicieron perderlo de manera significativa, ya que todas aportaban aproximadamente las mismas calorías.

Además, insisten en que esta manera de alimentarse (eliminar los carbohidratos y reemplazarlos por grasa saturada) no es beneficiosa en absoluto, y menos para el corazón. También recuerdan que existe una gran variedad de proteínas procedentes de fuentes vegetales que son relativamente desconocidas. En este seguimiento la mitad de estos nutrientes se obtuvo de legumbres, cereales, semillas, soja y frutos secos, además de carnes magras y lácteos desnatados.




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Los «peros» del estudio


Aunque no rebate las conclusiones de la investigación, el editorial que la acompaña apunta algunas cuestiones aún sin resolver en torno a ella. Por una parte, se señala que las dietas únicamente se siguieron durante seis semanas y que habría que valorar si los efectos beneficiosos se prolongan en el tiempo y si las diferencias entre ellas se mantienen. Por otro lado, se sugiere que en este ensayo está, por decirlo de alguna manera, demasiado bien diseñado. Es decir, los participantes tenían todos una formación académica bastante aceptable, una situación socioeconómica favorable, vivían en áreas urbanas, eran jóvenes relativamente sanos y, por norma general, estaban más concienciados y predispuestos a seguir las pautas que marcaba el trabajo. Además, absolutamente todos los productos alimenticios que tomaron (hasta los aperitivos) fueron proporcionados por los autores del mismo. Esto dificulta la traslación de los resultados a la vida real, donde no es tan sencillo planificar y seguir una dieta adecuada.

http://www.elmundo.es/




Saludos afectuosos
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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martes, junio 20, 2006

El tratamiento correcto de la hipertensión evita un alto número de ictus cerebrales y ataques cardíacos

Resultaría imposible impartir una lección sobre hipertensión arterial sin citar en algún momento a Norman M. Kaplan, profesor ahora emérito del Departamento de Medicina Interna de la Southwestern Medical School, adscrita a la Universidad de Texas. Su libro Hipertensión Clínica, presentado recientemente en su edición castellana en Madrid, continúa siendo un best seller en las librerías del otro lado del Atlántico 33 años después de su aparición. Internista y endocrinólogo de formación, Kaplan lleva siguiendo la pista al principal factor de riesgo cardiovascular desde 1954.

JORDI MONTANER 29 de mayo de 2006


La mujer padece más hipertensión que el hombre, a la vez que un menor riesgo cardiovascular, ¿significa que hombres y mujeres disponemos de una cardiovasculatura distinta?
Se ha apuntado esta posibilidad, pero aún no podemos decir que sea cierta; hay planteados demasiados interrogantes. Por ejemplo, sabemos que la mujer padece menos hipertensión que el hombre hasta la menopausia, pasando después a ser más hipertensa aún que el hombre. Parecería lógico inferir que las hormonas ejercen en su caso un papel protector frente a la hipertensión arterial, pero los ensayos llevados a cabo con estrógenos han brindado resultados decepcionantes. El enfoque terapéutico, el tratamiento farmacológico, debe ser en cualquier caso el mismo para ambos. No hay evidencia de que hombres y mujeres respondamos de forma distinta a la terapia antihipertensiva, salvando el caso de posibles interacciones entre píldoras anticonceptivas femeninas y agentes hipotensores. Las guías terapéuticas conciben la edad como un factor de riesgo, pero no el género.

Es fácil hablar de hipertensión arterial, está de sobra justificado; pero cuesta decir lo conveniente, lo que uno espera que la gente vaya a entender...
A mi edad [74 años] he aprendido a hablar de hipertensión con cautela y ánimo. Cautela, porque se trata del principal factor de riesgo para las enfermedades cardiovasculares, su prevalencia no para de aumentar en el mundo y se controla mal en todas partes. Con ánimo, porque su prevención es estrictamente posible, aunque rara vez se consiga, y porque los tratamientos de que disponemos permiten controlar bien a los pacientes y evitar un buen número de ictus y ataques cardiacos.

De acuerdo, pero hay mensajes difíciles de transmitir. Por ejemplo, el Joint National Committee estadounidense introduce en sus últimas recomendaciones (JNC VII) una definición algo perversa: el paciente prehipertenso.

