Salud Vascular

 

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domingo, diciembre 31, 2006

La leche entera no es causa de hipertensión

La revista científica American Journal of Clinical Nutrition publicó un trabajo referente al campo de la nutrición, en el que se deduce que los lácteos desnatados reducen un 50% el riesgo de hipertensión y, sin embargo no se aprecia una relación entre el consumo de leche entera y la probabilidad de padecer dicha patología.
El trabajo corresponde a un equipo de investigadores de la Universidad de Navarra junto a Álvaro Alonso, actualmente investigador en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard, principal autor del artículo, y se da seguimiento a un estudio realizado durante dos años en seis mil personas.

El estudio valoró la asociación entre el consumo de lácteos y el riesgo de desarrollar hipertensión arterial y se enfocó a las personas con un consumo elevado de leche y productos lácteos desnatados, y que tenían una reducción del 50% en el riesgo de desarrollar hipertensión comparadas con aquellas con un consumo bajo o no consumo.

Sin embargo, en el estudio de resalta que no se encontraba ninguna asociación entre el consumo de productos lácteos enteros y el riesgo de hipertensión.

Los resultados pueden contribuir a definir con mayor claridad las guías dietéticas para la prevención de la hipertensión arterial. En concreto, aunque datos previos de otros estudios apuntaban a un posible papel protector del consumo de lácteos en el desarrollo de la hipertensión arterial, los resultados son los primeros que muestran esta asociación en adultos.

http://www.eluniversal.com.mx

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domingo, diciembre 24, 2006

¿Cuáles son los 5 factores cuyo control evitaría los episodios coronarios?

El 62% de los episodios coronarios pueden evitarse adoptando hábitos de vida que incluyen no fumar, dieta saludable, peso normal, ejercicio y consumo moderado de alcohol

Un estudio con cerca de 43.000 estadounidenses de mediana edad, participantes en el Health Professionals Follow-up Study, muestra que un estilo de vida sano se asocia claramente a un menor riesgo de cardiopatía isquémica, incluso en varones que toman medicación antihipertensiva o hipolipemiante. Se trata de la primera investigación que analiza el papel del estilo de vida sano sobre la cardiopatía isquémica en este grupo de edad.

Publicada en "Circulation" por un equipo de la Facultad de Salud Pública de Harvard, siguió durante 16 años a varones de 40 a 75 años de edad. Los autores definieron como los cinco principales factores de estilo de vida saludable el no fumar, practicar ejercicio diariamente, consumir alcohol de forma moderada, tener un peso corporal normal y seguir una dieta saludable.

Entre los participantes se registraron 2.183 episodios coronarios. Se comprobó que aquellos varones que cumplían con los cinco factores mencionados presentaron un riesgo significativamente menor de cardiopatía isquémica. Según los resultados, el 62% de los episodios coronarios podrían haberse prevenido si todos los participantes cumplieran con los cinco factores de estilo de vida saludable citados.

Además, los participantes que adoptaron dos o más de esos factores durante el estudio disminuyeron su riesgo cardíaco en un 27%.

Circulation 2006;10.1161/CIRCULATIONAHA.106.621417



Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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viernes, diciembre 22, 2006

Una investigación constata el aumento del colesterol debido al café sin filtrar

Un estudio recientemente presentado aporta nuevos datos sobre los efectos del café y se suma a las investigaciones que señalan que, dependiendo de la forma en que se prepare, esta bebida puede tener diferentes efectos para la salud.

El grupo de la Universidad de Almería "Psicología y Salud" ha observado en una treintena de voluntarios un descenso de los niveles de colesterol en los consumidores asiduos de café cuando cambian sus hábitos para consumir un tipo de café filtrado. El café contiene dos alcoholes que se liberan durante el preparado, y que son capaces de incrementar los niveles de colesterol.

La investigación, financiada por la Compañía Internacional de Café, ha demostrado que, dependiendo de la modalidad de preparación del café, su ingestión puede afectar en mayor o menor medida a los niveles de colesterol.

Así, los cafés tratados mediante filtros de papel son capaces de retener los alcoholes producidos. Sin embargo, el café sin filtrar incrementa la cantidad de cafestol y kahweol presentes en el líquido que se bebe.

Los 30 participantes en la investigación consumían entre tres y siete cafés al día. Durante nueve meses se midió a cada sujeto los niveles de colesterol total, colesterol LDL (colesterol malo), colesterol HDL (colesterol bueno) y triglicéridos cada quince días.