Es un buen ejemplo que invita a discernir entre la información y la noticia. La información de que disponemos permite augurar que cifras de presión sanguínea de 122/82 mmHg marcan una frontera de riesgo cardiovascular, por más que no se correspondan con las propias de la hipertensión arterial (140/90). Esta categoría de pacientes con presión normal (aunque tendente a la elevación), sumada a la coincidencia de otros factores de riesgo, puede sentar para el médico una categoría de pacientes. Pero de ahí a manifestar que una persona con 122/82 es un enfermo en potencia hay demasiado trecho. Se trataría, sin duda, de una noticia poco rigurosa y de un mensaje equivocado.

Otro ejemplo: cuesta explicar que todos los fármacos antihipertensivos hayan evidenciado sobradamente un beneficio hipotensor y que, en cambio, el control de la hipertensión diste mucho de ser óptimo.
Parece un fraude, puede incluso que lo sea, pero su autoría anda muy repartida. Ni todos los médicos recetan bien, ni todos los pacientes cumplen rigurosamente con la prescripción realizada. Debemos hacer ver a los médicos que tratar la hipertensión arterial no comporta sólo decidir qué fármaco debe recetarse. El punto de vista inicial debe ser fijar un objetivo que el paciente comparta y que le implique; a partir de ahí, recurrir a las estrategias que contemplan las guías para lidiar con cada perfil concreto de riesgo. Demasiados profesionales se escudan con que ya han recetado el agente pertinente y, por tanto, ya han obrado de forma correcta; pero obrar de forma correcta, en este caso, es controlar la presión arterial, y si la medida inicialmente prescrita no lo consigue, nuestra responsabilidad como médicos es la de corregirla.

Valiente pero al parecer poco corriente punto de vista.
El problema es que no son pocos los parámetros a tener en cuenta: medidas higiénico-dietéticas, cesación de hábitos de riesgo (tabaquismo), analítica sanguínea, talla, peso, edad, raza [en la población afro-americana, por ejemplo, los IECA no actúan como en los individuos caucásicos]; y, por si fuera poco, el coste.

¡Pues con la Iglesia hemos topado!
En el JNC VII se documenta que la mayoría de los pacientes va a requerir una combinación de fármacos en vez de un solo agente [el estudio ALLHAT habla de un 65% y el ASCOT de un 75%; ambos constituyen trabajos de referencia], lo que en un país como EEUU, sin una seguridad social eficaz, va a motivar que muchos hipertensos no puedan sufragar el tratamiento óptimo para controlar su presión arterial y disminuir el riesgo cardiovascular. Tratar no sólo se está volviendo más complejo, sino también más caro.

Déme una buena noticia.
Bajar la presión arterial, sea con el fármaco que sea, con la medida que sea, contribuye enormemente a reducir el riesgo cardiovascular. Me refiero a que es posible reducir hasta en un 40% el riesgo de ictus y en un 35% el riesgo de episodios cardiacos; además, se minimiza significativamente la progresión de la enfermedad renal.



De tapeo, sal y mensajes publicitarios
Norman Kaplan es también hipertenso. Y no le importa hablar de su hipertensión, de la que dice que le ha concedido el beneficio de « vivir muchos años». Sabe de sobras que con la edad las arterias pierden flexibilidad y la presión sanguínea aumenta. «Ojo también con las presiones bajas: una diastólica de menos de 70 mmHg en individuos ancianos puede indicar la presencia de arteriosclerosis», advierte.
El experto estadounidense, durante la presentación de su libro en Madrid, se confesaba «encantado» del clima de la capital, del arraigo histórico y cultural de la ciudad, la oportunidad de transitar caminando por sus calles «y curiosear en los locales de tapas». Admite que estos bocados, insignia de la gastronomía española, reportan un gusto exquisito y una buena combinación de nutrientes, pero por lo bajo critica que lleven siempre demasiada sal.

«La industria alimentaria y los restaurantes no son conscientes del daño que ocasionan. Muchas hipertensiones en edades medias son consecuencia de dos o tres décadas seguidas de consumir sodio en exceso», lamenta. «Bastaría con incorporar al organismo una media de 1,5 g de sal al día, pero en todas partes se está triplicando esta cantidad». Datos epidemiológicos avalan que en países no industrializados, ajenos a facilidades como la comida elaborada y conservada, quienes llegan a la senectud lo hacen con una presión arterial saludable. «¿Para cuándo está previsto que en las cadenas de televisión aparezca publicidad contra el exceso de sal en nuestras dietas?», se pregunta.


Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer

 

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lunes, junio 19, 2006

La incidencia de la angina de pecho es similar en varones y mujeres

JAMA 2006;295:1404-1411 )
Además, los autores del artículo, de la University College London Medical School, advierten que esta enfermedad cardíaca tiende a ser en las mujeres más grave de lo que muchos médicos piensan, ya que en el sexo femenino está asociada a un mayor riesgo de muerte.

Sin embargo, las mujeres son sometidas en menor medida a pruebas para detectar la enfermedad. "Aquellas mujeres a las que se comunica que tienen angina de pecho y no son sometidas a una prueba de esfuerzo o a un angiograma deberían preguntar por qué", escriben los autores.

Utilizaron una base de datos de pacientes de Finlandia, que incluía a más de 56.000 mujeres y a más de 34.000 varones diagnosticados de angina. Ninguno de los participantes presentaba enfermedad coronaria al inicio del estudio en 1998. El seguimiento se realizó hasta 2004.

La incidencia de la enfermedad fue de 1,89 casos por cada 100 personas y año en mujeres y de 2,03 casos por 100 en varones, diferencia que no fue estadísticamente significativa.

El estudio indica, además, que a cualquier edad la angina se asocia tanto en varones como en mujeres a un incremento del riesgo de muerte por causa cardíaca en comparación con la población general sin la enfermedad..

También confirma que las mujeres afectadas tienen menos probabilidades que los varones de ser sometidas a pruebas de detección, y que aquellas que sí son sometidas a tales pruebas presentan mayor riesgo de muerte cardíaca que los varones con angina.

Webs Relacionadas
University College London
JAMA




Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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45% de los hipertensos mayores de 55 años sufren síndrome metabólico

El Simposio Internacional sobre Síndrome Metabólico, promovido por la Fundación José Pastor Fuertes, la Fundación Valenciana de Arteriosclerosis y la Consejería de Sanidad valenciana, ha analizado la relación del trastorno con otras enfermedades cardiovasculares.

"De los elementos del síndrome metabólico la hipertensión es la que menos se relaciona directamente con el resto, pero está ahí porque es el primer factor de riesgo cardiovascular que se puede tratar para reducirlo".

José Redón, jefe de Servicio de Medicina Interna del Hospital Clínico de Valencia y miembro del comité organizador del Simposio Internacional sobre Síndrome Metabólico celebrado en Valencia, ha destacado que "entre el 45 y el 47 por ciento de los hipertensos mayores de 55 años tienen componentes de síndrome metabólico (SM) para definirlo, lo cual señala su prevalencia".

Ha alertado de que "cuando al hipertenso se le asocian alteraciones de SM, se incrementa no sólo el riesgo de tener enfermedad cardiovascular, sino también patología renal".

Respecto al abordaje de los pacientes hipertensos con SM, ha explicado que "se tienen que reforzar mucho las medidas no farmacológicas, especialmente la pérdida de peso -si hay sobrepeso- y el ejercicio físico". En segundo lugar, deben emplearse fármacos antihipertensivos que no induzcan más alteraciones metabólicas. "Sabemos que los betabloqueantes, a largo plazo, aumentan el riesgo de diabetes, igual que los diuréticos tiazídicos. Por lo tanto, deben tratar de evitarse en monoterapia". Redón ha señalado que "estamos un poco a la espera de qué pueden ofrecer los sensibilizadores de insulina para el control de la presión arterial".

"Cada vez se está conociendo mejor, porque la gente con SM tiene tendencia a que le suba la presión e indudablemente el factor más importante es la obesidad".