Los resultados obtenidos indicaron una línea base muy estable, es decir, bajo las condiciones de dieta y de consumo de café habituales los niveles de colesterol se mantenían estables. Una fase inicial que se desarrollo durante los tres primeros meses.

Posteriormente, durante otros tres meses, los sujetos sólo podían tomar el café especial, preparado a modo de infusión, suministrado por el grupo de investigación. Al realizar los análisis de colesterol cada quince días, al igual que en el caso anterior, se observó que en la mayoría de individuos los niveles de colesterol total y LDL disminuyeron, mientras que los de HDL se incrementaron, lo que supone un efecto beneficioso.

Para poder concretar aún más en las características y riesgos individuales de los sujetos seleccionados, los autores del estudio están preparando otro análisis con personas que tengan riesgos cardiovasculares (como los mayores de 60 años) u otras patologías, como obesidad.

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jueves, diciembre 14, 2006

Sin propiedades cardioprotectoras el ácido fólico

Washington, 13 dic (PL) Dosis continuas de ácido fólico carecen de efectos preventivos contra enfermedades cardiovasculares, contrario a lo que algunos médicos recomendaban, reveló hoy un nuevo estudio.

Con anterioridad se pensaba que este tipo de vitamina B, utilizada por el organismo para generar nuevas células, disminuía el riesgo en personas con antecedentes de dolencias cardíacas o accidentes cerebrovasculares.


Los porcentajes de riesgo de padecimientos cardiovasculares en personas que tomaron ácido fólico durante seis meses fueron casi idénticos a los de quienes nunca consumieron esta vitamina, aseguró Lydia Bazzano, directora del proyecto.

La científica, quien lidera un grupo de investigadores de la Escuela de Salud Pública y Medicina Tropical de la Tulane University (Nueva Orleans), analizó desde el 2000 los resultados de 12 ensayos aplicados a 17 mil personas.

Bazzano constató que el folato, como también se le conoce al ácido fólico, no tiene efectos preventivos, pero tampoco acelera el proceso de muerte en los pacientes con probabilidades de sufrir enfermedades cardiovasculares o accidentes cerebrales.

Estudios anteriores destacaron la importancia del ácido fólico, el cual, según la investigación publicada en JAMA (Journal of the American Medical Association), mantiene propiedades positivas en cuestiones como prevenir malformaciones en los cerebros de los bebés.

Por ello, los galenos recomiendan a las futuras madres consumir esta sustancia antes y durante el embarazo para evitar el peligro de desarrollar espina bífida y anencefalia.

La doctora Bazzano exhortó a los ancianos para evitar enfermedades cardiovasculares, en vez de consumir folato, "dejar de fumar, aumentar el ejercicio si puede, reducir la presión arterial, y bajar el colesterol".

Investigaciones anteriores al estudio del grupo de Nueva Orleans demostraron que los suplementos de esta sustancia disminuían las concentraciones de homocisteína, un aminoácido que se ha asociado al desarrollo de padecimientos cardiovasculares.




Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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sábado, diciembre 09, 2006

Las estaciones del corazón

Cardiólogos evidencian que las variaciones climáticas tienen efecto sobre la salud cardiovascular

Primavera, verano, otoño e invierno; cada estación influye de manera distinta en los acontecimientos más visibles de la naturaleza, pero dicha influencia discurre asimismo por vías recónditas e incógnitas. Se ha observado, por ejemplo, que el riesgo de infarto varía según las estaciones, el clima e incluso la posición lunar. Científicos de todo el mundo indagan en los mecanismos por los que cuanto ocurre en nuestro exterior afecta nuestro interior más íntimo.

Cardiólogos de la Clínica Mayo, en EEUU, estudiaron de 1979 al 2002 la relación que el clima guarda con el infarto de miocardio y la muerte súbita. Lo hicieron sobre una muestra de población del condado de Olmsted (Minnesota), y bajo la premisa de que en invierno se producen más episodios cardiacos graves que en el resto del año. En la investigación, coordinada por Yariv Gerber, se cotejaron los datos de 2.676 infartos y 2.066 muertes registradas en el transcurso de los 23 años con los informes periódicos del Servicio Meteorológico Nacional. Los datos revelaron que los picos de mayor casuística se identificaban con las bajadas más pronunciadas de la temperatura exterior.