El experto ha remarcado que "sabemos que el tejido adiposo es capaz de segregar toda una serie de sustancias que influyen de una manera marcada en los niveles de presión. Algunas de ellas, que están en exceso, son capaces de activar el sistema adrenérgico y, por tanto, la retención de sodio. Otras, en cambio, están por defecto. Ya es conocido que las personas afectadas con SM tienen disminuidos los niveles de algunas hormonas, como por ejemplo la adiponectina".

Utilidad clínica
Rafael Carmena, catedrático de Medicina de la Universidad de Valencia y jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Clínico Universitario de Valencia, ha abundado que al SM "se le presta una atención especial en la medicina actual por su relación con un elevado riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares". El riesgo de sufrir diabetes tipo 2 en personas con SM es de dos a tres veces mayor que en sujetos normales de la misma edad, y el riesgo de sufrir un infarto de miocardio es casi el doble.

Según ha señalado Carmena, "la opinión más generalizada fue la de mantener el uso del concepto SM dada su constatada utilidad en la práctica clínica, si bien es necesario profundizar más en sus criterios de definición y en su fisiopatología".

En el simposio también se han analizado con atención especial la asociación de hiperlipemia familiar combinada y SM. Sobre los abordajes terapéuticos se expusieron cambios de estilo de vida, fármacos (hipotensores, estatinas, fibratos, bloqueantes de receptores endo-canabinoides, glitazonas, etc.) y futuros tratamientos con agonistas PPAR alfa/gamma".

Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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domingo, junio 18, 2006

Diagnóstico precóz del accidente cerebrovascular

Desde la revisión original sobre accidente cerebrovascular (ACV) publicada hace más de una década, muchas cosas han cambiado. Lo que no cambió es el enorme costo de personal y las consecuencias económicas del ACV. Los costos estimados en el 2005 se calculan en 56.000 millones de dólares, solamente en los Estados Unidos, debido a que más de 700.000 personas presentan ACV, de los cuales un tercio es una recidiva. Por todo esto, el ACV es la tercera causa de muerte en los países desarrollados.
Diagnóstico precoz del ACV

A pesar de las técnicas no invasivas, el examen clínico del paciente es más importante que nunca porque actualmente se dispone de enfoques terapéuticos para el tratamiento y la prevención.

La evaluación rápida del paciente con síntomas neurológicos comienza en el lugar donde se lo encuentra y es realizada por los paramédicos o el médico de primeros auxilios. La rapidez del diagnóstico y las decisiones son importantes porque el cerebro tolera la isquemia grave durante escasos minutos y los beneficios del tratamiento trombolítico, como el activador tisular del plasminógeno (tPA), se reducen sustancialmente cuando se inicia el tratamiento después de las tres horas de transcurridos los primeros síntomas.

Cuando el paciente con ACV ingresa al hospital, un examen neurológico estandarizado junto con estudios por imágenes establece los subgrupos de pacientes que pueden beneficiarse con tratamiento trombolítico o empeorar con dicho tratamiento.

Precisión del diagnóstico

Estudios de cohorte prospectivos determinaron que la presencia de cualquiera de los tres signos: paresia facial, limitación o falta de movimiento de un brazo y disartria o afasia, son los más útiles para diagnosticar ACV. La sensibilidad de uno de estos signos es del 100% y la especificidad es del 88%. Estos signos tienen particular importancia cuando el paciente es > 45 años, no tiene antecedentes de convulsiones, los síntomas tienen < 24 horas de duración, el paciente no estaba postrado ni en silla de ruedas y la glucemia es entre 60 y 400 mg/dl. La confusión diagnóstica se puede hacer con: convulsiones, estados de confusión, síncope, toxinas, tumores y hematoma subdural.

Isquemia cerebral transitoria

La isquemia cerebral transitoria (ICT) se define como un déficit neurológico focal que persiste por menos de 24 horas. Debido a que la mayoría de las ICT duran menos de 4 horas, el diagnóstico se basa sobre el interrogatorio y menos en signos clínicos. La importancia de la ICT es que tiene alto valor pronóstico de un futuro ACV a corto o largo plazo. En un estudio sobre 1707 pacientes evaluados en servicios de emergencia con el diagnóstico de ICT, 5,3% tuvieron ACV dentro de las 48 horas y 10,5% lo tuvieron dentro de los 90 días.

Precisión del diagnóstico y localización cerebral de la lesión

Los médicos deben tratar de definir si un ACV es hemorrágico o no, ya que el tratamiento es totalmente diferente para cada uno. La tomografía computada (TC) suele ser negativa durante las primeras horas del ACV. La imagen por resonancia magnética nuclear tiene más sensibilidad, pero no se encuentra fácilmente disponible. Estas limitaciones destacan aún más la importancia del examen físico.

Si al examen, el paciente presenta nivel de conciencia deprimido, vómitos, cefalea intensa, tratamiento con anticoagulantes, presión arterial sistólica > 220 mm Hg, y glucemia >170 mg/dL (9,4 mmol/L) en un paciente no diabético, existen grandes posibilidades que tenga un ACV hemorrágico.

Respecto a la ubicación de la lesión y la identificación de la arteria responsable ocluida, la figura es una síntesis de los síntomas de cada síndrome y la correspondiente lesión anatómica y vascular.


Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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domingo, junio 11, 2006

El contraste ecocardiográfico es el mejor método para evaluar el corazón tras un infarto

El método ha sido desarrollado por profesionales del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y se publica en la revista Heart.


Madrid, 11 junio 2006 (mpg/azprensa.com)

Profesionales del Laboratorio de Imagen Cardiaca del Hospital Gregorio de Madrid descubren que el contraste ecocardiográfico es el mejor método para evaluar la respuesta del corazón en pacientes que han sufrido un infarto de miocardio. Este método es el más efectivo tanto si se ha realizado angioplastia como si se ha realizado un tratamiento farmacológico, según este estudio que publica la revista Heart.

El citado método consiste en introducir burbujas con fármacos (cápsulas de albúmina) en la vena para observar el grado de obstrucción de éstas tras el tratamiento de un infarto, según ha comunicado el centro hospitalario.

Profesionales de este centro organizaron también, la semana pasada, la XX edición de la Reunión Anual de Imagen Cardiaca, que congregó a más de 650 cardiólogos de España, Estados Unidos, Italia y Portugal, para debatir los avances más importantes de los últimos años en este ámbito.

http://www.azprensa.com

 

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El aguacate, aliado del corazón

El aguacate es un fruto de origen tropical, aunque actualmente está disponible en nuestros supermercados durante todo el año. Está compuesto por grasa, principal componente tras el agua, por lo que su valor calórico es superior al de cualquier otra fruta. Aporta una baja cantidad de hidratos de carbono y menor aún de proteínas.

En cuanto a la grasa que contiene, ésta es mayoritariamente monoinsaturada; el 72% del total de grasas es ácido oleico, característico del aceite de oliva. Asimismo es rico en minerales como el potasio, el magnesio y pobre en sodio. Destaca su contenido de provitamina A, vitamina E y ciertas vitaminas hidrosolubles del grupo B, como la B6 o Piridoxina, importante para el funcionamiento del sistema nervioso.

Debido a la calidad de su grasa su consumo está especialmente recomendado en dietas de control de colesterol, aunque debido a su elevado aporte calórico se debe cuidar especialmente la cantidad a consumir.


Saludos Cordiales

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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martes, junio 06, 2006

Nueva estrategia para proteger el corazón

Pequeñas reduccionesde los factores de riesgo, sostenidas en el tiempo, resultan más efectivas que los cambios drásticos

Un descenso del 10% del peso corporal basta para bajar un 50% los niveles de glucemia en ayunas
Reducir los factores de riesgo permitedisminuirhasta un 85% el peligrode infarto

PARIS.- En el mundo de hoy, una de cada tres personas muere por enfermedades cardiovasculares. Hay 200 millones de diabéticos -la mayoría, con diabetes tipo II- y se espera que dentro de dos décadas ese número alcance los 333 millones (sólo entre 1997 y 2003 los casos crecieron un 170%). Hasta ahora estos cuadros se trataban como dos entidades diferentes, pero los médicos parecen haber encontrado un eslabón que los une: la obesidad abdominal.