Por otra parte, en un estudio suizo dirigido por P. Hunziker, se investigaron a 5.553 pacientes que habían experimentado un infarto agudo de miocardio entre 1999 y el 2002. Comprobaron que en situaciones anticiclónicas, con vientos del norte o del oeste la cifra de infartos superaba en un 7% a la de situaciones borrascosas. Según estos investigadores, en los días lluviosos hay menos infartos que en los despejados.


Más datos europeos

No muy lejos, en Munich, un grupo de investigadores coordinado por G. Ruhenstroth-Bauer analizaron con anterioridad los datos de 162 pacientes que habían experimentado un ataque al corazón desde el 1 de enero al 31 de julio de 1981, cotejándolos con estadísticas de humedad ambiental, y afirmaron que en los días más húmedos se registraban más infartos que en los secos.

A semejante conclusión llega, asimismo, un estudio de la Universidad de Atenas (Grecia) publicado el pasado julio en la revista Heart. Los investigadores heleno analizaron la información sobre mortalidad cardiaca de la capital griega a lo largo del 2001 y observaron diariamente los datos climáticos de la Sociedad Meteorológica Nacional sobre temperatura, niveles de presión y humedad. El número total de muertes por ataque cardiaco fue de 3.126, de las que 1.953 correspondieron a individuos de sexo masculino. Los expertos registraron marcadas variaciones estacionales, de forma que durante el invierno de aquel país (no precisamente riguroso) se produjo un 30% más de muertes debidas a infarto de miocardio que en verano. La temperatura más baja registrada no llegó nunca a cero, con una media de seis grados durante el invierno y 34 durante el verano. Los autores apuntan que, incluso en un clima mediterráneo relativamente suave como el de Atenas, los cambios en la temperatura y la humedad tienen un impacto significativo sobre la mortalidad cardiaca.

Un estudio italiano, coordinado por Marco Morabito,en el que se analizaron datos de 1998 a 2002 sorprendió tanto por la coincidencia de los días más fríos del año con un incremento de infartos agudos de miocardio, que encargaron a la Oficina Toscana de Protección Ambiental una tabla de riesgo para advertir a los hospitales de la región de las fechas de mayor riesgo.

Clave circadiana

En un clima mediterráneo los cambios de temperatura y humedad tienen un impacto significativo sobre la mortalidad cardiaca El desconcierto de los cardiólogos ante semejante circunstancia puede haber dado en el clavo recientemente con un exhaustivo estudio llevado a cabo por el Instituto de Meteorología Tropical de la India y que relaciona los ritmos circadianos del organismo humano con los factores meteorológicos. Lo que estos científicos del subcontinente asiático hicieron fue seguir el proceso paso por paso. En primer lugar, analizaron las variaciones circadianas de 323 pacientes diagnosticados de infarto de miocardio durante dos años. Pormenorizaron dichas variaciones con respecto a la temperatura máxima y mínima diarias, la humedad relativa ambiental, la presión de superficie, los índices de radiación solar y la posición lunar.

Confirmaron un dato ya conocido: que el horario pico en cuanto a infartos se concentra en las primeras horas de la mañana, pero identificaron, además, que el menor índice se da alrededor de las 10 de la noche.En sus conclusiones, los meteorólogos indios estiman que la dificultad del organismo para alternar el registro circadiano diurno con el nocturno propicia que al despertarnos seamos mucho más vulnerables a un paro cardiaco que en el momento de dormir. Más aún, los barorreceptores de nuestro organismo no afianzan sólo los cambios circadianos a la presencia o ausencia de luz solar, sino también a las distintas fluctuaciones de esa luz, a los cambios de presión atmosférica o a las variaciones en la humedad ambiental.

Un dato anecdótico acerca de este exhaustivo estudio es que la población estudiada, el municipio de Pune, se encuentra entre el trópico de Cáncer y el de Capricornio, por lo que las estaciones no se parecen en nada a las que Vivaldi cantó con su barroca música. Los inviernos tienen allí los cielos despejados, con un clima seco y algo frío (puesto que Pune es una ciudad montañosa), aunque los termómetros no descienden nunca más allá de los 8 ˚C. En la estación premonzónica los termómetros rebasan los 40 ˚C, hace mucho calor y hay mucho polvo suspendido en la atmósfera. Luego vienen los monzones con lluvias abundantes e intensas, y tras los monzones aparece una estación con temperaturas muy suaves, chubascos ocasionales y una meteorología semejante a nuestra primavera, salvo por el hecho de que antecede al invierno y no al revés.