La imagen que surge de estudios realizados durante los últimos cinco años está impulsando un giro copernicano en la prevención de ambas patologías. Una de las nuevas máximas que guía a los especialistas es que aun ligeras distorsiones de los parámetros metabólicos normales pueden prenunciar un desastre, y otra, que un pequeño descenso en todos los factores de riesgo es mejor que una disminución drástica en uno solo.

Es más, la clave del rompecabezas cardiometabólico, aseguran, es la grasa visceral: están viendo que no sólo importa la cantidad de grasa que tenga una persona (algo que se mide con el índice de masa corporal, dividiendo el peso por el cuadrado de la altura), sino dónde está ubicada (se mide la circunferencia de la cintura); es decir, una persona flaca, si tiene panza, puede tener alto riesgo cardíaco. La buena noticia es que incluso una modesta reducción de la adiposidad intraabdominal puede alejar drásticamente el peligro.

Factores modificables

Las estrellas de Roland Garros que por estos días se alojan en el Hotel Hilton, de la calle Courcelles, son jóvenes, delgados y atléticos. No son ellos los que preocupan a los destacados especialistas que se reunieron allí en el Primer Encuentro Internacional de Medios "Pintando el Cuadro del Riesgo Metabólico", que acaba de finalizar, sino el resto de los mortales.

Y el mensaje que quieren comunicar no admite confusiones: más del 90% del riesgo cardiometabólico (es decir, de desarrollar enfermedades cardiovasculares y diabetes) depende de factores modificables: como el hábito de fumar, niveles aumentados de triglicéridos en la sangre, hipertensión, resistencia a la insulina, niveles elevados de colesterol "malo" (LDL) y bajos de colesterol "bueno" (HDL), consumo de frutas, verduras y alcohol, altos niveles de glucosa en sangre, obesidad abdominal.

"Por ejemplo, hay una relación directa entre el número de cigarrillos que fuma una persona o el nivel de dislipidemia, y su riesgo cardiometabólico -afirmó el cardiólogo Nicolas Danchin, jefe del Departamento de Enfermedades Coronarias y Terapia Intensiva del Hospital Europeo Georges Pompidou-. Si una persona no fuma, su riesgo de padecer un infarto desciende un 65%; pero si además de no fumar, come frutas, hace actividad física y toma alcohol moderadamente, esa reducción asciende a un 85 por ciento." Es lo que muestra el estudio Interheart, realizado en casi 30.000 personas de 52 países.

Pero tal vez lo más preocupante es que, aunque cuentan con armamento farmacológico para proteger al 50% de los pacientes, hay otro 50% que sigue muriendo prematuramente, aunque se lo trate con óptimos programas de medicación.

"Había que encontrar mejores marcadores para evaluar el riesgo cardiometabólico ", afirmó el doctor Jean-Pierre Després, director de investigaciones del Hospital Laval, de Quebec, Canadá. Y lo que hallaron, según Després, es que tener una cintura aumentada (más de 80 cm en las mujeres y 90 centímetros en los hombres) y niveles elevados de triglicéridos condicionan un 80% del aumento de riesgo.

El estudio International Day for the Evaluation of Abdominal Obesity (IDEA) evaluó la prevalencia de obesidad abdominal en más de 177.345 personas de 63 países y confirmó que una cintura aumentada está asociada con enfermedad cardiovascular, no importa cuál sea la edad ni el índice de masa corporal del individuo. Cada incremento de 14 cm en los hombres y 14,9 cm en las mujeres implica la posibilidad de que una persona desarrolle esta patología del 21 al 40 por ciento.

La cintura es la clave

Todo indica que la cintura es el indicador clave. Pero los otros factores también cuentan, y lo que los médicos están comprobando es que el riesgo cardiometabólico aumenta notablemente con cada alteración que se agrega: "Los factores de riesgo no se suman -afirmó el doctor Philippe Gabriel Steg, profesor de cardiología de la Universidad París VII y miembro del comité editorial del European Heart Journal-, se multiplican. Esto explica por qué incluso valores fronterizos de los parámetros de riesgo pueden hacer sonar las señales de alarma. Al mismo tiempo, correcciones pequeñas, pero sostenidas, tienen enormes efectos benéficos".

David Haslam, director clínico del National Obesity Forum, de Gran Bretaña, presentó una serie de casos que prueban este concepto. Con una disminución de un 10% del peso, aseguró, se logra un descenso de hasta un 50%, por ejemplo, en los valores de glucemia en ayunas, uno de los indicadores de diabetes.

"Claramente, el factor central tanto de las cardiopatías como de la diabetes tipo II es la grasa abdominal; ésta causa los cambios metabólicos que producen ambas enfermedades", afirmó Haslam.

Enfatizó Després: "En nuestro hospital, cuando vemos que los médicos caminan con un estetoscopio colgando alrededor del cuello, les sugerimos que lo reemplacen por una cinta métrica".

Por Nora Bär
Enviada especial



Link corto: http://www.lanacion.com.ar/811636

 

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jueves, junio 01, 2006

La enfermedad cerebrovascular se erige como la primera causa de muerte en mujeres

La demora en el diagnóstico, por malinterpretar o minimizar los síntomas o por la decisión de la paciente de posponer la visita a su médico, contribuye a que, muchas veces, poco se pueda hacer, de acuerdo con cardiólogos participantes en la Reunión Anual de la Sección de Cardiología Clínica y Extrahospitalaria de la SEC


Redacción, Cádiz.- Además de los factores clásicos de riesgo, como son la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia, la diabetes, el sedentarismo, la edad avanzada, el tabaquismo y la obesidad, en las mujeres existen otras circunstancias relacionadas con la aparición de la enfermedad cardiovascular, entre las que figuran patologías asociadas, como la artritis reumatoide; etapas de la vida, como la menopausia; condiciones físicas, como el embarazo; el hecho de que existen más mujeres hipertensas que hombres y que la esperanza de vida femenina es superior.

Por otra parte, la demora en el diagnóstico, por malinterpretar o minimizar los síntomas o por la decisión de la paciente de posponer la visita a su médico, y el retraso en la adopción de un tratamiento, contribuye a que muchas veces, cuando se detecta la enfermedad, queda poco por hacer.

Éstas son algunas de las cuestiones que destacados cardiólogos abordaron en la mesa redonda “Enfermedad cardiovascular en la mujer: del daño endotelial a la disfunción ventricular”, en el marco de la Reunión Anual de la Sección de Cardiología Clínica y Extrahospitalaria de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), celebrada recientemente en el Puerto de Santa María (Cádiz).

Según apunta la moderadora de la mesa redonda, la doctora Milagros Pedreira, del Servicio de Cardiología y Unidad Coronaria del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, “aunque en los últimos años estamos asistiendo a una prolongación de la esperanza de vida en las mujeres, a medida que vayamos envejeciendo las que nos hemos incorporado al mundo laboral, con el estrés añadido de las responsabilidades domésticas y familiares, con el mayor índice actual de fumadoras y la creciente adopción de hábitos alimenticios perjudiciales, es probable que la tendencia de la esperanza de vida no siga aumentando como hasta ahora”.

“En las mujeres más jóvenes -prosigue la doctora Pedreira, que preside el Grupo de Trabajo de Enfermedad Cardiovascular en la Mujer dentro de la SEC- el tabaco puede considerarse el principal factor de riesgo. Por otra parte, el tratamiento hormonal después de la menopausia para disminuir el riesgo cardiovascular ha demostrado ser perjudicial en algunos casos”.

Mientras que la enfermedad cerebrovascular -que puede manifestarse por trombosis, embolias cerebrales, etc.- es la primera causa de muerte en mujeres, la cardiopatía isquémica y el infarto de miocardio afectan más a los hombres. El infarto, cuando se da en mujeres, suelen sufrirlo las de más edad, especialmente las diabéticas e hipertensas, y presenta peor pronóstico en ellas que en el género masculino.

La especialista en Cardiología explica que la Sociedad Española de Cardiología ha puesto en marcha un proyecto para elaborar un Registro Nacional con objeto de conocer con exactitud la incidencia de la enfermedad cardiovascular en España ampliando los datos parciales que actualmente se tienen sobre factores de riesgo, ingresos por infarto, mortalidad cardiovascular global, etc.