Sin embargo, ninguna de estas estaciones se relacionó estadísticamente con un aumento o disminución en el número de infartos. Los autores señalaron simplemente que las tasas más elevadas se corresponden con los cambios más bruscos en las condiciones climáticas (corroborando así la hipótesis de la adaptación circadiana). Otro apunte curioso: las tasas más altas de cada mes coincidieron con la fase de luna llena, y las más bajas con las de luna nueva.


LATIR A UN RITMO BIOLÓGICO

La presión arterial y la frecuencia cardíaca siguen un ritmo circadiano que está estrechamente asociado al ciclo de sueño-vigilia. Por la noche, durante el reposo, se produce una disminución importante de ambos valores. Por la mañana, en cambio, se produce un aumento acusado de la presión arterial coincidente con el despertar y el inicio de la actividad, y durante las horas de vigilia diurnas se observan amplias oscilaciones tanto de la presión como de la frecuencia cardiaca, que podrían estar asociadas a las condiciones ambientales.
El estudio de los ritmos biológicos y su relación con las hormonas centró la investigación endocrinológica durante los años 70 y 80. Se pretendía, así, profundizar en los mecanismos de regulación de los diversos ejes hormonales. En cambio, las variaciones de la frecuencia cardiaca y la presión arterial en el transcurso de las 24 horas ya se habían identificado en el siglo XVII.

El desarrollo de la cronopatología cardiovascular despierta en la actualidad el interés de muchos investigadores, puestos a estudiar las bases fisiológicas y fisiopatológicas que subyacen a la morbilidad y mortalidad cardiovasculares. Una primera hipótesis de partida es la del eje hipotálamo-hipofiso-corticoadrenal. La secreción de hormonas del eje hipotálamo-hipofiso-corticoadrenal (CRH, ACTH y glucocorticoides) presenta un ritmo circadiano de secreción que está relacionado con los periodos de sueño-vigilia. Dicho ritmo presenta un máximo de secreción por la mañana temprano, al tiempo de levantarse, con una disminución paulatina durante el día y un mínimo antes de dormir. También se ha identificado un ligero aumento de las concentraciones plasmáticas de ACTH y cortisol entre las 13:00 y las 19:00 horas.

El ritmo circadiano de cortisol y ACTH aparece entre los 3 y 8 años de vida y una vez establecido persiste incluso en situaciones como el decúbito prolongado, el ayuno y la privación de sueño durante varios días. En los individuos que cambian de turno de trabajo, diurno a nocturno o viceversa, o en aquellos que se trasladan a zonas geográficas con distinto huso horario, se produce un cambio total de los períodos de sueño y vigilia que se acompaña de una modificación paralela del ritmo circadiano del eje hipotálamo-hipofiso-corticoadrenal.

Otro eje implicado es el renina-angiotensina-aldosterona(que tiene un papel importante en la regulación de la diuresis y de la tensión arterial). Todos estos componentes presentan una variación de sus concentraciones plasmáticas a lo largo del día. La actividad de la renina plasmática (ARP) tiene su máximo entre las 04:00 y las 08:00 horas y su mínimo alrededor de las 16:00. La secreción de renina parece estar ligada fundamentalmente a un ciclo de actividad-reposo y no a un ritmo luz-oscuridad. En ratas se ha observado la existencia de un ritmo circadiano de ARP que presenta sus máximos niveles durante el periodo de oscuridad, que coincide en estos animales con el comienzo de la actividad.

Por último, están también implicados el sistema nervioso simpático y las catecolaminas. La variación circadiana de adrenalina tiene su acrofase por la mañana, con un pico máximo entre las 10:00 y las 12:00 horas, manteniendo niveles relativamente elevados hasta las 24:00. En el caso de la noradrenalina, también se observa un valor máximo entre las 10:00 y las 12:00 horas, y el principal desencadenante de esta actividad parece ser el comienzo de la movilidad física del cuerpo después del despertar. El cambio postural de decúbito a posición vertical parece ser la causa del incremento matutino de las catecolaminas plasmáticas, ya que dicho pico matinal desaparece si se somete al cuerpo a un decúbito prolongado.

Ocurre que la activación del sistema nervioso simpático y las catecolaminas meduloadrenales ejercen importantes efectos sobre el sistema cardiovascular. Producen un aumento de la presión arterial por su efecto sobre las resistencias periféricas, toda vez que estimulan la contractilidad y la frecuencia cardiaca y aumentan la demanda de oxígeno en el corazón.


Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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