Daño cardiovascular

En la citada mesa redonda sobre “Enfermedad cardiovascular en la mujer: del daño endotelial a la disfunción ventricular” se habló del daño endotelial, la hipertensión arterial, la disfunción ventricular y la insuficiencia cardiaca, aspectos interrelacionados que intervienen en la evolución del daño cardiovascular.

Al respecto, la doctora Pedreira indica que “la primera estructura que se lesiona cuando se produce un daño cardiovascular es el endotelio vascular o capa interna de las arterias”, y añade que “dicha lesión viene favorecida por factores de riesgo como la hipercolesterolemia o la diabetes, a lo que hay que añadir una gran influencia de los cambios hormonales en las mujeres menopáusicas”.

Por otra parte, la hipertensión arterial, es muy frecuente en las mujeres y se puede considerar causa y también consecuencia del daño vascular. De hecho se encuentra, junto al infarto de miocardio y las enfermedades valvulares entre las causas más frecuentes de disfunción ventricular en las mujeres, causando afectación estructural del músculo cardiaco que se traduce en síntomas de fatiga, retención de líquidos, etc.

El riesgo en las mujeres mayores

“Con la edad aumentan las cifras tensionales y en las décadas avanzadas de la vida hay más mujeres hipertensas que hombres hipertensos”, afirmó el doctor Isidoro González Maqueda, jefe de la Sección de Cardiología del Hospital La Paz de Madrid, que centró su exposición en la hipertensión en la mesa redonda. Este especialista apuntó que “la presión de pulso o diferencial aumentada –mayor al 50 por ciento de la presión sistólica- se asocia a una rápida progresión de la ateromatosis –presencia de placas de colesterol y elementos grasos en las paredes de las arterias- en mujeres ancianas”.

“Una constante en todos los países -añade el doctor González Maqueda- es que las hipertensas se tratan menos y peor, utilizando con menor frecuencia los recursos diagnósticos y terapéuticos más modernos”.

Un dato que evidencia la mayor proporción de mujeres afectadas frente a los hombres, es que “entre los pacientes que ingresan por un Síndrome Coronario Agudo hay más mujeres hipertensas que hombres hipertensos, y también hay diferencias no razonables en la elección del tratamiento antihipertensivo”. El doctor González Maqueda señaló que, “en términos absolutos, el beneficio que reporta a las mujeres el tratamiento antihipertensivo se ha observado fundamentalmente en la incidencia del ictus, mientras que en los hombres dicho tratamiento previene tanto episodios coronarios, como el ictus”.

Insuficiencia cardíaca

Otro de los ponentes, el doctor Alfonso Varela Román, adjunto del Servicio de Cardiología y Unidad Coronaria del Hospital Clínico de Santiago de Compostela, en su abordaje de la insuficiencia cardíaca, explicó que ésta “es la fase final de múltiples enfermedades cardíacas y que, aunque es más frecuente en los varones, existe un mayor número de casos de mujeres, debido especialmente a la mayor longevidad de ellas”.

Los datos disponibles sobre la incidencia de la insuficiencia cardiaca sugieren que afecta aproximadamente al 1 por ciento de la población mayor de 40 años, aumentando este porcentaje con la edad hasta situarse en el 10 por ciento en sujetos mayores de 70 años. En España la insuficiencia cardiaca es la responsable del 4 por ciento de las muertes en varones y del 8 por ciento en la mujeres. Se trata, en opinión del doctor Varela Román, de una tasa de mortalidad similar o peor a la que representan muchos tipos de cáncer”.

“En la mujer, la insuficiencia cardiaca aparece a edades más avanzadas que en los varones y es más frecuentemente de origen hipertensivo; la obesidad y el sedentarismo juegan también un papel muy importante”, señaló este especialista.

El cardiólogo recordó, en la línea de lo expuesto por sus colegas, que “el control de la hipertensión arterial y de otros factores de riesgo cardiovascular, como la diabetes mellitus, la obesidad, y el tabaquismo, son aspectos fundamentales en la prevención de la insuficiencia cardiaca, siendo su importancia, si cabe, mayor en la mujer”.

http://www.azprensa.com

 

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